Macabro | ‘El silencio de la princesa’: Un cuento de horror

Siempre que un cuento de hadas termina con un “vivieron felices para siempre” intento pensar en qué fue lo que pasó después. Usualmente después de la cima sólo queda volver, pero el descenso, a veces, no es paulatino sino abrupto y horroroso. Al menos así se plantea la historia de Diana Mariscal, estrella prometedora de principios de los 60 en la televisión mexicana que después de protagonizar de manera inesperada Fando y Lis (1968) de Alejandro Jodorowsky, desapareció misteriosamente de la vida pública. Diana Mariscal es precisamente la protagonista de El silencio de la princesa (2015), documental que funge como opera prima de Manuel Cañibe, diseñador gráfico que después de dirigir dos cortometrajes: Five O’clock y Cielo y Edén se aventura con un primer largometraje que aborda en juego de claroscuros la vida de una actriz que se vio asediada por la fama, la enfermedad y en cierto modo el horror del olvido.

El documental aborda en un primer momento el descubrimiento de Diana, sus pininos en el medio artístico y la razón de su éxito prematuro. La televisión mexicana la abrazó por su personaje de “muñeca de porcelana” y su aparente ingenuidad y de manera breve, se convirtió en una de esas promesas de la televisión que -en esos momentos- sólo se concebía como una estrella siempre cada vez más arriba. Pero desde un inicio sabemos que Diana Mariscal desapareció de la vida pública y hasta ahora todo se había mantenido como un rumor, con una historia que nadie quería aceptar, incluso como un misterio y por todas esas razones su historia desconcierta. ¿Por qué una de las actrices más pujantes de la escena de los 60 decidió alejarse del mundo de la farándula?

A través de una narrativa que se oscurece o mejor dicho se ensombrece, el documental ahonda en las razones de la desaparición de Diana Mariscal. Testimonios de artistas de la época, familiares, conocidos, amigos cercanos, se narra la enfermedad que obligó a que la familia Mariscal recluyera a Diana en Zacualpán de Amilpas, un lejano pueblo del estado de Morelos. Sin especificar en términos médicos sino a través de la mención de ciertos episodios o a través de la insinuación por anécdotas que refieren a que fue la esquizofrenia la que afectó drásticamente la carrera de Diana Mariscal, el documental retuerce la historia de la “princesa de la televisión” para también explorar en cómo impactó el padecimiento en la esfera íntima, en casa, con sus parejas y cómo en retrospectiva las señales ya estaban ahí.

Un momento clave por supuesto es la filmación de Fando y Lis. Para los cercanos a Diana Mariscal ahí están todos los elementos que detonaron y aceleraron su enfermedad. Con una devoción total y ciega a Jodorowsky, Diana cumplió todas las exigencias, caprichos y excentricidades del director chileno y por ello sorprendió a toda la audiencia. Las críticas no se hicieron esperar y la película fue condenada, señalada, abucheada. Por un lado, la imagen de niña inocente se había destruido, pero surgía también una actriz que se aventuraba y que transgredía los limites. En el ámbito cinematográfico también se vio a Diana como una valiente actriz que rompía moldes, pero luego, tras ese momento, desapareció.

Si pudiera inscribirse en un género este documental sería el thriller. Con remembranzas de Laura Palmer de Twin Peaks (1990-91) Diana Mariscal protagonizó una vida de ensueño que muy pronto se convirtió en pesadilla. Amarrada en una casa o vagando con abrigos de piel por las calles, llena de angustia, junto a una familia que también cayó y perdió todo, así fueron los últimos días de Mariscal y aunque el documental intenta devolvernos a la luz, todo lo que se ha contado y la estructura de esa narrativa ya no han dejado hueco para la salvación. El silencio de la princesa conmueve a través del horror, como las viejas tragedias griegas, sólo que va más allá porque la enfermedad no es una decisión trágica, sino una condición que desafortunadamente en aquellos años era tabú y no se entendía como se entiende hoy en día y eso causó que Diana Mariscal se perdiera en el firmamento de las estrellas.

Por Davo Valdés de la Campa (@Davovaldes)

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