‘The Night Of’: El andar de la justicia

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De la ensoñación nocturna…

En la noche no existe la justicia, menos en el cegador ambiente pluricultural de Queens, Nueva York. Con crímenes pasionales acaeciendo de manera diaria, todos los que no sean “blancos” ostentan una sospecha inherente: la del foráneo. Es justo ese prejuicio, tan en boga en medio de turbulentos tiempos electorales en Estados Unidos, donde se desarrolla la serie The Night Of (2016): uno de los proyectos televisivos que la prestigiosa cadena HBO presentó este año.

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…a la atrocidad insomne.

El detonante de la trama es el asesinato de una bella joven, supuestamente a manos de Naz (Riz Ahmed), un joven universitario de ascendencia islámica que después de tomar el taxi de su padre por una noche, tiene un encuentro fortuito con dicha mujer, quien, después de tener sexo casual, despierta masacrada y Naz no recuerda absolutamente nada. Lo que sigue es una oscura inmersión en un sistema penal y judicial que extrapola prejuicios sociales y una maquinaria de códigos presidiarios que transforma brutalmente a cualquiera que, justa o arbitrariamente, caiga ahí.

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Un agobiante espacio…

Originalmente concebida por el finado actor James Gandolfini (The Sopranos), la serie creada por el escritor Steve Zaillian (La lista de Schindler, La chica del dragón tatuado), es un rebosante mosaico urbano, hostil y duro que remite a las urbes crudas de Scorsese (Taxi Driver, 1976), Schrader (Hardcore, 1977) o Fincher (Se7en, 1995): elegantemente texturizadas y vívidas en su gradual proceso de descomposición. The Night Of constantemente hace énfasis en el agobiante peso del espacio sobre sus personajes a través de un hábil uso de códigos visuales y un refinado lenguaje cinematográfico.

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…en el que los muros hablan.

Aunado a su riqueza y clase plástica, The Night Of a lo largo de su primera temporada se apoya en un contexto socio político con un matiz alegórico sutil. El ejercicio del poder se subraya desde el penetrante hedor racista de la cloaca que el republicano Donald Drumpf únicamente destapó y, aun en su asfixiante xenofobia, hay lugar para la justicia, incluso de fuentes inesperadas. En este caso, el abogado Jack Stone con todo y su severa aflicción podóloga que le impide usar fino calzado como los demás abogados.

Stone, interpretado con entrañable y descarado aplomo por el gran John Turturro, se convierte en el ambiguo centro moral de este relato urbano, ya que desde fuera investiga y protege a su cliente, con quien ha desarrollado un extraño vínculo, gracias a su condición de paria, rechazado y marginado por sus colegas e intereses amorosos. Quienes lo aceptan incondicionalmente son únicamente las prostitutas que contrata para desahogarse, tanto física como emocionalmente.

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El simple acto de ser…

Por otro lado, el actor británico Riz Ahmed sufre una transformación, que podría parecer erosión, a lo largo de los ocho episodios que incluye no solo su complexión física sino toda una cosmovisión que se cimbra ante el peligroso carisma de Freddy (el intimidante Michael Kenneth Williams). De ser un incauto joven universitario, Naz gradualmente se convierte en una “bestia sutil”, tonificando su cuerpo y encurtiendo su espíritu con bestial violencia apoyada en el dogma de El llamado de la selva de Jack London y El arte de la guerra de Sun Zu (según Freddy, el libro más leído en prisión).

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…que condena.

Ahora Naz acepta el novísimo “pecado original”, ese que después de los atentados del 11 de Septiembre hizo que el Islam se convirtiera no solo en un “perfil” para las agencias de seguridad nacional, sino en una condición que inmediatamente despierta encono, rabia y, sobre todo, miedo. Si ya la justicia es ambigua y zozobrante, a lo único que no es ciega es al prejuicio. Resulta paradójico que detrás del primer juez que procesa a Naz, se lea en letras doradas: “la Ley gobierna al hombre, la razón a la ley”, pero ¿quién detenta “la razón”? Evidentemente, en términos foucaultianos, quien detenta el poder.

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La urbe ahogada.

Es bajo estas  asfixiantes nociones y con una aguda coyuntura sociopolítica que The Night Of se convierte en una serie a seguir. Además de su impecablemente taciturna factura a nivel de producción y su afilada construcción narrativa, la serie cuenta con un brutal ensamble actoral, en el que destacan, además de los ya mencionados, el abatido Bill Camp, la glacial temple de Jeannie Berlin y el velado candor de Amara Karan. En esta urbe hípercontemporánea creada por Zaillian, la verdad no libera más de lo que incrimina, pero la justicia, aún con los pies roídos, es capaz de pisar con la misma cautela que un gato, los lugares en los que la noche se fuga.

Por JJ Negrete (@jjnegretec)

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