Cannes, día 5: Risas desde la sombra

El consenso hasta ahora en la Croisette es que lo lúgubre y lo sombrío han reinado facilmente sobre las películas de la Competencia Oficial. Sin embargo, hoy tuvimos la poco usual presencia de dos comedias en la categoría reina del Festival Internacional de Cine de Cannes.

Por un lado, el cineasta neoyorquino Noah Baumbach se presentó con The Meyerowitz Stories, película producida por Netflix, que funciona como una versión menos artesanal y más directa de Los excéntricos Tenenbaum, de Wes Anderson. Al igual que en ésta, una familia disfuncional orbita alrededor de una fuerte figura paternal: un escultor poco conocido interpretado por Dustin Hoffman que cuando decide vender su departamento y obras alentado por su hijo “preferido” (Ben Stiller), provoca un conflicto con sus dos medios hermanos, decorosas estampas de fracaso interpretadas por Adam Sandler y Elizabeth Marvel.

Baumbach sigue tomando inspiración de Ernst Lubitsch o Howard Hawks para dar encantadora verborrea a sus personajes y logra una sólida interacción creíble, y al mismo tiempo teatral, entre sus actores.

Aunque el tema de neoyorquinos neuróticos post-Woody Allen ha sido más incisivo con los trabajos de Alex Ross Perry (Listen Up Phillip, 2014), Baumbach logra una película gentilmente ácida y demoledoramente divertida, en la que destacan el bien canalizado patetismo de Sandler y la rábica ternura de Elizabeth Marvel.

Del otro lado, haciendo lo que podría ser un sketch decente y sobreproducido de La Parodia, el cineasta francés Michel Hazanavicius retoma el matrimonio de Jean-Luc Godard (Louis Garrel) con la joven actriz Anne Wyazemski (Stacey Martin) para retratar a un Godard pedante, irritante e insoportable en Le Redoutable.

Tomando aire del revisionismo cinematográfico que le funcionó en El Artista (2011), Hazanavicius recrea con riqueza de detalle no solo el París de 1968, sino la obra de Godard previa a su conversión política. Es en el diseño de producción donde la película encuentra su mayor fortaleza y que además le permite generar algunos gags visuales y sonoros insipirados en “las primeras películas” de Godard.

Pero el reproche viene de una forma que evoca Stardust Memories (1980), de Woody Allen, exigiendo al cineasta un retorno a esa etapa y desdeñando por completo su obra posterior, que aunque irregular, también ha legado películas notablemente valiosas. La película retrata a Godard como un mezquino patán que busca humillar y denostar su compromiso político. Lo que Hazanavicius  pretende es dar eco a un grito reaccionario que pide exclusivamente evadir el mundo.

Por JJ Negrete (@jjnegretec)

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