Entrevista con Emiliano Rocha sobre ‘Tenemos la carne’

En Tenemos la carne (2016), ópera prima de Emiliano Rocha Minter, un espacio en medio de la ciudad sirve como una especie de refugio donde los protagonistas pueden actuar sin ningún tipo de inhibición. Dos jóvenes hermanos (interpretados por María Evoli y Diego Gamaliel) arriban ahí para ser “guiados” por un misterioso hombre (Nóe Hernández) que busca renacer y que pronto propiciará locura, encuentros sexuales fuera de lo común y aparentes rituales que celebran el fin de las restricciones.

El filme de Rocha Minter, producido por Carlos Reygadas y apoyado por Alfonso Cuarón y Alejandro González Iñárritu, no escatima a la hora de intentar provocar al espectador con escenas de sexo y violencia, que incluyen incesto, necrofilia, close-ups de genitales y a Gabino Rodríguez cantando el himno nacional mexicano previo al asesinato de su personaje. Como era de esperarse, todo esto ha dividido a los críticos y al público, no por nada sucedió esa función tan sonada en Sitges, donde muchas personas abandonaron la sala prematuramente pero también hubo quien alabó la cinta comparándola con Gaspar Noé y el Marqués de Sade.

Luego de su paso por el Festival de Morelia y la muestra Masacre en Xoco, Tenemos la carne se estrena en salas comerciales de México; por ende platicamos con Rocha Minter sobre temas como la génesis del proyecto, sus influencias y su visión del cine mexicano actual.

¿Cómo fue el proceso para llegar a Tenemos la carne?

Emiliano Rocha Minter (ERM): Fue hacer una película con muchos fantasmas que se me estaban atravesando, como en esa idea de imagen o aparición, algo que era extraño en cualidad de fantasma que te puede observar a ti pero tú no lo puedes ver; yo me sentía observado por la película más que poder verla o descifrarla. En ese sentido había algo muy fantasmal con lo que me interesaba hacer en Tenemos la carne. Empezó como los Ghostbusters, de ir a atrapar un fantasma y el fantasma nunca lo podía ver hasta que se terminó la película. Fue muy bonito, después de estar trabajando todo se revirtió y por fin lo pude ver, y yo creo que ya no me puede ver a mí.

¿Qué fuiste encontrando en este proceso que quizás no tenías al principio con la idea tan clara?

(ERM): Lo primero fue imaginar. El proceso de guión, más que estructurar un guión, me servía como una herramienta para imaginar. Fue un momento en el que yo estaba leyendo mucho, me inspiraba mucho leyendo a [Georges] Bataille y al Conde de Lautréamont, aunque suene medio mamón, pero es la verdad, ahí había algo que me provocaba una sensación muy extraña; me malviajaba, me atraía, como un “me gusta pero me asusta”. El proceso de guión fue muy solitario y de las cosas que más disfruté y que más rápido salieron. Lo demás fue estar acompañado el resto del camino.

Luego de este proceso solitario, ¿cómo fue el primer encuentro con tus actores?

(ERM): Se inició un proceso de casting, del cual yo estaba encargado. No fue esta cosa con un director de casting que te presenta imágenes y te empieza a manipular, sino que era yo en Facebook a las 4 AM tratando que una foto me llevara a otra. De pronto apareció una foto de María [Evoli], hablamos y el casting de ella fue revelador. Algo pasó, la cámara captó algo que sí sucedió, en ese sentido es un poco la idea de la película de performance; algo que sí está sucediendo y no un actor actuando. De pronto lo del casting se volvió muy corporal, visceral y pasó una locura que tenía una fuerza que no pudimos dejar de ver.

En el caso de Gama [Diego Gamaliel], yo lo conocía del medio artístico. En un momento tenía la idea de que fuera Gama y su hermana, esa era la idea, de que sí fueran hermanos, me encantaba verlos juntos, me parecían seres muy puros. Pero no me atreví, fui un cobarde, aparte empiezas a escuchar a la gente, quienes tienen mucho miedo, gente que nunca debí haber escuchado. Caí en la trampa pero también fue bueno porque sí era un problema extra y de pronto cuando vi a María con Gama hubo magia y ya no extrañaba la idea de que sí fueran hermanos.

