NYFF | The Human Voice: La condena del olvido

Hay un momento en La vocce umana (L’amore, Rosellini, 1948) en el que Anna Magnani le dice por teléfono a su amante que ella tiene más ojos que oídos. La frase parece tener un eco que alcanza la forma en la que el español Pedro Almodóvar actualiza esta breve pieza teatral de Jean Cocteau, La voix humaine, en su cortometraje The Human Voice (2020), filmado hace algunos meses y que representa el debut en inglés de Almodóvar usando como figura central a la británica Tilda Swinton. Mientras que la versión de Roberto Rosellini concentra la explosión del drama en la presencia de Magnani, Almodóvar parece disolver esa tensión en el diseño de producción, cuya estridencia coquetea elegantemente con el absurdo.

Ese mismo flirteo se hace patente en la actuación de Magnani, en el caso de Swinton se contiene sin minimizar el drama; es más, a veces parece que la actriz se mimetiza con los cuadros de Artemisa Gentileschi, los DVD de Douglas Sirk o los libros de Alice Munro y Truman Capote que forman parte de la decoración de su “casa”, que Almodóvar revela (y filma) como un escenario teatral. El diseño de producción, a cargo de Antxón Gómez, el vestuario de Sonia Grande, la fotografía de José Luis Alcaine y la música de Alberto Iglesias componen un espacio en el que la voz es el único elemento que conserva algo de natural, porque, en este contexto, hasta la emoción más genuina podría no ser más que un gesto impostado.

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La obra de Cocteau presenta a una mujer que espera en un departamento a que su examante, quien se hace presente únicamente a través de algunas llamadas telefónicas, recoja las maletas que ya ha dejado hechas. Si en las adaptaciones anteriores, incluyendo la de Rosellini, el teléfono se convertía en un dispositivo que, literalmente, ataba a los interlocutores, en la versión de Almodóvar la tecnología permite que la mujer interpretada por Swinton pueda comunicarse usando auriculares inalámbricos.

El gesto responde a un criterio práctico o estético, pero tiene implicaciones significativas para el rumbo que Almodóvar pretende darle a la obra de Cocteau. Esta es la historia de una mujer, se deduce que es una actriz, que no está atada pero sí atrapada por su amante: ya no sólo está “amarrada” de los oídos sino también de los ojos. El desbordamiento de Magnani se convierte en esa mezcla de locura y melancolía con la que Swinton se describe a sí misma en el cortometraje, cuyos característicos y angulares rasgos faciales se acentúan aún más bajo la cámara de Almodóvar, quien después de haber filmado Dolor y gloria (2019) ha cedido más lugar a la melancolía que a la locura.

Hay una sombra de aquella magnífica escena entre Leonardo Sbaraglia y Antonio Banderas en Dolor y gloria, cuando los dos examantes se reencuentran después de años, que se cierne sobre el tono conciliatorio de The Human Voice. “Mi sueño era desaparecer contigo”, le dice Swinton a su amante mientras su bello perro también se duele de la ausencia de su amo, aunque guarda la calma que parece evadirla a ella. Almodóvar traduce los códigos del texto de Cocteau y los suaves paneos de Rosellini en un espacio teatral en el que las leyes del deseo parecen llevar a la condena del olvido, una pulsión igual de violenta pero silente, como la voz que se oculta del otro lado de los auriculares. La gran diferencia es que aquí, en la versión de Almodóvar, no podríamos asegurar a quién le corresponde soportar esa condena.

Por JJ Negrete (@jjnegretec)

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