‘Los parecidos’ y la laguna cinematográfica

Reinterpretar la realidad, reestructurar las anquilosadas formas que rigen la memoria colectiva. Yuxtaponer realidades que no por ser ficción, dejan de tener un referente. Después de dirigir una considerable cantidad de cortometrajes en los que se perfilaba una concepción pesimista y oscura, pero reivindicada por el humor, Isaac Ezban presenta su segundo largometraje Los parecidos (2015).

Siguiendo lo presentado en su ópera prima El incidente (2014), Ezban no abandona los principios con los que construye su imaginario cinematográfico. En la madrugada del dos de octubre de 1968,  la estación de autobuses de una comunidad de Guerrero comienza a ser transgredida en su tranquilidad porque una serie de individuos necesita llegar a la Ciudad de México. La tormenta ha retrasado todas las corridas y no hay información de ninguna parte que les pueda clarificar la situación.

Ulises (Gustavo Sánchez Parra, que se echa al hombro la película), un minero desesperado porque su mujer está dando a luz a sus hijos en un hospital de la capital, se encuentra con la pasiva burocracia de Martín (Fernando Becerril), el lugareño que expende los boletos. Irene (Cassandra Ciangherotti), una mujer que huye de la violencia de su marido, se dirige a la ciudad con un embarazo muy adelantado. En la estación, Roberta (Maria Elena Olivares) una anciana curandera, comienza a invocar rezos cada vez que Ulises se le acerca. Al grupo se suman Álvaro (Humberto Busto), un médico de 25 años, estudiante de medicina; Gertrudis (Carmen Beato) y su hijo con un padecimiento indiagnosticable, Ignacio (Santiago Torres).

Después de una primera media hora de planteamiento que alude a los lugares comunes del cine de serie B y la plástica de las películas de los años sesenta, la película comienza a encontrar gestos interesantes en un paralelismo de ciencia-ficción-subtexto político-enfrentamiento ontológico. Un virus provoca que las personas sufran una transformación en el rostro y muten sus facciones a la cara de un individuo: barbón y de abundante cabello. La transformación es abordada como una posesión satánica, fuerzas sobrenaturales y experimentos científicos. La paranoia durante la guerra fría y los experimentos nucleares hacen presa  de Álvaro, quien cree que el gobierno está detrás de todo y él es una víctima; teorías de conspiración en el ñoño-idiota del grupo para reafirmar la ambigüedad ética-política del conocimiento. [Mejor no saber nada, mejor no explorar nada]. Movimientos de cámara poco fluidos, un sonido desequilibrado, actuaciones disonantes y un diseño de producción que si bien busca ser cuidado, siempre queda la impresión de lo artificial, son las constantes a lo largo de Los similares.

El paralelismo entre la tormenta inexplicable y el caos que ocasiona el clima político y polarizado que deviene con la manifestación convocada en la Plaza de las tres culturas, es una imagen de potenciales aristas que se resuelven parcamente en el filme. Secuencias atrabancadas y diálogos repetitivos que oscurecen un guión muy bien pensado y  de consecuencias transgresoras. Una de ellas, columna vertebral del trabajo de Ezban, es la enajenación, la culturalización y lo homogéneo de nuestro imaginario colectivo, reflejado en un desconcertante virus transmutador de rostros; La pérdida de identidad en un mundo donde en apariencia, todo es unívoco; la ficción de la individualidad donde la estructura mantiene el eterno retorno, lo siempre-mismo en un constante querer-ser-distinto. Todo es monocromático, como la fotografía nos deletrea plásticamente, excepto, quien conoce el subtexto teórico, quien logra ver entrelíneas, quien posee una mirada afilada, así sea a través de medicamentos, de posesiones o de la falsa inocencia.

Homenajes a la época de oro del cine mexicano, a Hitchcock, a Kubrick, por supuesto a la rebeldía del rock en unos pulcros y trajeados Beatles, a las imágenes idílicas de  María Félix y el humor de Capulina. Referencias en un collage donde se alcanza a vislumbrar una idea poderosa, pero que en la articulación cinematográfica, podría desarrollarse en un código de video. El desenlace, congruente con las premisas fundamentales del trabajo de Ezban, alcanzan a unificar un guión que dan ganas de ver con todas sus consecuencias.

Por Icnitl Y García (@Mariodelacerna)

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