Los Cabos | Día 1: La elección de ‘La favorita’

En teoría, las cabezas de un Estado tienen como prioridad administrarlo, cuidarlo, procurar a los ciudadanos que lo componen. Su bienestar debería ser el único objetivo. Sin embargo, la realidad es muy diferente. Ése parece ser el tema detrás de La favorita (The Favourite, 2018), la película más reciente de Yorgos Lanthimos y la elegida para abrir las actividades de la séptima edición del Festival Internacional de Cine de Los Cabos (CIFF).

La película cuenta la historia de dos cortesanas. La elegida de la reina y casi casi gobernante regente, la recia Lady Malborough (Rachel Weiz); y su nueva sirvienta, la noble venida a menos, Abigail (Emma Stone). Ambas lucharán con todas las herramientas a su disposición por conseguir el favor de la monarca en turno, la Reina Anne (Olivia Colman), quien adora la atención sobre su depresiva y lastimera persona.

A lo largo de su película, Lanthimos parece estar evocando una de las cintas menos apreciadas de uno de los titanes de la cinematografía mundial: Barry Lyndon (1975), de Stanley Kubrick. Hay un intento por parte del cineasta griego por adoptar la mirada de uno de sus grandes maestros, después de todo su anterior película, El sacrificio de un ciervo sagrado (2017), también parecía evocarlo en más de una imagen. No obstante, Lanthimos no es ningún Kubrick y sus intereses también son otros a pesar de las similitudes.

Para Lanthimos, sus tres protagonistas son patéticas, de diferentes modos y medidas. Grandes señoras en su cabeza, sus preocupaciones no podrían estar más lejos del pueblo. Siempre más atentas a la carrera del afecto, así signifique humillarse, o a imponer su voluntad que en ayudar verdaderamente a sus súbditos. La lucha entre los personajes de Weiz y Stone llega a las trampas más viles del berrinche porque, en realidad, su estilo de vida no tiene otra salida, sólo existen en función de su lugar en la corte.

Quizá por eso La favorita parece tener asimismo ciertos apuntes que harían reír a Jean Renoir, quien también mostró gusto para reírse de la aristocracia, en su caso francesa, en Las reglas del juego (La Règle du jeu, 1939). La dinámica dentro de la corte de la Reina Anne es digna de sorna y de caprichos, cada triunfo es, en realidad, una victoria pírrica, trascendente porque el destino les dio un lugar privilegiado sobre el resto de la sociedad. Abigail podrá iniciar la historia como una sirvienta, pero a cada momento su afilada lengua se encarga de recordarle a todos su origen noble.

Lanthimos ha filmado, tal vez, su película más “tradicional”. Una aparente carta de presentación para Hollywood en busca de mayores presupuestos, en la que su lado más provocador queda un poco de lado y las nominaciones a los grandes premios aumentan en probabilidad. Esta lucha intestina por el poder es un juego en realidad de adolescentes berrinchudos, caprichosos y desdichados por la permanente atención que deben poner a sus maquinaciones.

Son como patos que inician su vuelo a la espera del perdigón de una escopeta que termine con su banal existencia.

Por Rafael Paz (@pazespa)

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