Una elegante flema: Conversación con Sally Potter en el FICM

Por JJ Negrete (@jjnegretec)

En el interior del Teatro Rubén Romero, en el marco de las actividades del Festival, unos cuantos afortunados y un par de incautos buscando refugio del inclemente clima, se dio una breve pero íntima y comprehensiva charla con la cineasta Sally Potter –precursora de una tradición británica de talentosas cineastas como Andrea Arnold y Lynne Ramsay–, en relación a su ecléctico y variado trabajo cinematográfico, entre el que destacan trabajos como Orlando de 1992, The Tango Lesson de 1997, Rage del 2009 y, en menor medida, su nueva chambita, la cinta Ginger y Rosa.

La charla abrió abordando sus inicios en esto de la artisteada, dejando la escuela a los 16 años y forjándose una carrera autodidacta a base de trabajos experimentales en distintos formatos, principalmente el Super 8. Potter hizo una clara distinción en su concepción formal de lo que es el cuadro y la importancia del mismo como un canal de comunicación; éste es un concepto fundamental para la cineasta, que presta especial atención al detalle y cuyos encuadres buscan de manera natural un concepto, citando Potter a Andre Bazin, que es de vital importancia en su cine, “el movimiento”.

Después se habló de los 7 años que representó el proceso de completar la que quizá es su obra más reconocible,  Orlando, protagonizada por la camaleónica Tilda Swinton y basada en un libro de la célebre autora británica Virginia Woolf. Potter destacó que pudo financiarse esta cinta, presupuestada en 30 millones de dólares, por únicamente 4. Aunado a esto, hizo hincapié en la importancia de la experimentación con diversos formatos y estilos, algo que pudimos constatar con la selección de clips que dan una muestra de su trabajo.

El trabajo con los actores, esencial en su obra, representa la oportunidad de dar mensajes sumamente personales a través de superestrellas del star system como Johnny Depp y Cate Blanchett en The Man Who Cries (2000), Jude Law de drag en Rage, y Elle Fanning, Annette Bening y Christina Hendricks (Mad Men) en Ginger y Rosa, remarcando que la clave esta en un arduo proceso de investigación, documentación e instinto, haciendo referencia a un momento en su carrera en el que le dio un papel a una estrella (cuyo nombre no quiso ventilar para infortunio de los colegas de Ventaneando), dándose cuenta de que había cometido un fatal error.

Una selección de clips que incluyó un beso ‘lésbico’ entre Tilda Swinton y una princesa rusa, una escena ‘bonita’ en un aeropuerto en blanco y negro y Judi Dench echándose un porrito, las imágenes que se pudieron apreciar bien pudieron haber sido de tres directores completamente diferentes, evidencia de que Sally Potter no es tortilla de un solo comal. Desde el detalle minucioso de Orlando hasta la plástica austeridad de Rage, el estilo es un concepto mutable en su obra, uno que esta en constante movimiento y que es raro para una mujer británica de 60 años, elegante y sobria pero con un toque jovial. El dinamismo estático de Sally Potter.

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