‘Big Little Lies’: Feminismo de ocasión

Una historia de lealtad y la violencia que se genera alrededor de la misma, una narrativa que usualmente vemos reservada a ensambles y preocupaciones eminentemente masculinas, aunque igualmente cercanas a un sector privilegiado: la mujer blanca occidental. Big Little Lies, miniserie con personajes finamente construidos y un ensamble de historias elegantes y sofisticadas, busca develar las aristas de una muy recurrente utopía: la de la suburbia estadounidense, particularmente la que viene de su contexto doméstico.

Y es que a pesar, de su peso femenino, Big Little Lies gira en torno a una faceta de la masculinidad, de la toxicidad de la dominación y la violencia y el mensaje final, expresado de manera un tanto burda pero clara es que la única forma de vencer es el dominio del miedo y la solidaridad colectiva, considerando si el chisme, la intriga y la fragmentación de las mujeres, en cualquier contexto, como una expresión de conquista masculina. Como el final de la emocionante Death Proof de Quentin Tarantino, un grito vigoroso de “feminismo” que se disipa una vez pasada la euforia.

Dos colaboradoras reflexionan alrededor de la exitosa miniserie, multinominada en los premios Emmy, sobre sus temas, alcances y su relación con el medio cinematográfico:

Butaca Ancha (BA): Big Little Lies es una miniserie sobre la ambivalencia de los lazos femeninos, ¿qué dinámicas identifican dentro de la serie? ¿Les remite a otro producto televisivo o película en su manejo de esas dinámicas?

Mariana Fernández (@mariana_ferfab): La lealtad es quizás el rasgo más notorio de Big Little Lies, reflejado principalmente en la camaradería de Celeste, Madeline y Jane. Se apoyan entre ellas y fungen como confidentes de sus problemas domésticos, lo normal en cuanto a amistad se refiere.

Creo que existe también una búsqueda constante por alcanzar la armonía idílica en la familia y en obtener una aprobación social que maquille todos los problemas que tienen sobre sus espaldas, guardando las apariencias ante la sociedad de lo que realmente les atormenta en sus rutinas: Madeleine escondiendo como puede la infidelidad que cometió, Celeste soportando todo tipo de maltrato de su marido y Jane callando su turbio pasado sobre el origen de su hijo.

Ese lado oscuro de esa semi-fraternidad se representa con las mentiras, las culpas, los sufrimientos en silencio, la evasión de la realidad y las sospechas, hasta el grado en el que se asoma la violencia que termina siendo una eventual válvula de escape que golpea hacia quienes consideran como amenaza. En esa ambivalencia, hay un constante cambio de puntos de vista con respecto a las situaciones que viven y en el momento en el que se aclara la identidad del niño abusador, se afianza un “poder femenino” redentor que es capaz inclusive de hacerlas olvidar a las mujeres esas peleas y malos ratos.

Al estar viendo la miniserie, por la premisa y el dominio femenino, lo primero que pensé fue en el parecido con Desperate Housewives. Tienen varios rasgos en común: particularmente iniciando de manera similar sus respectivas historias con la muerte como su catalizador principal. Big Little Lies crece en contexto (va de menos a más) y se aleja de esos trucos malbaratos que vemos constantemente en telenovelas para ahondar a más detalle y con más seriedad en las psiques de las mujeres y los lazos que forman.

Mabel Salinas (@mabsalinas): La conducta ambivalente de todas y cada una de las protagonistas de Big Little Lies permea en su círculo cercano, y rebasa la violencia y a la relación entre los personajes de Whitherspoon y Dern. Germina igualmente en la rivalidad unilateral que se desata entre la imprudente Madeline y la nueva esposa de su ex, Bonnie (Zoë Kravitz). Irónicamente, pese al supuesto desdén que existe entre estas imperfectas mujeres y sus “bandos”, cuando llega el momento en que se ven unidas por un calamitoso secreto saben mostrarse solidarias.

A diferencia de otras series dramáticas sobre asesinatos, mentiras, secretos y apariencias como el thriller How to Get Away With Murder o la melodramática Revenge, el realismo de esta producción de HBO es abrumador.

BA: ¿Describirían la serie como una con preocupaciones “femeninas”? ¿Dirían que la serie es arribista al montarse en un tendencia en Hollywood o que existe un compromiso genuino de dar visibilidad a narrativas femeninas o diversas? ¿Hubiera sido distinto con una mujer al frente?

@mariana_ferfab: Me parece que las tiene, en una medida mínima, por el hecho de que retrata principalmente las problemáticas bajo el punto de vista de la mujer y sus sutilidades. Pero también habla de las individualidades y las fortalezas ante las circunstancias, sin importar si se presentan en el género masculino o femenino, entreviéndose aspectos más generalizados como la vida laboral.

Tampoco es del todo arribista, por el hecho de que hay antecedentes previos por parte de la industria en realizar o adaptar relatos femeninos. En algunos casos, con el designio de roles tradicionalistas (Magnolias de Acero) y otros atreviéndose a  salir de ese conservadurismo para abordar el deseo de liberación de un dominio de hombres (Thelma y Louise).

El esfuerzo está latente, pero no ha sido suficiente para otorgar un número más voluminoso en propuestas de este tipo y la tendencia está adquiriendo un tono de moda necesario para suscitar interés e impulsar producciones, vislumbrándose en otras series como Orange is the New Black y Orphan Black.

Creo que si Big Little Lies hubiera sido dirigida por una directora, el resultado probablemente habría sido uno más enfocado en emociones por el entendimiento natural que existe entre mujeres y en sus respectivas historias, aunque la visión de Jean-Marc Vallée, a su usanza, cumplió con las expectativas correspondientes.

