Rumbo al Oscar… Mejor Actriz

Una lista que estuvo a muy poco de ser completada por glorias pasadas, caso sucedido también el año pasado en la terna de mejor actor de reparto, que nos lleva a cuestionarnos sobre el peso que la Academia da a caras conocidas cuando existen pertinentes oportunidades de reconocer talento novel (Greta Gerwig, Adèle Exarchopoulos, Julia Louis-Dreyfus) ante la necesidad pública-políticamente correcta de aventar otro hueso al colmado plato de Meryl Streep. Este año se compone de manera muy tradicional, bajo estándares oscariles, de pasadas nominadas y ganadoras, algunas redefiniendo el oficio, mientras que otras apenas checando tarjeta.

Las nominadas son:

Amy Adams
por American Hustle

El flash es una cualidad abstracta que se basa en un impacto cegador y efímero que se desvanece apenas en segundos, perdiendo su fuerza a menos de que venga en apabullante caudal. El personaje de Amy Adams es puro flash, que se sabe olvidado una vez que pasa y que por ello depende de una exposición constante, una mujer vulnerable y débil que se oculta bajo un falso acento británico, necesitada de afecto y ataviada con fabulosos escotes que distraen a los incautos, pero unos ojos que no engañan a un experto timador. Amy Adams consigue su quinta nominación, la primera como actriz principal, gracias al desatinado desparpajo de O. Russell. Su momento vendrá seguramente, pero esperamos no sea por esta cinta menor en términos de su gran rango actoral. El escándalo Allen trabajaría a favor de ella, siendo la segunda en línea.

Cate Blanchett
por Blue Jasmine

Presenciar el marchitamiento de una flor es un espectáculo glacialmente destructivo que requiere de paciencia y un profundo sentido de contemplación para poder apreciarse en su totalidad. Lo que hace Cate Blanchett con Jasmine es presentar la degradación de la psique, que cae en manos de la más lacerante psicopatología, que degenera en sofisticada hebefrenia. Nunca el couture le había sentado tan bien a la esquizofrenia. Sin recargarse en antics innecesarios o exageraciones histriónicas, el proceso de Jasmine es creíble gracias al gravitas de Blanchett y su amplísima experiencia en su break del cine en la compañía teatral australiana. Lo único que podría arrebatarle el Oscar es la guerra de declaraciones “no me toques a los chiquitos” iniciada por Ronan y Mia Farrow en contra de Woody Allen, lo cual podría abrir camino para pagarle una “deuda” a Amy Adams.

Sandra Bullock
por Gravity

La supervivencia requiere de desapego, seriedad y fuerza. Es lo que Sandra Bullock logra transmitir en una actuación eminentemente física en el periplo espacial de Alfonso Cuarón, cuyos ingratos diálogos (ok, ok, ya) son espetados con convicción por Sandra, quien lleva los vertiginosos 90 minutos de la cinta con aplomo, desprendiéndose totalmente de su star persona, generando una empatía real con la audiencia. La escena del renacimiento de Ryan es un logro tanto para Cuarón como para Sandra. Después de llevarse el Oscar por su decente actuación en The Blind Side, más por méritos que por desempeño, este año Sandra se conformará con haber hecho un trabajo más sólido al servicio de un auténtico auteur. Reconocimiento más que suficiente.

Judi Dench
por Philomena

La voluntad y determinación materna siempre es un camino garantizado a la gloria  dorada, incluso para actrices con poca experiencia o que fácilmente caen en terreno lacrimógeno de fácil superficialidad. Judi Dench resulta realmente conmovedora, alejada de su duro porte británico, para encarnar una irlandesa tierna pero firme de convicción, Philomena Lee, una mujer cuyo hijo le fue arrebatado por la Iglesia católica para ser dado en adopción ($) y que ahora busca hallarlo con la ayuda de un periodista desempleado (Steve Coogan). Una interpretación carente de vanidad y sensiblería gratuita, con todo colmillo Dench es vulnerable, inteligente y cálida, pero así como su hijo, este Oscar está perdido.

Meryl Streep
por August: Osage County

Siempre existirá un problema cuando un personaje que resulta mítico en su medio se le entrega a una actriz que tiene el mismo tamaño. Ya habiendo experimentado esto con otro personaje del ámbito teatral (la Hermana Aloysius de Doubt), Meryl Streep recrea a la cancerosa madre del clan Weston, de boca fétida y dureza menguante, cuyas hijas desprecian e idolatran. Streep apenas hace esfuerzo y simplemente da sus registros usuales de la misma manera que un atleta olímpico da en los heats eliminatorios. Esta será la derrota número 15 para Streep, que desafortunadamente le arrebató el lugar a Emma Thompson por su amargadamente entretenido trabajo en Saving Mr. Banks.

Mejor Actriz de Reparto

Un año que comenzó con tantas y tan variadas posibilidades de reconocimiento para interpretaciones tan singulares que después de breves días de incertidumbre, rápidamente se sentó sobre seis nombres. Dejando fuera posibilidades tan interesantes como Scarlett Johansson por su vibrante y matizado trabajo en Her o por su apropiación de la figura femenina contemporánea en Don Jon, Sarah Paulson, nefasta y furiosa en 12 Years a Slave o Léa Seydoux por su viril y candoroso trabajo en La vie d’Adèle. Afortunadamente, varios de los nombres que quedaron al final representan trabajos de buena y sensible factura.

