FICM | Perfect Days, de Wim Wenders

Wim Wenders llevaba casi dos décadas relativamente “perdido” en el género documental, donde encontró relativo éxito con Pina (2012) y La sal de la tierra (2014), mientras que sus trabajos de ficción se encontraron con el rechazo unánime, tanto de la crítica como del público. Parecía que el Wenders que había gozado de cabal popularidad como cineasta de ficción durante los años 80 no podía regresar y, quizás, eso estaba bien, después de todo, no es sensato pedirle a un cineasta que siga trabajando más que por la vía que él o ella considere pertinente. Sin embargo, resulta muy grato cuando un cineasta es capaz de sorprender después de años de ser desestimado.

En Perfect Days, Wenders trabaja sobre una vena que remite al Akira Kurosawa de Ikiru (1952) o, por mencionar un referente más contemporáneo, al Jim Jarmusch de Paterson (2016), con una obra de melancolía más dulce que amarga, esperanzadora sin ser ingenua y sencilla sin ser intrascendente. La película nos presenta a Hirayama (el gran actor japonés Koji Yakusho), quien trabaja para mantener los baños públicos en Tokio. Florece en una vida sencilla y una vida diaria muy estructurada. Mantiene una pasión por la música, los libros y los árboles que le gusta fotografiar. Su pasado resurgirá a través de encuentros con personas que él creía lejanas de su vida.

Yakusho se alzó con toda justicia con el premio de actuación masculina gracias a un personaje que rebosa afecto por su trabajo y entorno inmediato. Limpiar baños podría parecer un trabajo denigrante para algunos, aunque en Japón dicha labor tiene una connotación cultural importante, lo cierto es que no existe un trabajo denigrante si éste se realiza con diligencia y cuidado, que es como Wenders busca retratarlo.

Puede surgir una objeción de orden socioeconómico y afirmar que el cineasta alemán está “romantizando” a la clase trabajadora desde un lugar privilegiado. Tal objeción es válida, pero estaríamos obviando la decisión del personaje principal, quien ha elegido llevar su vida como un acto de congruencia con su visión del mundo, expuesta ricamente en Perfect Days.

El personaje de Hamada goza de una libertad que no está sujeta a las condiciones sociales o económicas de la labor que desempeña, sino de la modestia que reina en su estilo de vida. Incluso en el uso de la palabra, el personaje es cauto y preciso. Wenders comparte ese sentido de economía, austera pero suficiente, a lo largo de la película mostrando que un día perfecto no es el que nos hace felices o útiles, sino aquel en el que podemos tomar una decisión, independientemente de su relevancia o tamaño, que nos acerque a la libertad.

Por JJ Negrete (@jjnegrete)

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