“Mi corte era el bueno”: Carlos Bolado y ‘Tlatelolco: Verano del 68’

A partir de la primera semana de marzo, TV UNAM comenzó la transmisión de Tlatelolco: Verano del 68, un serial dirigido por Carlos Bolado, y producido por Fernando Sariñana (Amar te duele), inspirado por el movimiento estudiantil de 1968. Parte del material de la serie se usó previamente para la película homónima que se estrenó durante el 2012 en el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM), charlamos con el cineasta mexicano sobre el retraso en el estreno, sus sentimientos por volver a Ciudad Universitaria y su afición por la historia.

  • Como egresado del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos, ¿qué sentiste al filmar en CU?

También estuve en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales antes de la mudanza. A mi me tocó el cambio de irme, cursé dos semestres en la vieja facultad. Para mi estar en Las Islas y estar en CU es, bueno… es mi alma mater. No terminé la carrera de sociología, estudié hasta el sexto semestre. En el CUEC, sí me eché completitos los cinco años.

Fue muy padre filmar en la UNAM. De hecho, puse hace poquito en redes, con el estreno de la serie, una foto de “mi super set” y es Ciudad Universitaria. Es un lugar muy hermoso, a mi siempre me gustó mucho, desde niño yo venía. Mi papá nos traía a jugar futbol cuando todavía se podía entrar al Estadio Universitario. No había rejas. Por eso hice un homenaje, que fue medio polémico, en el que pusimos a los personajes principales de Tlatelolco: Verano del 68 subiendo al mural de Diego Rivera. ¡Fue un escándalo! Desde rectoría nos estaban viendo, ya habíamos pedido permiso y todo. Yo le dije al agente de seguridad: “¿Ustedes no se acuerdan de qué hacían eso?” Yo jugaba futbol en el mural y nos colgábamos ahí. “Sí, pero ya no se hace”, dijeron, entonces sólo hicimos la escena con ellos dos. Pusimos una grúa y todo, en cuanto hicimos la escena nos dijeron “bájense, ya, bájense”. Fue muy emocionante.

Ésta es una película que se pudo hacer por la UNAM. No sólo fue el CUEC, también Difusión Cultural, TV UNAM y la Filmoteca, mucho del material que se usó fue del archivo de ahí. Es una película muy universitaria.

  • ¿Cuál fue el reto más grande de recrear 1968?

Recrearlo sin dinero. El problema es que tú puedes hacer todo, Hollywood lo hace, porque es en vivo con efectos visuales. Nosotros no teníamos ni una cosa, ni la otra. Ése fue el mayor reto: encontrar la manera de poder contar la historia en los lugares donde sucedió. La parte más difícil para poder hacerlo sin dinero era encontrar los lugares. Yo hice parte del scouting, iba muy claramente con las ideas que tenía. El apoyo de la UNAM nos dio acceso a muchas locaciones, me refiero a otros espacios.

México cambió muchísimo, por eso también hice el documental: Medio siglo del 68. Es una producción de Canal 11 con TV UNAM y es una remezcla de un documental que hice para los 40 años que se llamaba 1968. Esa investigación me sirvió porque, además, yo quería entrevistar a toda la gente y entender un poco más el movimiento, para poder pedir cosas, hablar con la gente de arte, con los actores. El director es como un gran embudo, tiene que llegar, sobre todo con este tipo de películas, con toda esta información, debe procesarla. Decirle a la directora de arte “quiero estos tonos, este lugar, este tipo de decoración, este personaje se viste así y tiene este tipo de coche”. Lo mismo con los actores. Todos en la producción necesitan de esa información, por eso hice el documental. Eres como un director de orquesta con muchos solistas, tienes que coordinar el trabajo, decirles qué hacer.

Hice el documental para tener la información, le dábamos un archivo a cada uno de los involucrados en el proyecto, lleno de dvds con lo que tenían que ver para poder trabajar en la película. Obviamente, todos tenían que ver El Grito. Tenían una misión.

