Black Canvas: La muerte de la imagen

Continuamos nuestra cobertura del festival Black Canvas, comentando tres títulos que hablan tanto de la muerte del cuerpo como la muerte de la imagen bajo estilos y propuestas profundamente distintos.

Aquí van:

  • Mrs. Fang de Wang Bing

Mrs. Fang resulta un trabajo inusual dentro de la filmografía del documentalista chino Wang Bing, que le valió el Leopardo de Oro en el Festival de Locarno y  cuya duración esta por debajo de los 90 minutos cuando sus titánicos trabajos usualmente rebasan hasta los 150 minutos. El tiempo es un instrumento vital para el cineasta al igual que para el filipino Lav Diaz o el húngaro Bela Tarr  y no el resultado de un mero capricho de estilo, particularmente cuando en este caso en particular se documenta de forma tan frontal la muerte y el olvido.

Conocido por sus durísimos y punzantes ataques al sistema político, laboral y social de la China contemporánea como Ta’ang (2016) o Feng Ai (2013), en Mrs. Fang, Bing documenta el proceso de descomposición física de Fang Xiuying, una mujer aquejada por Alzheimer que vive sus últimos días en un apacible pueblo del sur de China. La cámara de Bing, penetrante pero plena de humanismo, documenta más que la pérdida de un cuerpo, la disolución de un alma y el desvanecimiento de una personalidad que solo podemos imaginar a través de fotografías y testimonios, generando un diálogo con el bello ejercicio historiográfico del catalán Albert Serra en Los últimos días de Luis XIV (2016).

  • Going South de Dominic Gagnon

La forma en la que absorbemos contenido audiovisual ha cambiado radicalmente durante los últimos 15 años. Se favorecen las duraciones breves y los lapsos de atención más cortos, el tiempo para reflexionar en la imagen se ve minado ante la apremiante necesidad de consumir más, voracidad que va gradualmente minando nuestra capacidad de discernir verdad de mentira. En Going South el artista visual Dominic Gagnon continua fiel a su credo de “filmar sin cámara” a través de una peculiar curaduría y montaje de material de YouTube que, como cualquier otro vídeo de la misma plataforma, es una captura instantánea de nuestros tiempos.

Desde teorías de conspiración que afirman vehementemente que la Tierra siempre ha sido plana, testimonios de una persona trans, pietaje de vacaciones familiares o vídeos de desastres naturales, Gagnon postula la naturaleza “incuestionable” de la imagen- si lo veo, es verdad- y de la tan comentada post-verdad de la era trumpista en Estados Unidos, en la que el concepto de verdadero pierde relevancia ante el caudal de información que se produce diariamente. A estas alturas, poco importa si es verdad, lo que importa es que se vea.

  • Ultra Pulpe de Bertrand Mandico

Dueño de un estilo que oscila entre un psicodélico barroco y una macabra belleza plástica, los mundos estéticos creados por el cineasta francés Bertrand Mandico evocan un mundo de organicidad artificial, lustrosos fluidos y salvaje sensibilidad, atiborrada de referentes visuales pero finalmente singulares. Las orgías visuales de Carmelo Bene (Salomé, 1972) o Werner Schroeter (Eikka Kattapa, 1978), así como la audacia del polaco Walerian Worockzyk (La bestia, 1976) son algunos de los artistas que nutren a Mandico y que en su más reciente corto, Ultra Pulpe, explotan en luminoso beso.

Más un recargado ejercicio de estilo que una narrativa como tal, Ultra Pulpe presenta a dos mujeres, una actriz y una directora de cine, que en medio de un paraje post apocalítpico, buscan consumar su romance. La estridencia visual de Mandico evita toda sensación de gratuidad y encuentra un frágil balance entre simbolismos huecos e ingenioso diseño de producción, rico en saturación y glamorizado a puntos paroxistas. Mandico entiende el mercado audiovisual desde la imperiosa necesidad del exceso y es a partir de ahí de donde crea un estilo ideal para el presente, pero quizá por ello, perecedero.

Por JJ Negrete (@jjnegretec)

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