@mabsalinas: Pese a que Big Little Lies tiene un punto de vista recargado en la feminidad, habla sobre temas universales no excluyentes del público masculino, como el remordimiento, el adulterio, las fracturas de la vida en pareja, la violencia doméstica o los altibajos naturales de la maternidad y la paternidad. No obstante, es clara su intención de destapar orgánicamente preocupaciones y narrativas femeninas sin un afán mercenario o arribista; es decir, se suma indirectamente al discurso políticamente correcto de que las mujeres deben tener mayor protagonismo tanto al frente como detrás de la cámara y recibir sueldos equitativos con respecto a sus contrapartes masculinas.

Me parece que la adaptación de la novela de Liane Moriarty es más bien un paso natural dentro de la “era dorada de la televisión”, marcada por el fenómeno de cineastas al frente de proyectos televisivos, argumentos arriesgados y puestas de manufactura sobresaliente, con un lenguaje y tono más cinematográficos. Responde igualmente a la necesidad de hablar sobre los conflictos  a los que se enfrenta la mujer moderna y a poner la lupa sobre las desavenencias que corroen el mito del “vivieron felices para siempre”, estigma insulso que usualmente afecta a los proyectos hilvanados para el público femenino y rosado cliché al que apelan las comedias románticas o las telenovelas. Más bien parte de una inquietud por contar estas historias aunque su sello de variables feministas se consolida también por la participación de Nicole Kidman y Reeese Witherspoon como productoras.

Desde la visión “masculina”, la dirección de Jean-Marc Vallée refleja una vez más el humanismo que inunda sus proyectos y, al igual que en sus filmes, observamos a protagonistas imperfectos dispuestos a enfrentar conflictos internos y externos, y conscientes de sus carencias. Sin duda el resultado de Big Little Lies habría sido distinto de haber sido dirigido por cualquier otro cineasta que no fuera un hábil artesano de la construcción de la psique femenina, independientemente de su sexo; probablemente una directora le habría dotado de una sensibilidad distinta pero habríamos perdido la contundencia de Vallée.

BA: Mucho se habla, incluso lo mencionaron ambas, de la nueva época que vive la televisión frente al cine, y de como el primero ha absorbido los mejores recursos, tanto de talento como de lenguaje, del segundo. En Big Little Lies ¿dónde encuentran “lo cinematográfico”? ¿Que distinción genera frente a lo que convencionalmente conocemos como “televisión”?

@mariana_ferfab: La duración del producto de televisión (más elástica que la del cine, como sabemos) es la que está permitiendo aprovechar con más inteligencia la potencialidad de una narrativa y sus pormenores, algo que muchas veces no es posible de hacerse a plenitud en una película.  No obstante, creo que hay varios elementos cinematográficos en Big Little Lies.

Es capaz de zafarse de los clichés melodramáticos en historias similares gracias a esa aproximación realista y detallada con la que cuenta. La fuerte presencia de las mujeres protagonistas, con sus respectivas complejidades emocionales (bien construidas) que oscilan desde la confrontación en sus diferentes niveles ante el abuso físico masculino, hasta la necesidad de escapar del esclavismo de la rutina, no son usuales de hallar en el formato televisivo (predominado aún por relatos masculinos) y resalta con fuerza las subtramas que hemos mencionado de la miniserie con anterioridad.

Todo ello rememora a un estilo más “cinematográfico”, añadiendo también el interés por otorgar más profundidad en la construcción en la trama y de los personajes participantes, apoyado por el buen desempeño del elenco, del que saca mucho provecho Jean-Marc Vallée.

A su vez, el realizador conjuga también un aspecto técnico que tiene similitudes con Alma Salvaje (Wild), aplicándolos en Big Little Lies: el flashback encargado de construir el eje principal de la trama y el meollo del asunto (la escena del crimen y las posteriores declaraciones que elaboran los hechos), de asomarse a las huellas del pasado personal con el mismo recurso, de su elegante estética visual que contrasta el hogar de ensueño y las oscuras realidades de la violencia de género, y de guiar, de paso, hacia un redondo desenlace en la playa que despliega en su punto más álgido y humano la solidaridad de las mujeres, después de olvidar sus riñas.

@mabsalinas: Coincido con Mariana en muchos puntos. La construcción del drama y el suspenso de Big Little Lies depende fundamentalmente de su inteligente y elegante edición por la manera en que se juega con el tiempo, el espacio y los personajes para sembrar intriga, mientras que muchas series televisivas se apoyan exclusivamente en el uso de cliffhangers. Esta producción de HBO no. ¿Los emplea? Sí, pero también se esfuerza por dotar de plasticidad y profundidad los conflictos que se entretejen durante la miniserie: la inseguridad, el adulterio, la insatisfacción personal, la violencia de género y el total abandono de uno mismo, a la vez que se lidia con la crianza de una nueva generación.

Jean-Marc Vallée emplea una cámara en mano para fortalecer la inestabilidad emocional de los personajes a la vez que hace de esta historia un retrato realista, moderno, que se aleja de los artificios del set, para mostrarnos a su elenco en diversos escenarios reales y hacer de Monterrey y del estilo de vida que se desprende se este sitio, un personaje más que en cada episodio cobra vida.

El director también sabe en qué momento usar la steadycam para contener sus escenas y cuándo utilizar emplazamientos que se alejan del pragmatismo televisivo de antaño. Esto, aunado a que por el formato tiene tiempo de exponer con propicia cadencia las vicisitudes de sus protagonistas, provocan un mayor impacto argumental y crean una experiencia más gratificante en la audiencia.

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