El México que se vivía en el 68 era menos violento. Sucedió que la ciudad se hizo más dramática en los episodios de violencia, la gente levantó bardas, puso muros. La sociedad se escondió. Antes había pequeños jardines con patio, las casas del Pedregal todas estaban descubiertas. Ahora, hay unas bardas enormes. Se cerraron ventanas, nos atrincheramos. Entonces, eso complica todo… junto con los cables. Los putos cables que no existían. Era una ciudad menos contaminada visual y auditivamente. El audio es un problema, pero se arregla, visualmente es más complicado.

Me eché tres películas de época seguidas. Una de los 60, otra de los 90 y una más en los 70. Fue terrible, ya no quería filmar películas de época, por eso acepté Tres idiotas. Me pidieron hacerla sólo como director, es la única que no he editado yo. Quería filmar con absoluta libertad, sin tener el compromiso político de saber de qué estoy hablando. Podía poner la cámara aquí, allá, donde fuera sin tener que acotar. En las de época, tienes límites porque sino se aparece el siglo XXI.

Luego hice tres series para Discovery Channel, tienen menos presupuesto que una película y mucho presupuesto de marketing para los lanzamientos. Además, hice una serie sobre el Bicentenario de la Independencia hace ocho años y hace dos años una sobre el ataque de Pancho Villa a Colombus. Para cerrar, el año pasado, una sobre Benito Juárez y el triunfo de la República cuando se van los franceses.

Todo eso es época, tienes que ver cómo filmar el Siglo XIX. Tengo un ojo (sonríe)… esto es el Siglo XIX, esto podría ser Nueva York. Así fue como me puse a filmar Tlatelolco, pero es algo muy emocionante reconstruir la historia. Hay algo muy bonito sobre contar historias, ante todo soy eso: un contador de historias. Me gusta platicar y la historia de mi país, se juntaron esas dos cosas. Yo había ido a las marchas del 2 de octubre, era un estudiante comprometido, pero me daba cuenta que mucha gente no sabía lo que era. Uno cree que la gente conoce, saben que fue el 68, dicen fue una matanza. Una masacre.

  • ¿Crees que las nuevas generaciones se han distanciado del 2 de octubre?

No saben mucho, tampoco hay tanta información. Saben que fue una matanza, pasa lo mismo que con Rojo amanecer: no te informaban demasiado, sólo veías la masacre. La gente se quedó con esa idea. ¿Por qué fueron asesinados? ¿Cuántos fueron asesinados? Como dicen muchos de los que entrevisté, sí, el 2 de octubre es el martirio pero antes de eso nos la pasamos increíble. Hasta el primero de octubre era una fiesta. Decían “vamos a ganar, vamos a cambiar el país, estamos haciendo lo mejor, estamos felices, somos independientes”. La universidad era suya, la tomaron y tomaban las decisiones, no los adultos. Era una fiesta y, de repente, pacatelas y a la cárcel. Debemos de recordar que después de Tlatelolco más de 3 mil personas fueron a la cárcel. En la Navidad del 68, salieron poco más de la mitad pero otras 1,500 se quedaron 3 años. Luego los sacaron y les dijeron “vete a tu casa”, ¿de qué los acusaron? Nada, ni cargos tenían pero estuvieron tres años presos. Es una locura. En aquel entonces en el Distrito Federal vivían 5 millones de personas, por eso la marcha del 31 de agosto del 68 fue un movimiento muy brutal. Marcharon 500 mil personas, el 10% de la población. Imagina que ahora marcharan 2 millones de personas, por eso le dio miedo al gobierno, dijeron “no mames, esto va en serio”, sintieron pasos y venían los Juegos Olímpicos. Se aterraron, ¿qué hicieron? Reprimir.

  • Han pasado unos años entre el estreno de la película y la serie, en algunas entrevistas has dicho que hubo censura de parte del gobierno de Enrique Peña Nieto…

No tanto como el gobierno de Peña Nieto. Pero, vamos, lo que sí sucedió es que era muy difícil que la serie saliera. Una serie crítica del gobierno, en el sentido de que es crítica del partido que estaba en el poder, el mismo que estuvo 70 años en el poder.  Yo la hice en el 2010, la terminé en el 2012. Yo sólo dejaría la pregunta en el aire… ¿qué pasó?

