Arriesgarse a la independencia fue el lema central de esta edición del Festival de Cine de Sundance. Algunas películas lo honraron, otras, como era de esperarse, no tanto. Aquí una selección de aquellas que, gracias a ciertas búsquedas formales o narrativas, alcanzan a proponer nuevas y valiosas maneras de pensar la imagen en movimiento.

  • Divino amor (Gabriel Mascaro, 2019)

Lo nuevo de Gabriel Mascaro, situado en un Brasil del futuro, plantea un mundo donde todo está extremadamente burocratizado y controlado. Hay scanners en la entrada de los edificios donde se detectan datos sobre quien atraviese la puerta –si se trata de personas casadas, divorciadas, mujeres embarazadas…–, hay sacerdotes con drive thru disponibles para consultas y consuelo, y una iglesia cuya devoción se parece mucho a un fenómeno pop. Joanna, una mujer que trabaja en una oficina gubernamental, intenta canalizar sus deseos de tener un hijo en este mundo y comprender la frustración consecuente a través de su participación en la iglesia. Este relato futurista disecciona el deseo y la injerencia que tienen en el cuerpo femenino la religión, la sociedad y la burocracia: el cuerpo femenino en el futuro no ha dejado de ser un campo de acción para las fuerzas políticas.

  • The Last Black Man in San Francisco (Joe Talbot, 2018)

Un joven se juega todo para recuperar la casa construida por su abuelo, el primer hombre negro en San Francisco. Su sueño, que conforme avanza el relato se muestra cada vez más inaccesible, se convierte en una cruzada por salvaguardar sus raíces y, de alguna manera, encontrarle un sentido al presente a partir del pasado. El tema responde a uno de los ejes temáticos de esta edición del festival –y en general de la industria cinematográfica estadounidense actual–: la reivindicación de las búsquedas identitarias de las minorías en un país cuyo status quo las ha ignorado históricamente. El reclamo por el derecho a un territorio es abordado en este microuniverso dándole un rostro concreto y así convirtiéndolo en una lucha íntima, personal, y sumamente entrañable.

  • The Souvenir (Joanna Hogg, 2019)

Joanna Hogg convierte la historia de la relación entre Julie (Honor Swinton Byrne), una estudiante privilegiada de cine, y Anthony (Tom Burke), un hombre mayor que ostenta su supuesta superioridad intelectual, en un relato sobre la ambivalencia del amor. El vínculo entre estos dos personajes abismalmente opuestos se traduce a lo visual a través de contrastes en los planos –close-ups extremos y tomas fijas abiertas de habitaciones donde los personajes entran y salen– y los espacios –el interior del departamento donde viven y un paisaje siempre inalcanzable. El encuentro de estos dos mundos detona una serie de conflictos que radican siempre en la distancia –social, ideológica y afectiva–, para así poner sobre la mesa los costos posibles de ir al encuentro del otro y las contradicciones que de esto emanan.

  • The Wolf Hour (Alistair Banks Griffin, 2019)

En The Wolf Hour, la depresión de June (Naomi Watts) es retratada de forma claustrofóbica y asfixiante: la acción sucede casi completamente dentro del departamento de esta escritora autoexiliada y sepultada en vida entre libros viejos y un sentimiento de culpa que se irá develando conforme avanza la trama,. El único contacto con el mundo externo se da a través de las ventanas, la puerta entreabierta, el teléfono y un timbre que suena insistentemente en la madrugada, construyendo así un ambiente de terror interior que encuentra la fuerza en su sutileza.

  • We Are Little Zombies (Makoto Nagahisa, 2019)

Cuatro niños que acaban de volverse huérfanos y no logran llorar se conocen afuera del crematorio mientras ven el humo al que han sido reducidos sus padres. Deciden formar una pequeña comunidad y, como si estuvieran en un videojuego, atraviesan la ciudad recolectando objetos, cumpliendo misiones y recordando sus propias historias. Makoto Nagahisa –que regresa a Sundance después de haber ganado en 2017 el Gran Premio del Jurado con su cortometraje And So We Put the Goldfish in the Pool– entrega una de las piezas más sorprendentes de esta edición. El guión, que combina un humor ácido con reflexiones avasalladoras sobre la vida, la muerte y el duelo, se empalma con un montaje que responde por igual a la lógica del collage y a la del videojuego. Nagahisa se salta las convenciones formales y narrativas para traernos una película desafiante y extrañamente conmovedora.

  • The Farewell (Lulu Wang, 2019)

Lulu Wang presenta esta cinta autobiográfica advirtiéndonos simpáticamente que lo que veremos se basa en una mentira real. The Farewell, que sigue la historia de una familia china que decide ocultarle a la abuela que tiene cáncer terminal, en lugar de decantarse por la tragedia, se permite detenerse en una risa que encuentra maneras de emerger en medio del profundo dolor. Las dinámicas familiares en The Farewell constituyen una especie de paisaje donde, más que protagonistas claros, lo que prevalece es un esfuerzo en conjunto por construir una burbuja de afectos que proteja a la abuela moribunda, más allá del choque cultural entre la parte de la familia que vive en Estados Unidos y las tradiciones chinas.

Series:

Como parte de la muy consistente selección de pilotos de series independientes del festival, aquí dos títulos particulares a los que vale la pena seguirles la pista.

  • Quarter Life Poetry (Samantha Jayne, 2019)

Samantha Jayne, quien se dio a conocer hace tiempo en el mundo del internet por hacer poemas breves sobre la cotidianidad millennial, ahora los ha traducido al lenguaje audiovisual en una serie de cortos que responden a distintos aspectos de su día a día. Los viernes en la noche, las stories de Instagram, la convivencia con los compañeros del trabajo, el tedio de la oficina, la ansiedad social y la angustia del futuro son representados por medio de flujos de consciencia e imágenes con un lenguaje cinematográfico que cambia en servicio de cada situación. Esta serie de viñetas toma aquellas cosas aparentemente insignificantes que suceden todo el rato y las magnifica en función de la ansiedad, justo como sucede dentro de las mentes de nosotros los ansiosos.

  • Don’t Hug Me I’m Scared (Becky Sloan y Joseph Pelling, 2019)

Como sucesión a los seis episodios cortos que pueden verse en su canal de YouTube, Don’t Hug Me I’m Scared regresa con un piloto de media hora que permite que los conflictos de sus marionetas se desarrollen más profundamente. En este episodio, el cerdo alcalde del pueblo donde viven los personajes originales de la serie desaparece, detonando así una espiral de ambición y paranoia que saca lo peor de uno de ellos. Si los episodios anteriores eran perturbadores, esta nueva entrega alcanza un nuevo nivel, incluyendo más canciones y tomándose el tiempo de llevar las situaciones y los impulsos de los personajes hasta sus últimas consecuencias. Becky Sloan y Joseph Pelling lograron extender la duración de sus relatos manteniendo la calidad en la manufactura de las marionetas y los escenarios e, incluso, consolidando aún más el inquietante estilo de este fenómeno pop del internet.

Por Ana Laura Pérez Flores (@ay_ana_laura)

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