‘¡madre!’: Metáfora sin metáfora

La belleza de una metáfora muchas veces recae en el misterio que emana de la ambigüedad y la sutileza con la que es presentada. Existe un placer inherente en el desmontaje de símbolos, en la delicadeza del desmontaje de aquello que es críptico, un ejercicio que demanda intuición y agudeza, algo de lo que carece completamente la ¡madre! (Mother!, 2017) de Darren Aronofsky, la nueva obra del cineasta responsable de Requiem por un sueño (2000), El luchador (2008) y El cisne negro (2010).

Tomando como punto de partida la historia de una pareja que vive en una bella casa campirana aislada de la sociedad, un afamado escritor (Javier Bardem) busca la inspiración para crear una nueva obra en su radiante y vulnerable esposa (Jennifer Lawrence), quien avoca sus esfuerzos a hacer de la casa “un paraíso”, situación interrumpida por la llegada de un hombre (Ed Harris), “orgulloso y enfermo” y su agresiva y alcohólica esposa (Michelle Pfeiffer), grandes fanáticos del escritor y los primeros responsables de lo que habrá de convertirse en un apocalíptico caos.

La película ha polarizado y encolerizado a audiencias que llegan esperando una historia de terror o una suerte de thriller psicológico y que se encuentran con una desaforada, excesiva y hasta ciertos puntos, abiertamente grotesca reinterpretación no solo de la Biblia, sino de aspectos de la vida personal del cineasta y de una suerte de alegoría ecologista new age más cruda que aquella que Aronofsky hiciera en La fuente de la vida (2006), trabajo que es más cercano en forma y fondo a esta polémica ¡madre!.

Sin revelar demasiado, y sin necesidad de explicación, la película que construye Darren Aronofsky se ostenta como “transparente” en su manejo de símbolos y arquetipos biblícos en lo que parece ser un afán de ser comprensible y universal, pero en tal ambición, la película se convierte en una moralista e indulgente denuncia del ser humano y particularmente del ambivalente potencial creador/destructivo del ego masculino, particularmente el de Dios, nuestro señor. Amén.

El gran mérito de la película de Aronofsky, medianamente repuesto del terrible chasco que representó la hediondamente ambiciosa Noé (2014), es crear un abstracto punto de discusión más que una película o una obra lograda, algo alrededor de lo cual se hace un ejercicio de discusión, libre interpretación, denostación, aprecio, fanatismo, repulsión o atracción.

¡madre! es una metáfora que llega al punto de dejar de serlo, una película que se ve rebasada por sus propias ambiciones detrás de la cual se halla un cineasta ahogado en un remolino de torrencial ego. Aronofsky es Dios únicamente en su fantasía, y donde Dios tiene la Biblia, Aronofsky tiene su ¡madre! esta.

Por JJ Negrete (@jjnegretec)

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