‘Lazos perversos’: ¿A poco sí es usted el verdadero mago?

Sucede con relativa frecuencia en el cine, no es la primera vez. Un director asiático se hace de una voz propia con mucho trabajo, llama la atención por su particular perspectiva, viene Hollywood o cualquier productora occidental y lo echa todo a perder. Le ha pasado a Kurosawa, a Miike, y al mismo director coreano Park Chan-Wook, quien es una suerte de mago del cine extremo y referente ineludible del cine occidental.

Digamos que la fama es un lastre irrevocable que a la larga termina por entregar al asiduo al cine, trabajos no tan sólidos, películas de factura impecable para los grandes públicos que no tienen la misma consistencia que trabajos anteriores. Parte del encanto que ha caracterizado al director coreano, tal vez en menor medida que el japonés Takashi Miike, es esa mugre, ese cochambre, esa oscuridad y ese cierto grado de sordidez que hacen de sus películas una piedra distintiva en el río de producciones extremas asiáticas.

A la mitad de su carrera, Park Chan-Wook realizó la que es su película más memorable a la fecha, Old Boy (2003), la cual se ganó las palmas del público y la crítica especializada. A partir de ahí, el trabajo del coreano se ha caracterizado por tomas cada vez más pulcras, historias de fórmula efectiva y con cada vez menos maldad.

En ese sentido, Lazos perversos (Stoker, 2013) es un parteaguas en el trabajo del director oriental, ya que es su primer trabajo dentro de la industria hollywoodense, con actores de cepa harto popular (una Nicole Kidman un tanto forzada, una jovencita en ascenso y altamente sexual Mia Wasikowska y un guapísimo psicópata interpretado por Matthew Goode), y una historia que si bien mantiene el sello Chan-Wook, da al traste con la fórmula y la repetición en la filmografía del director.

India (Wasikowska) es una adolescente de clase acomodada que tiene que lidiar con la serie de oscuras incógnitas que deja la muerte de su padre. De pronto, las cosas van adquiriendo un matiz aún más lúgubre con la llegada a casa del joven hermano de su padre, el tío Charles (Goode), quien se encuentra fuertemente obsesionado con el acercamiento a su sobrina. Su madre Evelyn (Kidman)  tiene una poderosa atracción hacia Charles, ya que representa todo lo que nunca tuvo con su esposo.

El suspenso y la sordidez lucen a cuadro a partir de la misteriosa desaparición de varias personas cercanas a la familia americana. A primera vista, Stoker es una película sólida, con todos los elementos de una buena película de misterio y suspenso en su vena más clásica. Sin embargo, la película está demasiado bien hecha como para aportar algún ápice de sorpresa al espectador. Lo que en apariencia son pistas para atar cabos en la historia, terminan siendo develaciones hasta cierto punto burdas y fáciles de un posible desenlace.

Stoker es en ese sentido, el trabajo más complaciente y hasta cierto punto flojo del director de Sympathy for Mr. Vengeance (2002) y I’m a Cyborg, But that’s OK (2007). Escenas obvias, elementos  un tanto absurdos, un homenaje viciado a Hitchcock que seguro mantendrá entretenidos a los espectadores, pero tal vez termine por cansarlos por su aire un tanto predecible.

Tomas impecables, personajes muy bien dibujados y un guión que si bien no es lineal, sí se devela a los pocos minutos de comenzada la película. A veces, el estilo cinematográfico de un director tiene que forjar cierto músculo para distinguirse del resto de las producciones del género. Park Chan-Wook es un cineasta que ha sabido establecer un lenguaje propio y hasta refrescante dentro del cine contemporáneo, conoce sus aciertos y los explota con una efectividad tal que le han granjeado ya un lugar bien importante en la tradición cinematográfica universal.

Quizás en los aciertos es donde el coreano lleve la penitencia, después de más de diez películas, los trucos del mago están más que leídos y aprendidos, han creado un estilo, el cual lleva tres o cuatro producciones repitiéndose sin lograr el impacto precedente. Stoker puede funcionar como un punto de partida para ver qué sigue en el trabajo del director asiático, habrá que ver si cambia radicalmente su propuesta (cosa que dudamos bastante) o seguirá esta nueva línea que está llena de complacencia, limpieza y altos presupuestos para lograr historias que agraden a la gran mayoría, muy digeribles y sin mucho aporte novedoso. Stoker es una buena película a secas, bien hecha sin más. Un filme de suspenso tradicional en muchos aspectos, que salta de la filmografía del coreano por muchos motivos, menos por la magia que lo había caracterizado. Una película de Park Chan-Wook sin Park Chan-Wook.

Por Ricardo Pineda (@RAikA83)

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