A Noé [Hernández] lo conocía de Miss Bala (Gerardo Naranjo, 2011), me gustaba su cara de loco. Me gusta mucho la tensión que yo tengo con Noé, siento que él tiene un resentimiento social conmigo de antaño; hay una tensión porque no sé si piensa que soy un fresa, que es un poco la tensión en la que están sustentados María y Gama con Noé. De pronto también Noé se puede poner al brinco, yo le digo “esto es por amor al arte”. Al final creo que esa tensión es muy sana.

En Tenemos la carne los personajes hacen todo sin inhibiciones. ¿Crees que esta película pueda ser un statement sobre hacer cine mexicano libremente?

(ERM): Completamente, esa era la apuesta, encontrarnos en nuestras contradicciones, pararle al rollo aspiracional que es la inhibición también; bloquear cosas de nosotros para supuestamente construir una imagen de lo que no somos. Más que hablar de identidad nacional, aunque sin querer la película sí pone ahí un comentario, hay que hacer un cine más sincero, sin inhibiciones, con nuestra propia fealdad y belleza. México es el país de las contradicciones, todos lo saben, y esa es su potencia.

En nuestro imaginario nacional que es el cine, debemos apostarle a la contradicción y muerte a la pinche aspiración del cine hollywoodense comercial, que es asqueroso, y luego está la otra que es peor: la aspiración a ganar la Palma de Oro [en el festival de Cannes], ¿qué mamadas son esas? Las ves y no hay nada pero te dicen que ganó en festivales. Es momento de que nos valga verga palabras como Cannes, los Oscar y la taquilla. Tenemos todo para hacer un cine realmente propositivo si nos superamos a nosotros mismos, con una nueva identidad y nuevos valores.

Inevitablemente hay muchas comparaciones, por ahí se menciona a Gaspar Noé. ¿Tuviste alguna influencia directa o no trabajas así para hacer tu cine?

(ERM): Gaspar Noé es una influencia… pues sí, claro, por supuesto. Luego como que no me gustó su última película [Love, 2015] y lo empecé a negar. Pero no mames, yo vi Entra al vacío (Enter the Void, 2009) y bueno, ¿quién hace una película desde el punto de vista de un espíritu como esa? Un malviaje de tres horas, un compromiso muy cabrón con esa cámara loca, esa intensidad de él.

Para Tenemos la carne, Gaspar Noé es una referencia como también lo es Cantinflas y Disney. Es un campo de batalla de referencias, el chiste era echarlas y que se pelearan, también como contradicciones. ¿Cómo es que puedo ser fan de Jim Carrey y de Gaspar Noé? Pero así es, uno no es puro en sus referencias tampoco, hay que dejarlas volar e irlas cambiando.

En Sitges se habló mucho de Tenemos la carne; como responsable, ¿estás atento y te interesan las reacciones de la gente?

(ERM): Claro que hay un momento de satisfacción en ver a personas que la disfrutan tanto como yo. Quien diga que no le importa está mintiendo porque sí tenemos una relación social y quieres ser reconocido de alguna manera. En este caso no me ha afectado tanta gente que la ha odiado, porque hay mucha gente a la que le ha gustado mucho. Siento que mi trabajo tuvo un eco y es muy gratificante que alguien llegue después de una función y te diga cosas que ya ni entiendes. Uno explora y no piensa tanto en el espectador pero es hermoso que alguien te diga que lo entendió. Eso me pasa con la literatura, a veces me siento de la verga y de pronto leo un libro y siento que el autor pensó lo mismo que yo y así te encuentras junto con alguien en el universo.

Si todos me hubieran dicho que estaba de la verga pues sí me hubiera afectado, sería otra historia. Pero sí hay futuro, se logró comunicar el puente del sentido; yo sí creo en el sentido de la obra, no creo en el absurdo o en cosas incomunicables. Creo que tiene que ver con la sinceridad a las propias emociones de uno.

Por Eric Ortiz (@ElMachoBionico)

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