‘Wall Street’, una película sin final feliz

Una de las paradas fílmicas obligatorias entre los seguidores y entendidos de la jerga bursátil, apasionados de los mercados y el mundo financiero, sin duda es Wall Street (1987), aquella emblemática película estelarizada por Michael Douglas y Charlie Sheen, dirigida bajo la tutela casi siempre firme y clara de Oliver Stone. El éxito de esta primera entrega que retrata el mundo ganar-ganar de los corredores de bolsa no fue poca cosa: para algunos es un homenaje fiel al capitalismo, otros más la tildan de espejo del mundo bursátil de Estados Unidos y sus vicios.

Pero más allá del contexto financiero, que resulta interesante conocer a través no sólo de ésta sino de su, un tanto desafortunada, secuela, Wall Street: Money Never Sleep (2010), Oliver Stone nos menciona apenas una parte del mundo financiero. Es una película que nos habla más de elementos básicos e inherentes a todo ser humano. ¿Qué hay detrás del ganar en la bolsa? Información privilegiada, control, poder, ambición, ausencia de ética, escrúpulos; un mundo apasionante y caótico, sumamente complejo y que Stone intenta ver más a profundidad en su secuela de 2010 sin delinear, a mi parecer, una historia sólida o con personajes más contundentes, cosa que sí sucede en la primera parte sin ahondar demasiado en el contexto.

De alguna manera son dos historias que en sus carencias narrativas se pueden llegar a complementar de una manera un tanto forzada, pero al final la idea o intención de Stone cuajó, sin que ello tenga una connotación relevante en términos fílmicos.

Para quien no recuerde mucho la de qué va la primera parte de Wall Street del 87, el asunto va así: Bud Fox (Charlie Sheen) es un joven broker que quiere ser mejor en su lectura de los mercados. Gordon Gekko, personificado por un soberbio y memorable Michael Douglas, es el gurú que le mostrará a Fox el mundo de quienes se arriesgan día a día en la bolsa, uno lleno de derroche, manejo de información, compra de fuentes, ausencia de escrúpulos y ganas de poder. Ambición.

En la segunda parte, de 2010, Gekko sale de la cárcel nada más para demostrar que un financiero con hambre nunca aprende la lección, dándole al traste a la vida de su hija y, de paso, ayudando a que el mercado se vaya al carajo.

En realidad, la saga Wall Street se debate en la discusión cinematográfica como un parangón de la sociedad estadounidense contemporánea y como una muestra francamente pobre y sin mayor repercusión para quienes gustan del mundo bursátil.

No obstante, la películas siguen siendo referente inmediato del tema. Para resolver dudas y echarle un nuevo ojo a estas películas y el mundo bursátil real me cité a tomar un café con Georgina Ruiz, analista para la agencia especializada de información Visor Financiero, quien además de su amplio conocimiento y experiencia en el mundo de las finanzas es cinéfila asidua y abierta a otros lenguajes de expresión humana. La siguiente conversación versa sobre esos personajes y escenarios que vemos en las dos películas que integran la saga de Wall Street.

Al propósito del trago amargo por el que parece estar pasando la economía no sólo de Estados Unidos sino del mundo entero, colapso europeo y estancamiento asiático incluidos, y del especial al respecto de Butaca Ancha, Georgina nos da claves a las que Oliver Stone está conectado en estas dos películas, en su contraparte real: el mercado.

Butaca Ancha: ¿Las películas que conforman Wall Street son fieles al mundo financiero?

Georgina Ruiz: Sí; en la primera nos muestran básicamente el mercado que se empezaba a desarrollar, y cómo la falta de regulación les daba todas las facilidades de usar toda la información a su favor. Por eso es que a Gekko lo meten a la cárcel; él tiene información que no está validada y comienza a mover las acciones con eso y hace mucho dinero.

En la segunda vemos las consecuencias de eso, de cómo creció un mercado que se hizo rico así, con un engrapado abrumador de derivados. Sabes que algo lo respalda pero que no vale nada. La falta de regulación es lo que te llevó a todo eso, y por eso es que se están sufriendo los estragos que vemos actualmente. Y entonces ahora va de regreso: están volviendo a regular, pero va a pasar lo mismo.

BA: Entonces podemos ver una tercera parte sin problemas, ¿cómo sería?

Georgina: La tercera parte sería una que nos mostrara cómo fueron aprovechando todas estas medidas de rescate que les dieron los bancos centrales, la compra de bonos, etc., que estamos viendo ahora. Porque se está haciendo mucho dinero ahí, son ganancias (…) Mientras ellos (Estados Unidos) pongan las reglas del juego, tendrán la capacidad de regenerarse sin importar las crisis que tengan, además, provocadas por ellos mismos.

BA: De alguna manera, los personajes en Wall Street son amorales; cometerán las trampas necesarias para ganar a costa de lo que sea. El personaje que encarna Charlie Sheen es la rectitud y la moral que no lo logra del todo, mostrando a Gekko como el triunfo de la falta de escrúpulos. De alguna manera uno entiende el personaje como el carácter maximizado para la historia en la pantalla, pero, ¿tenemos personajes así de maquiavélicos en la vida real?

Georgina: Por supuesto, el mundo bursátil requiere en buena medida de una falta de escrúpulos. Gekko es un poco como Madoff (Bernard, famoso por el fraude por cerca de 50,000 millones de dólares, el más grande cometido por una sola persona): tiene una condena de por vida, porque su fortuna está basada en la bancarrota de muchas personas, no le importó. Cuando descubrieron su negocio, pone las propiedades a nombre de otros miembros de su familia, metiéndolos a todos en un proceso legal.

BA: En ese sentido, ¿qué le falta a las películas, que sí está en la realidad?

Georgina: Lo que pasa es que las películas te muestran “el lado bueno” de las crisis, en una onda de “sí, salimos de la crisis porque nosotros pusimos las reglas del juego”. Pero las películas no te hablan del costo humano real, eso les hace falta. De alguna manera Wall Street es importante porque te retratan a la nación más poderosa, el ombligo, desde donde se crearon estas enormes redes financieras. Lo interesante sería ver lo de ahora: está pasando por la peor crisis en su historia, pero no importa porque todo mundo le financia las cosas, parece tener el mundo a sus pies. El verdadero actor de esas películas es Estados Unidos: los chinos comprándole bonos, los europeos que les compran mercancía, América Latina que es su gran fábrica.

BA: Parecería que esta saga, tanto en la pantalla como en la realidad, no tiene un final feliz. ¿Cómo sería un ‘final feliz’?

Georgina: Difícil, porque los financieros siempre quedan solos y enfermos, no sólo físicamente. Por ejemplo, con los bancos: que tuviera una visión más humana. Que el banco dijera: “ok, el gobierno me da dinero, se la voy a dar a la clase trabajadora porque ellos mantienen mi cartera, les doy crédito para que hagan sus casas, etc.”, y la economía se reordena y sigue habiendo ganancias. Pero parece que no habrá buen final.

Por Ricardo Pineda (@RAikA83)

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