Black Canvas: Primero la imagen, luego el cine

El Festival Black Canvas inicia a su segunda edición con una sólida propuesta curatorial, y con más de 108 películas programadas, que concibe el medio cinematográfico desde su naturaleza puramente audiovisual y las posibilidades que dicha naturaleza ofrece, creando estimulantes y nuevas maneras de ver y consumir el cambiante concepto de “cine”.

Aquí comentamos algunos títulos de su variada propuesta:

  • Mrs. Hyde de Serge Bozon

Partiendo de su propia experiencia como docente en los suburbios parisinos, el ideosincrático cineasta francés Serge Bozon colabora de nueva cuenta con la enorme Isabelle Huppert en Mrs. Hyde, una sobriamente colorida versión del clásico de Robert Louis Stevenson, El extraño caso del Dr. Jekyll y el Sr. Hyde. Presenta la historia de la maestra Géquil, despreciada por sus alumnos y colegas, que después de recibir una descarga eléctrica por un rayo, se transforma en la Señora Hyde, una dura pero efectiva docente.

Bozon es un cineasta que trabaja desde un revisionismo de corte conceptual más que estético o narrativo, aspecto notorio de su inusual musical La France (2007), situado en las postrimerías de la Primera Guerra Mundial, o de la bizarra cinta policial con tono fársico Tip Top (2013), películas en las que destaca su metamorfosis a medida que van avanzando. Este proceso se encuentra al centro de Mrs. Hyde. Una actriz endiabladamente hábil como Huppert se convierte en el vehículo perfecto de tal transformación, una que le permite a su personaje acceder a un potencial oscuro pero estimulante, una exploración que la timidez y la cobardía cotidiana impiden completar. Mrs. Hyde concibe la docencia que trasciende como una actividad que conlleva riesgo y peligro, que incluso llegan a parecer “cómicos” pero que en realidad ocultan la perversidad del educar.

  • Extinción de Salomé Lamas

Con un ojo puesto en la etnografía poética y otro en una suerte de retrovanguardia artística, la cineasta portuguesa Salomé Lamas presenta en Extinción, su más reciente largometraje, un ensayo que concierne a las fronteras de los territorios que alguna vez compusieron la extinta –¿próxima a resucitar?– Unión de Repúblicas Socialistas y Soviéticas y que actualmente se han convertido en objeto de perpetuo conflicto. A través del uso de material de ficción y documental, Lamas compone un elegantemente duro imaginario del poderío ruso de antaño frente al sutil y feroz poder de Putin en la Rusia contemporánea.

Evocando el pesimismo de las manifestaciones artísticas en países socialistas de inicios de los años 90, particularmente el del húngaro Bela Tarr (Kárhozat, 1988), el ensayo fílmico de Lamas concibe la historia, no solo de la Unión Soviética, sino del mundo, como una suerte de línea recta, similar a una vía de tren, cuyas bifurcaciones no conducen a destinos diferentes, sino a la ilusión de diferencia. Extinción presenta un mundo de fronteras móviles, ruinas de contundente elocuencia y una cruel nostalgia por un futuro del que únicamente llegó la promesa. Llámense Stalin, Lenin,  Kruschev, Gorbachov, Yeltzin o Putin, el cambio de conductor no cambió nunca el trayecto del tren.

Por JJ Negrete (@jjnegretec)

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