‘Una noche para sobrevivir’: El final de la búsqueda

Fue antes de que muriera su esposa, Natasha Richardson, que Liam Neeson comenzó a convertirse en una estrella de cine de acción. En 2008 apareció la primera Búsqueda implacable (Taken), pero fue después de la pérdida de su mujer, en 2009, que el actor continuó con una filmografía basada principalmente en el nihilismo de un hombre que se rehusa a morir. Bryan Mills, John Ottway, Bill Marks, Matt Scudder, son sobrevivientes, renegados en busca de la redención antes de perder la consciencia. Dos alcohólicos, un suicida, un estorbo para el aparato del Estado, estos hombres son parias, en su mayoría, de sí mismos; en su totalidad, lo son para un mundo que no les encuentra uso a sus “particulares conjuntos de habilidades”. Son bestias que sólo entienden la sangre; seres melancólicos que suelen fracasar en su intento de protegernos. Las muertes de Lenore, en Búsqueda implacable 3 (Taken 3, 2014); de los compañeros de Ottway en The Grey (2011), o de algunas de las víctimas del círculo de pederastas de Un paseo entre las tumbas (A Walk Among the Tombstones, 2014) son el lamento de un héroe impotente que llega tarde a su oportunidad de salvar y de cambiar.  

La conclusión de Una noche para sobrevivir (Run All Night, 2015) detiene estas convenciones y, dependiendo de las próximas apariciones de Neeson en pantalla, podría significar un evento definitorio en su carrera. Cuando Mike Conlon (Joel Kinnaman) mata al hijo del gángster Shawn Maguire (Ed Harris), Jimmy (Neeson), su padre, encuentra una oportunidad para regresar a su familia y rescatar a su hijo, aunque esto signifique desafiar a Shawn, su empleador y amigo. Alcohólico y paria, Jimmy es la figura más indigna entre los héroes recientes de Neeson. Su vida resulta tan insignificante entre los gángsters con quienes trabaja, que un adelanto de su sueldo requiere como pago ponerse un disfraz de Santa Claus. Jimmy, quien fue alguna vez un asesino con un pasado cercano a lo genocida, es interpretado por Neeson como un ogro penitente, frágil, que en la persecución recupera su bravura. Jimmy resulta una suerte de Matt Scudder filtrado por un sueño.

Una noche para sobrevivir es una fantasía de redención paternal. El deseo de Jimmy es el de todos los padres fracasados: la reconciliación y el reconocimiento. La ruina del padre es la incapacidad de defender al hijo, y en este caso lo contrario permite la transformación de lo monstruoso en benigno. Cuando un asesino es contratado para matar al padre e hijo en fuga, Jimmy lo combate con un estilo de pelea sucio, tramposo, que, dada la nobleza de su motivación, no es ilustrado por el director Jaume Collet-Serra como la expresión de un carácter terrible, sino como la necesidad de un padre amoroso. El estilo de la película responde de la misma manera a las necesidades temáticas y comerciales. En otra escena, Jimmy corta el cuello de un hombre; sin embargo, en el cadáver la herida es invisible. No es un muerto el que nos muestra Collet-Serra: es un hombre dormido.

Estamos ante un filme romántico donde la violencia emociona, en vez de confrontar. El diálogo nos acerca al corazón de un grupo de sombras arrepentidas. “Tuve que matar a gente que amaba”, explica Shawn. No pasa tu vida frente a tus ojos, sino tu arrepentimiento, nos explica Jimmy al principio de la película. Este tono se comparte con las demás cintas de acción de Neeson, pero aquí alcanza lo catártico. Liam no pudo salvar a Natasha, pero el cine puede curarlo: en el cine él puede ser Jimmy y mantener la familia de Mike completa, a salvo. Si Joshua Oppenheimer mostró el cine como un instante de reflexión y humanidad en El acto de matar (The Act of Killing, 2012), la carrera reciente de Neeson nos lo muestra como un proceso de curación.

La importancia de este filme para Neeson podría ser genuina. La muerte es un símbolo de cierre que sugiere el final de las persecuciones y las matanzas para el actor. Ted 2, Entourage, A Monster Calls, Silence, de Martin Scorsese, los próximos proyectos de Neeson, lo prometen. Estas películas lo alejarán de la violencia y la última lo acercará a Dios. Redimido por los espectadores, por la taquilla y sobre todo por sí mismo, el héroe ha encontrado el final de su búsqueda, pero no el reposo. La aventura adquiere nuevas posibilidades que confrontarán al actor sexagenario ya no con el riesgo y la muerte, sino consigo mismo.

Alonso Díaz de la Vega (@diazdelavega1)

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