Bitácora del FICM – Día 3: Los tiempos de la mirada

En esta ocasión, el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM) nos brinda una óptica femenina que está permeada por una neurosis silenciosa, una que ha sido nutrida por preceptos masculinos sobre la salud mental y sobre el tiempo. De la belleza plástica de un filme del gran actor y sobre todo buen tipo, Tommy Lee Jones, en su “western” The Homesman, hasta la madurez narrativa del gran cineasta y crítico francés Olivier Assayas en su película Las nubes de María (Sils Maria, 2014), y que también hace una aparición especial en el documental Pierre Rissient: Man of Cinema (2007), del también crítico Todd McCarthy. Este último presenta a un hombre que ha dedicado su vida a la promoción del cine. El acto de ver se ha convertido, a estas alturas, en un exquisito padecimiento.

The Homesman, de Tommy Lee Jones

Lidiar con lo que se define como “locura” es una actividad que parece requerir una volátil mezcla de brutal temple y humana sensibilidad. No parece ser necesario el conocimiento de una profunda etiología para entender que la gente que se encuentra en un estado mental delicado requiere de una atención que sea capaz de ver más allá de su padecimiento y entender su síntoma como un desesperado grito de ayuda. El emblemático actor y, ahora cineasta estadounidense, Tommy Lee Jones, presenta en The Homesman que la locura es una cualidad endémica, no accidental.

Después de haber conquistado a amplios sectores de la crítica con su ampuloso debut Los tres entierros de Melquiades Estrada (The Three Burials of Melquiades Estrada, 2005) y haberse hecho de un par de premios, incluyendo uno para Guillermo Arriaga, Lee Jones adapta la novela de Glendon Swarthout en la que la solitaria Mary Bee Cuddy (una magistral Hillary Swank) debe escoltar a tres mujeres que están enfrentándose a los demonios de la psicosis, llevándolas de Nebraska a Iowa (como de aquí a Cabeza de Juárez), encontrando en el camino a un simpático borrachín que es reducho para eso de la pistoleada (bonachón Tommy Lee Jones).

La línea argumental de The Homesman ha despertado comentarios que lo tildan como un “western feminista”; sin embargo, lo que parece mostrarse son los efectos de un desolador machismo cuyo mito ha sido edificado de manera aplastante por la imaginería popular estadounidense, particularmente la del lacónico maestro John Ford. Sin embargo, Lee Jones adopta una postura que enfatiza la crudeza psicopática y la matiza con bruscas pinceladas, lo cual lo separa del cineasta que parece intentar emular: el brillante Anthony Mann (The Furies, 1950), que hace un sutil trabajo de construcción de personaje acompañado de un sentido plástico formidable.

Pierre Rissient: Man of Cinema, de Todd McCarthy

Una vida dedicada a la promoción y búsqueda de perspectivas frescas que remuevan las nociones de lo que los espectadores esperan de un filme debe ser regida por alguien que sea capaz, primero, de tener la sensibilidad suficiente para identificar “lo nuevo”, y que sea lo suficientemente perspicaz para saber que la trascendencia yace en un primer esbozo fílmico. La labor de un auténtico “diplomático” del cine, el crítico francés Pierre Rissient, semimonarca de Cannes, es presentada en tono indulgente pero rebosante en testimonios de personalidades de gran calibre como Clint Eastwood, Abbas Kiarostami, Jane Campion, Olivier Assayas, Hou Hsiao Hsien, Quentin Tarantino, entre otros, por el también legendario crítico estadounidense Todd McCarthy.

El documental cubre prácticamente toda la carrera de Rissient, desde sus precoces y fatuos romances de elegante cinefilia en su niñez con Grémillon, Renoir, Becquer o Duvivier, pasando por su vinculación con la sobadísima nouvelle vague asistiendo a Chabrol, Rohmer y Godard, sus triunfos como programador en un cine local donde hacía de la curaduría “el arte de ver”, un ejercicio de declaración de principios, haciendo apasionadas defensas de cineastas como el genial Anthony Mann, siguiendo la tradición del mítico héroe de la cinemateca francesa, Henri Langlois.

McCarthy presenta una mano ágil para llevar el documental gracias a las fascinantes anécdotas de Rissient, que incluyen una sobre el titán Fritz Lang y su peculiar interés por apreciar, con todo y monóculo, el hito del cine porno, Garganta profunda (1972), con lo que hace las delicias de aquellos familiarizados con la avasalladora cantidad de nombres y títulos espetada contra el espectador a vertiginoso ritmo, pero hace falta más que un afán enciclopédico para educar a la audiencia; primero es necesario educar la sensibilidad. El trabajo de Rissient ha permitido que el mundo abra sus ojos a la otredad, pero en ese placer ajeno, existen nociones universales, las del cine auténtico.

Las nubes de María de Olivier Assayas

Olvier Assayas es un cineasta que sorprende por su admirable versatilidad y camaleónica voz autoral, capaz de mantener una claridad envidiable en su discurso que va desde la rabia formal de Irma Vep (1996) a un revisionismo clásico en Las horas del verano (L’heure d’été, 2008) y que en su nuevo filme, Las nubes de María (Sils Maria, 2014) encuentra una maduración de tan rígido temple, que es engañosamente simple. El filme presenta la historia de la afamada actriz Maria Enders (la celebrada Juliette Binoche), que después de haber interpretado a Sigrid, una candorosa joven que lleva al abismo existencial a la madura Helena en la obra La serpiente de Maloja es invitada, 20 años después, a hacer el papel de Helena mientras que el de Sigrid recaerá en la joven actriz hollywoodense Jo-Ann Ellis, interpretada por Chlöe Grace Moretz, quien, por cierto, ya alcanza el timbre.

La delicada, mas fortísima construcción de personajes que alcanza Assayas en cada uno, bordea en un virtuosismo que se mueve en el humanismo alcanzado por Jean Renoir (Las reglas del juego, 1939) y que tiene un cariz propio de un cineasta en plena madurez, como el Antonioni de Identificación de una mujer (Idetificazione di una donna, 1984), permitiéndose la inclusión de momentos que rompen con ese ritmo, con la misma gracia que las nubes que entran en los alpes en el fenómeno meteorológico que da título a la obra dentro del filme. La destrucción interna de Enders es profundamente dolorosa gracias a la habilidad de Binoche, quien obtiene una sorprendente y sólida réplica de Kristen Stewart, que interpreta a su joven asistente, Valentine.

Assayas hace una declaración sobre el estado actual del cine y su “psicología pop” haciendo contrapeso entre la postura de Enders y la de Valentine sobre una amplia gama de temas. Las nubes de María se trata de un bello y nada efectista juego de espejos, donde los reflejos entre la obra y la realidad crean una imagen nítida de la renuencia a aceptar que la cronología es irrelevante en el marco de la atemporalidad.

Por JJ Negrete (@jjnegretec)

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