Macabro FICH: ‘Nightmare Cinema’

¡Ah, la antología de terror! En la actualidad parece que no pasa un año sin que tengamos el estreno de una nueva y –fallidas– propuestas recientes como la americana/canadiense XX: Pasión por el horror y la mexicana México Bárbaro II han incrementado la desconfianza hacia un formato que, de por sí, suele entregar resultados irregulares. 

Si XX: Pasión por el horror tenía la particularidad de ser una antología realizada exclusivamente por mujeres, y México Bárbaro II por directores nacionales, Nightmare Cinema –filme inaugural del Macabro FICH XVII– no cuenta con algo inmediatamente distintivo, aunque sí con nombres de mayor peso: Joe Dante y Mick Garris (creador de la serie Masters of Horror y ahora también productor de esta antología) encabezan la lista de directores que también incluye a Alejandro Brugués (Juan de los muertos), Ryûhei Kitamura (Versus) y David Slade (30 días de noche). 

El concepto de Nightmare Cinema es que cada uno de los cinco cortos es una película dentro de la película, las cuales se proyectan en el cine al que hace referencia el título ante el desconcierto de algunos de los protagonistas, quienes se ven reflejados en la pantalla grande, obviamente en historias de corte terrorífico. 

Nightmare Cinema abre con la aportación del cubano Alejandro BruguésThe Thing in the Woods, cuya joven mujer protagónica entra al cine de las pesadillas para verse en un slasher, huyendo de un misterioso asesino. El giro de tuerca que le brinda Brugués, expandiendo un escenario clásico de slasher a la ciencia ficción en clave similar a Slither, de James Gunn, sirve como un buen aperitivo, aunque lamentablemente en Nightmare Cinema el plato fuerte nunca llega, mucho menos el postre, ni siquiera de la mano de los veteranos Dante y Garris. 

El segundo segmento Mirare, dirigido precisamente por Joe Dante, sigue a otra joven con una cicatriz en el rostro que le provoca inseguridad, así que antes de su boda decide aceptar la propuesta de su prometido y someterse a una cirugía estética. En Mirare, sucede lo que nos imaginamos desde el principio, siendo un corto destacado a nivel visual en su conexión con el body horror pero que carece de mayor profundidad en su lineal narrativa y, en consecuencia, de un desenlace contundente. Un problema similar afecta al prometedor segmento This Way to Egress, de David Slade, terror psicológico filmado en blanco y negro acerca de una madre de dos niños que bien podría estar enloqueciendo, aunque al final no se llega a ninguna parte.

Antes de esta decepcionante aportación, está el tercer corto: Mashit de Ryûhei Kitamura, curiosamente escrito por la mexicana Sandra Becerril, responsable de la infame Están aquí (una cinta sin presupuesto que, me parece, desapareció por completo del mapa tras su presentación en el Feratum 2014). En esta ocasión, Kitamura y Becerril apuestan por la imaginería religiosa, con una historia sobre las secuelas que dejó un suicidio dentro de un convento de infantes, el cual quizá fue producto de algo paranormal. Posesiones demoniacas, un posible exorcismo, clichés, actuaciones poco convincentes y situaciones torpes se conjugan en un corto que tiene sus mejores momentos cuando no se toma en serio a sí mismo en lo más mínimo, i.e. cuando el padre protagonista encabeza una carnicería digna del cine de serie B. 

Finalmente está el segmento de Mick GarrisDead, sobre un jovencito que antes de ser baleado por un asaltante, atestigua el brutal asesinato de sus padres. A pesar de haber muerto oficialmente, este chico eventualmente despertará en el hospital, sólo para ser confundido y aterrorizado tanto por fantasmas como por el mismísimo criminal que le quitó a su familia, al tiempo que conoce a otra chica internada que también volvió de la muerte. Un filme decente cuyo clímax se ve arruinado por la risible ejecución de la secuencia clave que ve interactuar al protagonista con sus fantasmas. 

Con la breve aparición de Mickey Rourke como el proyeccionista de la pesadillesca sala de cine que conecta a todos los segmentos, Nightmare Cinema es una antología prescindible, mediana, parte de un subgénero del terror tan recurrido hoy en día que, por ende, se necesita de algo verdaderamente memorable para sobresalir. No es el caso. 

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