Las nominadas son:

Sally Hawkins
por Blue Jasmine

Es sumamente difícil hacerse distinguir detrás de un pesado reflector, brillar como testigo colateral o incluso hacerse recordar detrás de un cataclismo actoral. Como Ginger, la hermana adoptiva de la flemática Jasmine, Sally Hawkins hace de la indecisión, la inseguridad y la “mediocridad” un ideal en el mundo de sueños corrompidos de su hermana. De alegre melancolía y con una convicción casi patética, Hawkins hace que el trabajo de Blanchett sea real y humano; probablemente sin ella, Jasmine podría convertirse en una inteligente caricatura. Después de su vergonzosa omisión en 2008 por Happy Go Lucky del maestro Mike Leigh, Hawkins se convierte en nominada, arrebatándole, sensatamente, el lugar a Oprah Winfrey por su convincente desempeño en The Butler. El mote de “Academy Award nominee” será suficiente recompensa para Hawkins.

Jennifer Lawrence
por American Hustle

La basura y el perfume crean una sucia dinámica en las manos de una actriz con la energía y el sorprendente rango de Jennifer Lawrence, quien rápidamente se convierte en el alma de una cinta tan caótica y vacua como American Hustle, en el papel de la esposa de Irving (Christian Bale), Rosalynd, una mujer con alma de niña berrinchuda y carente de afecto que es devota del barniz de uñas por su brillo y lustrosa plasticidad. Por amplio margen la mejor actuación de la cinta, Lawrence demuestra que no hay papel que quede chico si existen talento y brío. Es la tercera nominación de Lawrence en apenas tres años y está en la batalla por conseguir una proeza similar a la de Tom Hanks, dos Oscar consecutivos. Esperamos que quepa la prudencia en los votantes raboverde, que nos quitaron un momento memorable el año pasado con Emmanuelle Riva para darle una nalgadita a la Lawrence.

Lupita Nyong’o
por 12 Years a Slave

La belleza y la gracia pueden ser las peores enemigas bajo determinadas circunstancias. La pérdida de su humanidad, y por lo tanto de su virtud, es lo que destruye al esclavo y que lo lleva a pensar en sí mismo como una especie de ganado sobrevalorado, a ser dueños de nada más que su sufrimiento y suciedad. La desgarradora ingenuidad que proyecta la actriz kenyata Lupita Nyong’o como Patsey, la “reina” del brutal pero débil Edwin Epps (Michael Fassbender), viene de un lugar inusual. La historia detrás de Patsey viene en cada movimiento de Lupita, en el gesto y en su lenguaje corporal; su familia en muñecos hechos con hebras o su aplomo ante el latigazo celopático. Nyong’o se coloca a la cabeza en la búsqueda por el pelón de oro, siendo su más grande competencia otra belleza de naturaleza radicalmente opuesta a la suya (Lawrence). Esperemos que ante el brutal sufrimiento en pantalla exista una recompensa adecuada en el podio.

Julia Roberts
por August: Osage County

Años de silencio agudizados por una disfuncional dinámica familiar, así como un aterrado distanciamiento de su pasado y futuro es lo que tiene a Barbara Weston alejada de su familia, particularmente su nociva madre, Violet (Meryl Streep). La furia nunca le había venido también a una estrella principalmente conocida por mantener su gran boca abierta con una guasona sonrisa, la megapopular Julia Roberts. Roberts se desenvuelve con fuerza, y entrega con solidez los brillantes diálogos de Tracy Letts y construye, sin la más mínima ayuda del obtuso director John Wells, el personaje más honesto de su filmografía, incluso mejor que su premiada Erin Brokovich. Desafortunadamente, este es otro caso más de fraude de campaña, una actuación estelar que compite en el rubro secundario para alcanzar una candidatura más. Lástima por Margo Martindale, que debería estar en este rubro, pero no demerita el gran trabajo de Roberts.

June Squibb
por Nebraska

La agresión directa muchas veces es confundida con la franqueza más honesta, pero en el caso de Kate Grant, la verbalmente lacerante esposa del alcohólico Woody Grant (Bruce Dern), que está convencido de que ganó un millón de dólares, lo que parece una humillación tras otra, no es más que su modo de conectarse con los hombres que rodean su mundo, torres de apatía y pesados bloques de indiferencia que impiden el afecto, haciendo que Kate, en el gesto más honesto que conoce, parezca irreverente y violenta. La gran actriz de carácter, June Squibb (que ya trabajó a las órdenes de Payne en About Schmidt), va de la vulgaridad cómica en levantarse la falda frente a la tumba de un examor, no sin antes llamar “puta” a la difunta hermana de su esposo, hasta la ternura de un beso en la frente de su esposo convaleciente en el hospital. A sus 84 años, es la nominada más longeva de esta edición. Está en un distante tercer lugar, así que con esa boquita puede mandar a los de la Academia bien lejos.

Por JJ Negrete (@jjnegretec)

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