Cannes 2018 | Día 3: Un poco de nostalgia y misantropía

La misantropía ha sido un ingrediente recurrente en el Festival Internacional de Cine de Cannes, incluso después de que durante años amplios contingentes de la prensa y crítica han atacado frecuentemente a los comités de programación por su predilección por este tipo de ofertas cinematográficas. Este año parece no ser la excepción, pero hasta ahora tales propuestas se han concentrado, curiosamente, fuera de la Competencia Oficial.

El menú de hoy fue particularmente ecléctico:

  • Leto de Siril Serebrennikov

Se presentó en: Competencia Oficial

El cineasta ruso Siril Serebrennikov –que alcanzó notoriedad con su película anterior El estudiante (2014) –no, no la de Sergio Klainer– evoca las películas de Richard Lester (A Hard’s Day Night, 1964; The Knack and How to Get It, 1965) y los trucajes formales de la sobadísima nouvelle vague en Leto, la historia de una banda de punk en la Rusia de finales de los años 80, años de un contexto sociopolítico muy similar al actual.

Sin entusiasmar, la película de Sbrennikov levantó modestamente una competencia que, hasta el momento, no ha hallado rumbo y se ha caracterizado por un progreso errático. Leto inicia como una película de naturaleza coral  y gradualmente se centra en una triada protagonista, así como la intervención de una especie de narrador que distorsiona los hechos, simplemente para al final señalar que las cosas no pasaron así. Incluye secuencias al ritmo de clásicos de David Bowie, Iggy Pop o de Blondie, abusando del viejo y confiable recurso del videoclip.

Leto

  • Gräns de Ali Abbasi

Se presentó en: Una Cierta Mirada

Imaginen que pasaría si un cuento de hadas contemporáneo, digamos Shrek, se trasladara a la Europa contemporánea y tomara nociones del despertar sexual propias de hitos como La vida de Adele y se convirtiera así en un trolling of age. Pues tendrían algo similar a lo que se muestra en Gräns del cineasta Ali Abbasi, en la que adapta una novela del autor sueco John Ajvide Lindqvist (el mismo de Déjame entrar) para presentar la historia de una agente de aduana que desarrolla una extraña fascinación por una sospechosa persona.

Funcionando en el estilo revisionista de películas recientes como As boas maneiras, de Juliana Rojas y Marco Dutra, la película de Abbasi es igualmente retorcida y extraña como feralmente entrañable, aunque cerca del final no salga bien librado de la ambición con la que pretende narrar la película. Una película más valiosa por sus riesgos que por sus logros, fácilmente identificable para los feroces fans del cine de género.

  • Wildlife de Paul Dano

Se presentó en: apertura Semana de la Crítica

La personalidad en pantalla del actor Paul Dano combina una incómoda vulnerabilidad y conciencia de sí mismo con fuertes explosiones de carácter. Dicha personalidad se transmuta en su opera prima, Wildlife, adaptación de la novela homónima de Richard Ford. La cinta presenta la historia de una familia de Montana en los años 50, conformada por Jerry y Jeanette Brinson (Jake Gyllenhall y Carey Mulligan) y el joven Joe Brinson (un notable Ed Oxenbuld).

Dano se revela como un hábil miniaturista y eficiente artesano de gesto, delineando finamente cada una de las actuaciones de su ensamble, que también incluye a un sólido Bill Camp. La película es una exploración paciente de una dinámica familiar que se va destruyendo con la misma lentitud que el fuego consume un inacabable bosque. Dano presenta una mano autoral segura, reminiscente de Certain Women (2015) ese otro gran fresco de la abismal depresión que se concentra en Montana.

  • Les confins du monde de Guillaume Nicloux

Se presentó en: Quincena de los Realizadores

Después de Valley of Love (2015), estelarizada por Gerard Depardieu e Isabelle Huppert, el cineasta francés Guillaume Nicloux toma el excesivo brutalismo de Mel Gibson (Corazón valiente, 1995; Hasta el último hombre, 2016) sin la convicción y seguridad del mismo, para presentar la estampida de justicia que busca un soldado francés (Gaspard Ulliel) en la Indochina de finales de los años 40, resistente a la colonización francesa, al tiempo que se enamora de una joven prostituta vietnamita.

Nicloux se engolosina con la violencia y el sexo a grados simplemente gratuitos, habiendo copiosas cantidades de desmembrados, decapitados, masturbaciones a cuadro y expresiones xenófobas como si fuese confeti en fiesta infantil. Eso deja a la película como un vacío ejercicio sensacionalista que también provoca la exageración de un usualmente contenido Gaspard Ulliel.

  • Petra de Jaime Rosales

Se presentó en: Quincena de los Realizadores

Mejorando notoriamente lo presentado en la execrable Hermosa juventud, el cineasta español Jaime Rosales presentó con éxito su nueva película Petra, estructurada también en capítulos (algunos de ellos presentados en orden inverso), sobre una joven (Bárbara Lennie) que llega a la residencia de un misántropo artista español (Joan Botey), eso desencadena una intrincada serie de eventos retratados con formalismo que recuerda la puesta en escena de Michael Haneke.

Un melodrama sobrio y finamente seco, infinitamente mejor que la artificiosa maraña de Todos lo saben, la película de Rosales está tan interesada en sus personajes como en sus espacios, diseccionando la importancia de los mismos –muchos de los cuales evocan los parajes usuales de las películas de Eric Rohmer–, aunque evidentemente en una clave sutilmente misantrópica y de un absoluto control. Mención aparte para Lennie, quién se consuma como la actriz preferida del festival hasta ahora.

Por JJ Negrete (@jjnegretec)

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