Cannes, día 7: La gentil brutalidad

Con el entusiasmo colectivo bastante bajo, rebasamos la mitad del Festival Internacional de Cine de Cannes sin tener la película que logre despertar el aclamo al unísono, como el año pasado lo habían logrado Toni Erdmann o Aquarius. Topamos finalmente con un par de películas que lograron por lo menos sostener las expectativas generadas alrededor de ellas.

Con un elegante remake del clásico de Don Siegel, la cineasta estadunidense Sofia Coppola abrió el día con su versión de The Beguiled. Cinta en la que Colin Farrel interpreta a un soldado que durante la guerra civil es herido y acogido por una pequeña escuela sureña habitada únicamente por etéreas mujeres, entre las que destacan Nicole Kidman, Kisrten Dunst y Elle Fanning.

La versión de Coppola denota una madurez que la incorpora a preocupaciones narrativas y formales distintas a las que habían caracterizado toda su carrera, dejando de lado el revisionismo pop de María Antonieta (2006) y el formalismo millenial de Ladrones de la fama (2013), para abrazar con opulencia y gracia una historia que explora la ambivalencia de la solidaridad y los peligrosos recovecos del deseo femenino y masculino. Un relato de fuerte fragancia gótica y socarrona ponzoña. La fotografía de Phillipe Le Sourd y la actuación de Nicole Kidman elevan la película a otro orden y la colocan entre las punteras de una débil competencia.

Por su parte, el cineasta ucraniano Sergei Loznitsa regresó a los dominios de la ficción con Krotkaya (Una bestia gentil): una brutal adaptación de la novela Une femme douce, de Dostoevsky, a la Rusia contemporánea que nos presenta a una mujer que debe llevar una parcela a su esposo que está preso, travesía que la lleva a experimentar de primera mano un mosaico de personajes y situaciones que desentrañan el espíritu de lo ruso.

Contando con una serie de planos que adaptan de manera brillante el estilo narrativo del maestro literario ruso, la película funciona como un descarnado retrato, quizás en ocasiones excesivo de la deshumanización, la burocratización y las vejaciones que vive el grueso de la población soviética a manos de la administración de Putin.

Losnitza logra una tersa y elegante primera parte que se vuelve demasiado densa hacia el final y que toma un riesgo particularmente crudo para su cierre. Una sensación que engloba el estado entre onírico y de vigilia que hemos experimentado durante esta semana de festival. Cannes es la auténtica bestia gentil.

Por JJ Negrete (@jjnegretec)

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