GIFF | Día 3: realidad virtual, un picnic y ‘Extraño pero verdadero’

Como parte de las actividades del Festival Internacional de Cine Guanajuato (GIFF, por sus siglas en inglés) se reservó un espacio para promover el formato de Realidad Virtual (RV). El festival buscó ser el primero en producir contenido de este tipo junto a Oniria, una empresa de hardware y desarrollo de experiencias en 360; y pese a que los materiales sufrieron algunos percances no demeritó el interés del público para conocer el trabajo de tres cineastas mexicanos: Roberto Fiesco, Carlos Hagerman y Juan Carlos Rulfo. Tríada de realizadores que presentaron su trabajo en distintas sedes de la capital de Guanajuato. El formato de la experiencia en 360 fue bien expresada en el trabajo de Juan Carlos Rulfo. Quien se lanza a la búsqueda de una roca que su papá fotografió. Con los tonos poéticos de un Rulfo que lo inunda todo, la síntesis visual que logra Juan Carlos provee al espectador de las herramientas para descifrar el horizonte de motivos que le llevan al director a estar pendiente del esfuerzo de la memoria por resistir los embates del tiempo. Esta sinopsis con ayuda del formato RV se convierte en una experiencia agradable e indicadora de las posibilidades para explorar esta transformación en el formato clásico de producción de imágenes sobre la pantalla. Espacio didáctico e interactivo para expandir las posibilidades del cine y acercar al público el paradigma tecnológico.

El festival de cine en Guanajuato celebró la carrera de tres invitados especiales: Peter Weir, Brigitte Broch y Fatih Akin. Del primero de ellos: después de entregarle la Cruz de Plata, una artesanía guanajuatense y la ovación de pie del público asistente, al director Peter Weir se le notó conmovido con el homenaje a sus imágenes, que considera una consecuencia de cuatro décadas de trabajo y constancia hacia lo sensible del universo humano. Director de películas como La sociedad de los poetas muertos (1989), Truman Show (1998), o Picnic at Hanging Rock (1975), su historial iconográfico está tatuado en la memoria cinéfila.

Al respecto de Picnic… (que se proyectó en el Teatro Juárez de manera simultánea a la función de La sociedad de los poetas muertos en las escalinatas de la Universidad de Guanajuato), es una película del Peter Weir treintañero, adaptada de la novela de Joan Lindsay, publicada en 1967, que cuenta la historia de un colegio conservador “Appleyard” y un grupo de chicas que desaparece el día de San Valentín. Aún con secuencias notables, un tanto ambigua en su realización por la naturaleza literaria, la película conserva los acentos del cine australiano de esa década, y que en Weir ahora son la marca de sus demás producciones. Ejemplo de ello son los contrastes entre ciudad y naturaleza, el onirismo visual para promover las pulsiones de los personajes sin pretensiones excesivas y una valoración hacia la palaba poética como poder de transformación.

En palabra de Peter Weir, México es un sueño dentro de muchos sueños y la felicidad tanto como los pesares que ha filmado en su carrera responden a un mundo de sensaciones que encuentra en cualquier lugar que visita: “I feel overwhelmed here, because I’m a director I work with emotions, I’m here for the third time an I’m struck by a metorite of inspiration here in San Miguel and Guanajuato; México is a dream and the festival is a dream within a dream,” según declaraciones retomadas por un comunicado del GIFF.

Extraño pero verdadero (2017), de Michel Lipkes se proyectó en el Auditorio de la UG como parte de la selección oficial Largo Mexicano, junto a otros trabajos que integran la selección como la ópera prima de Sofía Gómez Córdova Los años azules o Tormentero de Rubén Imaz. La película de Lipkes, estrenada en festivales mexicanos como el FICUNAM o extranjeros como el Festival de Cine de Rotterdam, es asfixiante en el retrato de la marginalidad.

Sus personajes son recolectores de basura en la Ciudad de México y en ello radica el principio y fin de la trama. Los paisajes sin sol y un supuesto onirismo agota una puesta en escena que por momentos se antoja lista para ser depurada. La idea “original” de la película nace de la experiencia del director frente al Bordo de Xochiaca, en Neza, y una nota que presentaba un cadáver encontrado en ese lugar. Este impulso lleva al realizador a filmar planos y encuadres empapados de un blanco y negro que genera la atmósfera de una violencia social no siempre visible. Elegante ejercicio fotográfico que pierde peso narrativo en el desarrollo de sus personajes.

Por Carlos Rgó (@Rgock)

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