Macabro | ‘Follow’ y el terror de la medianía

Dentro de Macabro: Festival Internacional de Cine de Horror de la Ciudad de México tenemos oportunidad de ver cintas que varían en calidad. Desde espeluznantes logros hasta abominables y “bien intencionados” intentos por pisar nuevos terrenos dentro del popular y rentable género. Una de las cintas que termina por aterrizar justo en el punto medio es la opera prima del cineasta estadunidense Owen Egerton: Follow (2015), en la que un pintor recibe en Navidad un inesperado regalo de su inestable novia.

Dos de nuestros colaboradores la comentan:

JJ Negrete (@jjnegretec): El problema que aqueja a una película como Follow, en la que un joven artista espera una beca universitaria en plena temporada navideña junto a su psicóticamente curvilínea novia, es el mismo que padecen muchos cineastas: la creencia de que una anécdota medianamente interesante puede construir un filme completo. Aquí hay una cadena de situaciones y escenarios comunes que tiene algunos apuntes distintivos (el joven que canta villancicos en una vena a la Lynch) pero que no se adhiere a ningún género en específico. De una serie de ideas mediocres surgen una serie de planos y planteamientos visuales igualmente mediocres y de un academicismo plano. La idea del asesino “por accidente” (tal como la manejara Hitchcock en The Trouble With Harry) se ve aquí reducida a un regurgitado tarantinesco de errores y accidentes que más que conmocionar, irritan y lamentan las pocas oportunidades perdidas que es preferible no “seguir”

Icnitl Y García (@Mariodelacerna): Asistir al terror de una mujer psicótica y las trangresiones que ocasiona en su comúnmente patético novio, ya ha sido llevado a consecuencias valientes y disruptivas (Possession, Andrzej Zulawski, 1981) o en tenores mucho más suavizados, pero que siguen generando el sentimiento de angustia (Love, Gaspar Noé, 2015). Sí, sabemos que los celos (ese demonio como lo adjetivaba Tolstói) y la ruptura generan violencia y aprehensión, pero no son suficientes para articular una narrativa que de hecho haga sentir la tensión para poderla llevar a las puertas del terror. La pareja de novios tienen la posibilidad de salir de un pueblo texano que nada ofrece, pero la mujer de rasgos quiméricos prefiere seguir devorando mortales por sus muslos famélicos. El sentimiento de culpa (más reaccionario que amoroso) podrá más que la separación. Una serie de asesinatos contingentes colocarán al artista “poco agraciado” a tomar malas decisiones: un escenario absurdo tras otro. El humor no salva las secuencias porque la dirección no se asoma al sarcasmo, sino a la textura. Luces cálidas sumamente cuidadas y encuadres que desentonan con la pasividad narrativa.

@jjnegretec: Es precisamente en esa búsqueda de textura que la película evidencia su nulidad: no hay estilo, ni forma. Los destellos de humor banalizan lo que pretende ser serio y que al final resulta ser una especie de escalera a la Escher que se repetirá a perpetuidad sin asomo de explicación o sugestión alguna. Así como son de erradas y arbitrarias las decisiones del tibiamente dibujado personaje principal, igualmente las de su director. En el panorama de estas producciones, tristemente pareciera que tal error está condenado a repetirse: lo único que resulta atemorizante es la medianía.

@Mariodelacerna: “El amor nunca muere de forma natural” anticipa el epígrafe. La casa, una suerte de cronotopo de la contingencia, engullirá a quien entre por la puerta en el umbral de la muerte. El suicidio, el accidente y el asesinato como parte de un imaginario del exceso que busca ser controlado cinematográficamente. Ni siquiera la idea que subyace tiene la fuerza para mantener el filme: las posibles aristas que se pierden, son como dices, lamentables cuando se dejan de abordar. Dos momentos siguen sin embargo, aliviando el tránsito accidentado de Egerton en su película: el novio se deja de asumir como una circunstancia patética y asume su pulsión tanática y la cuenta regresiva, que sabemos, no durará mucho.

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