Macabro FICH | Guardado, hermano: el páramo onírico

La ópera prima de Jorge Iván Sanders expone la mirada de Leo (Leonardo A. Reyes), un joven autista que ha sufrido violencia intrafamiliar desde la infancia, y su forma de leer la realidad en el pueblo en el que vive.

Sanders hace uso del páramo onírico para establecer una narración no lineal, interrumpida por memorias y por ficciones –¿qué memoria no es una ficción creada para salvarnos?– que nos arrojan fragmentos para entender la violencia en la que se crió Leo junto a su hermano Argel (Jorge A. Jiménez). La película, pensada para que fuera interpretada por su amigo Leonardo, tiene sus mejores momentos cuando deja te tomarse enserio y se permite momentos cómicos, escenas tal vez fortuitas, pero que aligeran la narración construida a martillo y cincel.

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Tal vez por la misma naturaleza de la intención de Guardado, hermano, el guión se siente urgente, improvisado, pero no desde un oficio mal ejecutado, sino con la misma intención que un trompetista busca las nubes en el jazz. Por momentos un Tyler Durden (Fight Club, David Fincher, 1999) por momentos un Gollum (Lord of the Rings, Peter Jackson, 2001) o un Niles Perry (The Other, Robert Mulligan, 1972), Leo intenta enfrentar su realidad familiar, laboral, amorosa, sexual y creativa.

Uno de los aciertos de Sanders en colocar la cámara y la narración desde la horizontalidad de Leo; sin sentir lástima por él, sino desglosando sus inquietudes, como la de cualquier creador. Si bien es una ficción, la película pareciera que por momentos se traslada al documental para reflexionar cómo personas con alteraciones cognitivas tienen que abrirse paso en un mundo en donde la diferencia es castigada con rencor, con odio y con severidad. Aunque bien sabemos que no sólo la diferencia genera odio, sino el género; por ello toma relevancia el feminicidio de Lia (Ariadnalí de la Peña).

Tratar de abarcar tantas aristas se vuelve complejo, por ello la película se siente urgente. Sembrar pesadillas pueden cosechar muchos de reivindicación, de muerte o de sufrimiento. Pocas reivindicaciones prevalecen; muchas se hacen venganza, pero de vez en cuando, nos gustaría que hubiera más Miriam Rodríguez en esta pesadilla que sopeamos con una concha o con un pan de yema.

Por Icnitl Ytzamat-ul Contreras García (@mariodelacerna)

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