‘Venom’ o como sobrevivir al recelo

Eddie Brock (Tom Hardy) es un socarrón periodista urbano venido a menos, quién se halla investigando los presuntos (y terroríficos) experimentos entre seres humanos y simbiontes alienígenas llevados a cabo de manera ilegal por una influyente empresa de alta tecnología; cuando uno de los simbiontes se introduce en su organismo, Eddie adquiere descomunales poderes que lo obligarán a lidiar no sólo con el corrupto y poderoso dueño de la corporación (Riz Ahmed) sino también con el talante agresivo y el insaciable gusto por la carne humana de su singular “huésped.”

Once años después de su primera aparición en Spider-Man 3 (Sam Raimi, 2007), el voraz anti-héroe creado por David Michelinie y Todd McFarlane hace su primera aparición en plan estelar de la mano del director Ruben Fleischer (quién viene de realizar la exitosa Zombieland y la anodina Gangster Squad), en una de las películas más vapuleadas antes de su estreno por buena parte de los fans más radicales de Marvel y por la critica especializada. Si de encontrarle los puntos flacos al asunto se trata, hay tela de a madres dónde cortar: el argumento no luce particularmente novedoso, sobre todo si retrasamos el reloj apenas dos semanas y tomamos en cuenta Upgrade: La máquina asesina, la cuál trataba un tema similar y mucho mejor desarrollado; salvo Tom Hardy, el resto del elenco parece interactuar bajo una especie de hipnosis colectiva –en especial la inexpresiva Michelle Williams, quién a ratos, da la impresión de encontrarse bajo el influjo de buenas dosis de diazepam– o el que hayan desperdiciado el interesante potencial del guión sin reflexionar sobre la tenue línea entre el heroísmo y la malignidad, así como los ambiguos preceptos morales del protagonista.

A la mala opinión de sus detractores seguramente mucho contribuyeron las (falsas) promesas por parte de Fleischer, quien aseguraba que el film estaba pensado para un publico adulto, con el objetivo de hacerle los honores a la fama sanguinaria y obscura del personaje, y las controvertidas declaraciones del propio Hardy, quién dijo inicialmente que sus partes preferidas del film no habían pasado de la mesa de edición, viéndose obligado un par de días después a rectificar sus palabras afirmando que estas habían sido sacadas de contexto, lo que hizo suponer a muchos un nuevo caso similar al de Zack Snyder y su muy fallida Liga de la Justicia.

En ese sentido, los chorros de sangre y la violencia explicita características del cómic brillan por su ausencia, mientras el Eddie Brock de Hardy resulta aquí bastante menos siniestro que el oportunista (y esencialmente malevolo) Eddie Brock encarnado por Topher Grace en la cinta de Sam Raimi, siendo su somero sentido de la ética periodística el que provoca su crisis sentimental y profesional, y si bien sus acciones son mayoritariamente guiadas más por el rencor que por un genuino animo justiciero –”En mi mundo soy un perdedor igual que tu, Eddie, pero en el tuyo podemos ser mucho más”, le espeta en algún momento Venom a su horrorizado portador– al final tanto Eddie como el simbionte terminarán por hacer suya aquella máxima del buen Ben Parker (“un gran poder conlleva una gran responsabilidad”) en aras de no repeler a las audiencias y –para bien o para mal– adecuarse a la clasificación PG-13 de la cinta.

Sin embargo, pese a sus limitaciones y a la poca consistencia del producto final, si antes de entrar a la sala se deja convenientemente encargado el cerebro con los chicos de la taquilla, esta Venom bien puede resultar un eficaz pasatiempo gracias a su saludable cantidad de crueldad, humor negro y mala leche presentes en una película cuyos mayores aciertos son el tratar de alejarse un poco de los parámetros establecidos por el MCU, el contar con la presencia de un adecuado protagonista, y al final del día, su esmero por cumplir las expectativas generadas a partir de los numerosos trailers y adelantos del film, cuyo principal obstáculo a vencer será la ola de comentarios negativos a su alrededor por cortesía de aquellas eruditas voces y puntuaciones “siempre” poseedoras de la verdad absoluta en cuánto a lo que debe verse o no.

Difícilmente la avalancha de opiniones adversas le debe estar quitando el sueño a Sony en estos momentos (allí están los 80 millones de dólares recaudados durante su primer fin de semana tan sólo en el mercado local para comprobarlo) pero como siempre decimos aquí, más vale una opinión propia en base al visionado de una película, que dejarse llevar por prejuicios ajenos, y aunque es cierto que esta cinta no es ningún parteaguas dentro de la historia del género, suponemos que bien vale la pena darse una vuelta para ir a verla, siendo el lector quién siempre debe tener la última palabra, aunque para bien de una alabanza se trate, o para peor, de una mentada de madre también.

Por Venimos, los jodimos y nos fuimos

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