La lucha contra los grandes empresarios se ha vuelto uno de los temas favoritos durante los últimos años. La justa satanización del corporativismo y el abrazo de los ideales ecologistas han creado la narrativa idónea para los tiempos contemporáneos, una que en manos de cualquier cineasta pudo haber generado un nivel moderado de éxito crítico y de audiencia, pero en manos del cineasta coreano Bong Joon-Ho se convierte en un espectáculo que balancea lo grotesco y lo noble con notable destreza fílmica.

Okja (2017) narra la historia de la criatura homónima: un “supercerdo” criado por una joven coreana que posteriormente es utilizada en una suerte de concurso por la empresa Mirando como respuesta a la crisis alimentaria que azota el mundo, también se ve involucrado un radicalmente cortés grupo ecologistas. Joon-Ho, que ya había demostrado un agudo sentido de observación social en su irregular Snowpiercer (2013), afina todos los problemas e inconsistencias de aquella locomotora distópica para crear un trepidante y conmovedor relato cuyo mejor personaje es su director mismo.

Funcionando como alegoría de sí misma, la película brilla por su sutil pesimismo, su dirección y un extraordinario diseño de producción, del que los personajes son los props más valiosos y mejor diseñados, siendo muestra de ello las gemelas interpretadas por Tilda Swinton y el estridente zoólogo inspirado en cualquier empleado de Bioparque Estrella interpretado por Jake Gyllenhall.

Más allá de la gratuita controversia en la que la película se vio envuelta en la pasada edición del Festival de Cannes, Okja es un despliegue de inventivas secuencias de acción que remiten al mejor vértigo a la Spielberg (Tin Tin, 2011, En busca del arca perdida, 1984) sin dejar la fortísima visión personal de su propia obra e idiosincrasia  (El huésped, 2006), creando una extraña pero memorable bestia fílmica, que al igual que su protagonista, encuentra los ambiguos favores de un enorme consorcio comercial: Netflix.

La feroz crítica corporativista del cineasta coreano alcanza también a quien la hace disponible, de forma inmediata y masiva a las audiencias mundiales a través de su poderosa plataforma, pero Okja, como personaje y como película es lo suficientemente efectiva para obviar tal paradoja convirtiéndose en la mascota ideal de la plataforma, una que vende su voracidad como nobleza.

Por JJ Negrete (@jjnegretec)

    Related Posts

    ‘War Machine’ y el colonialismo fallido
    Cannes, día 3: Esperen, se pausó mi streaming
    ¿Cómo le fue a ‘Okja’ en Cannes?
    ¿Quién ganará la Palma de Oro en el Festival de Cannes?
    ‘Black Mirror’ y el futuro de cristal
    ‘Doctor Strange: Hechicero supremo’: El viejo truco del nuevo mago