Macabro FICH | Patitos feos y regresar al desierto para salir de él

Mauricio Chernovetzky regresa a Macabro FICH (The curse of Styria, 2014) con Patitos feos, un híbrido desconcertante y lúdico que hace un puente en entre las primeras décadas del siglo XX y las primeras del siglo XXI.

Desde la secuencia de apertura Chernovetzky plantea la efervescencia y ludicidad con la que abordará su trabajo, apuntalado por la firmeza de sus movimientos de cámara y decisiones en la edición. Los patitos feos son tres hermanos anclados en el tiempo de la Revolución mexicana y en la geografía de Chihuahua: Abelardo (Giancarlo Ruiz), Pepe, El borreguito (Luis Deveze) y Chuy, el hermano pedorro (Checo Rubio). El día del cumpleaños de su abuelo (José Doroteo Arango Arámbula) ellos hacen una celebración presidida por su abuela, festejo que incluye una ceremonia de hikuri en un temazcal del que emergen con una misión y un tótem: encontrar la cabeza de su abuelo y un gato que les regala conocimiento y lenguaje.

La propuesta de Chernovetzky es una actualización de la dicotomía moderna que tuvo su origen precisamente a finales del siglo XIX y principios del XX con el Porfiriato: el progreso y la tradición. Su actualización, sin embargo, se vuelve más nítida y tangible con la incorporación de narrativas virtuales de las que ya somos parte: un tablero de puntaje que, como en los videojuegos, va sumando según las virtudes éticas, humillaciones o manifestaciones viscerales y primarias de cada cuerpo: es decir, la pulcritud moral no le interesa a Chernovetzky porque es artificial; en cambio, coloca la praxis de hombres de mediana edad desde una filtro infantil, por ello los rituales primigenios siempre tendrán cabida. El conflicto, parecería decirnos el director de Styria, es leerlo desde una geografía ajena, desde una tiempo distinto y desde la prepotencia del meñique levantado, desde la pedantería de la madurez.

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La actualización también bebe de un imaginario reciente explorado vertiginosamente a través de la virtualidad. Diamantino (Gabriel Abrantes, Daniel Schmidt, 2018) tiene una búsqueda similar, en la que la narrativa hegemónica es atravesada por perritos que flotan en nubes rosas: los reyes del internet son los perritos y por supuesto los gatitos. Chernovestzky no sólo hace a un gato el tótem de los tres hermanos, sino que les otorga su voz para combatir a la modernidad: entre Miaaaaaaauuuuuss y MMMRRRRwaaaasssss los hermanos van derrotando a sus enemigos, que bien pueden habitar una cantina, un fichero o un desolado.

Patitos feos es un híbrido que pasa por el western, la fantasía, el melodrama y la iniciación. Inscritos en un diálogo con la modernidad, no es posible pasar por alto que los tres hermanos parten de un imaginario no resuelto, romantizado e inconcluso: la Revolución mexicana fracasó de muchas maneras; sin embargo, aún hay una necesidad de por asomarse a ella y rastrear la estela de pólvora quemada y reivindicación que nos dejó. Tal vez por ello aún nos encontramos con ella en trabajos como Matar extraños (Nicolás Pereda, 2013), Los últimos zapatistas (Francesco Taboada Tabone, 2002) o Revolución (2010) :V

Chernovetzky coloca a los tres hermanos en una misión que va desvelando nuevas búsquedas y necesidades, búsquedas que como en el viaje del héroe, los llevarán de regreso al hogar. Incluso, después de vencerse y ganarse a sí mismos, de conocer otros horizontes y de habitarlos, los tres hermanos deciden regresar al sitio que no los interpela y los aguarda con los brazos abiertos, al sitio en donde no pasa absolutamente nada, pero en el que se viven tranquilos. Tal vez el exceso de nostalgia ha llevado a la parte más visible y comercial del cine mexicano a vivir en los mismos lugares, en las mismas narrativas y en la eterna repetición. Por ello, trabajos como los de Chernovetzky –o los de Pereda– son tan necesarios, porque si bien pueden sentirse desproporcionados o crípticos, lo que prevalece es una búsqueda de actualización, de ruptura y de búsqueda, que tanta falta hace en esta aridez inmóvil.

Por Icnitl Ytzamat-ul Contreras García (@mariodelacerna)

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