  • Eso te estamos preguntando… 

(Risas) …también me pregunto. A mi me dijeron que salía en diciembre del 2012, luego medio año después en 2013 y después no se dijo nada. Me fui a filmar y la serie se quedó ahí. Fue muy frustrante que no se estrenara. La película se estrenó en Morelia y yo estaba filmando otra en Bolivia, entonces le pegaron fuerte porque el corte no es mi corte. Yo hice uno…

  • ¿Quién lo hizo?

La trabajé con el productor (Fernando Sariñana), que no quiso mi corte porque era muy político. Quería una historia más de amor y quitar lo del director del periódico, las historias paralelas. Quitamos a 16 personajes de la película, al salir esos personajes faltó algo. La película es mi hijo, yo creo que está padre, en Estados Unidos y en otros lugares que la han visto ha ganado premios del público, como Chicago, California, Arizona. La pasaron también en Cataluña y ganó el premio del público en un ciclo de cine Latinoamericano que hacen todos los años.

Es una película que le gusta mucho al público, pero aquí en México que es un tema tan candente y que la gente sabe más de repente sacó ronchas. “Es una historia de amor, que no se qué”, pero yo sabía que venía la serie. Ni me preocupaba. Nos pegaron fuerte en el Morelia (FICM) y yo decía “me va a reivindicar la serie y nada, la serie no sale. Me quedé con esa película, mi versión sí tenía todo.

Me preguntaron mucho en el estreno: ¿es tu corte o no es tu corte? Yo dije: no, es un corte consensuado con el productor. Como yo no conseguí el dinero para la película, sino lo consiguió él, un día me dijo: “no es tu película”. Yo le contesté: “tampoco es la tuya, es de los dos”. Terminamos encerrados los domingos en una sala de edición reeditándola con toda mi pena porque yo sabía que mi corte era el bueno.

Ahora, finalmente sale la serie. Era muy frustrante para todo el equipo, los actores, tú haces una obra para que se vea. Es deprimente, triste, penoso que esto suceda todavía en pleno Siglo XIX pero pasó.

Luego empezaron los éxitos de las series alrededor del mundo, yo desde hace 10 años les decía que había que hacer series históricas, que ése era el camino. De repente nos rebasaron por todos lados. Yo hice una serie hace ocho años, una serie histórica de 13 capítulos que es la que estamos viendo. Se me ocurrió hace 10 años.

  • ¿Qué te atrae de hacer películas/series históricas?

Fue una casualidad. Soy un tipo místico, mágico, musical, trasnochado y rocanrolero. La verdad todo empezó así: yo hice Bajo California, que es una road movie místico; luego hice Sólo dios sabe. Después de eso, tenía idea de hacer una película sobre Avándaro, no se dio y me ofrecieron hacer la película del 68. No podía hablar del 68 nada más porque sí, sabía cosas pero necesitaba ponerme a estudiar por eso hice el documental 1968. Tenía 40 años y aprendí mucho. Hice Tlatelolco y cuando Mónica Lozano la vio me dijo: “esto es lo que quiero, ayúdame a hacer Colosio”. No me eché para atrás, hay que hablar de eso. Es una asesinato, sí está cabrón, es un deber cívico, me gusta la historia, hay que contarla también.

Luego vieron Colosio en Los Ángeles y me hablaron para hacer Olvidados, en Bolivia, que es sobre la dictadura militar, la operación Cóndor, torturas, todo. Hay que hacerlas, hay que contar esas historias, denunciar, hablarlo. Sólo había una versión de la historia del 68 y es la que contaba el partido en el gobierno, se chingaron a un montón de gente. Hubo una serie de asesinatos políticos en México y fraudes durante años. Uno siente la responsabilidad. Me gusta contar historias, lo político se me da. Soy un mexicano con responsabilidades, sentido de la ética y me llega eso, ¡hay que hacerlo! Ante todo, contar historias. Si viviera en la Edad Media sería juglar.

Por Rafael Paz (@pazespa)

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