FICM | Una crónica fílmica y triangular en Morelia

Por José Antonio Monterrosas Figueiras (@jamonterrosas)

Está a punto de arrancar la edición número 10 del Festival Internacional de Cine de Morelia, del 3 al 11 de noviembre. Valga el rescate de estas palabras de cuando asistí por primera vez  a ese evento cinematográfico, era su tercera edición e, insospechadamente, el número tres pobló mi crónica. Fue en el año 2005 cuando escribí una triada de artículos para Milenio Toluca en la columna Cronotopo. Mi curiosidad por las coincidencias sobre el número tres en la tercera edición del FICM me llevó a titularlos, consecutivamente: La fuga de los tres, El entierro de los tres y La historia de los tres.

Uno

En el primer texto me enfoqué en el cineasta Raúl Ruiz, quien asistió en aquella ocasión a Morelia como invitado especial. Ruiz falleció en París en el 2011, dejando como gran final de su filmografía una historia de cuatro horas y media titulada Misterios de Lisboa, en la que el amor y la venganza son una espiral polifónica y triangular situada en el siglo XIX.  La obra fílmica de ese realizador chileno exiliado en París tras el golpe de Estado contra el presidente Allende está permeada por ese número; Tres tristes tigres (1968), Las tres coronas del marinero (1983) o Tres vidas y una sola muerte (1996) son algunos largometrajes con referencia fehaciente a ese número.

El hombre alto y de cabello cano —así es como lo recuerdo— explicaba en Morelia, frente a los espectadores, algo acerca de la poética en su cine: “Uno, en toda película la imagen persigue a la narración; dos, que cuando uno ve una película de quinientas tomas, no ve una película de quinientas tomas, ve quinientas películas; tres, una película vale en la medida de qué tanto miras a la película como la película te mira, es decir, la película es un ser que respira”. (Milenio Toluca, 20 de octubre de 2005).

Curiosidades aparte, Ruiz tiene una ‘ópera póstuma’ que se llama La noche de enfrente (2011); la definición de póstuma en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española es francamente cinematográfica: “Que sale a la luz después de la muerte del padre o autor.”

Dos

En el entrecruce de personas que esperaban acceder o salir de alguna proyección, en esa misma edición del festival, me encontré con el crítico Jorge Ayala Blanco, quien iba como jurado de documental mexicano. Recuerdo haberle preguntado qué significaba el número tres para el séptimo arte, y antes de responder me comentó que hace tiempo había perdido tres libros a causa de un “virus informático”. Seis años después, la declaración me impactó, pues para quienes somos sus lectores sabemos que es un aventura acuciosa cada uno de sus libros, pero en ese entonces no profundicé en ello.

“En el cine y en cualquier parte, el tres es un sinónimo de inteligencia, porque hay toda una idea de los ritmos binarios y los ritmos ternarios. Entonces cuando sólo tienes una bipolaridad es: agua o aceite, blanco o negro; pero cuando tienes un triángulo, puedes construir absolutamente cualquier figura. La geometría es el último grado de expresión matemática, entonces se puede graficar, por eso el triángulo siempre es la Santísima Trinidad, lo que explica tanto en términos místicos como en términos lógicos. Y en términos cinematográficos hay quien va a manejar la cifra tres por todos lados como Tres vidas y una sola muerte, de Raúl Ruiz”, agregó Ayala Blanco.

Tres

Dos películas que recuerdo son: Los tres entierros de Melquiades Estrada (Estados Unidos, 2005) —película con la que se inauguró ese año el festival—, realizada por el actor Tommy Lee Jones y con un guión del mexicano Guillermo Arriaga, sobre la vida de un ranchero-cowboy estadounidense, Pete Perkins, y su amistad entrañable con un mexicano sin documentos, Melquiades, que vivía en Estados Unidos, pero baleado por la policía fronteriza; y el documental del mexicano Antonino Isordia 1973 (México, 2005), la historia de “personajes que encarnaran tres conceptos de origen espeluznantemente humano: el poder, el amor y el odio. Que se pudieran convertir en tres formas de destrucción: la destrucción del orden, la autodestrucción y la destrucción de la familia”, advirtió el realizador, al finalizar la exhibición, con una facha adecuada para presentar su imborrable película.

José Antonio Monterrosas Figueiras
Periodista cultural
@jamonterrosas
@jamjournalist
joseantonio.monterrosas@gmail.com
Versión larga, noviembre 2011, Revista Replicante.

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