‘La increíble vida de Walter Mitty’: Un inspirador y divisorio mundo imaginario

A Ben Stiller suele reconocérsele más en su faceta de actor, principalmente en comedias de diversas índoles: la irreverencia de los hermanos Farrelly en Loco por Mary (1998), las incómodas “metidas de pata” de Greg Focker en la saga de La familia de mi novia (1999), el narcisismo de un famoso modelo de pasarelas en Zoolander (2001) y, recientemente, en el ámbito familiar con la trilogía de Una noche en el museo.

No obstante, su filmografía como director tiene pocas películas, la más reconocida siendo Reality Bites (1994), el culto noventero a la generación X. Tras la parodia de unos egocéntricos actores en una filmación bélica en Tropic Thunder (2008), Stiller presenta La increíble vida de Walter Mitty (2013), su trabajo más serio, sin dejar de prescindir de tintes cómicos.

El citado Walter Mitty (Ben Stiller) es un tímido empleado encargado de la sección de negativos en la revista Life. Lidia su aburrido estilo de vida a través de ensoñaciones, ausentándose por breves instantes de la realidad, recreando actos heroicos e imaginando conquistar a Cheryl (Kristen Wiig), una administradora de la que está enamorado en secreto. No obstante, al descubrir que falta el negativo de una fotografía para la última edición impresa de la revista (vendida para dar paso al formato digital), se dará a la tarea de buscarlo, embarcándose en un viaje por lugares lejanos para encontrar a Sean (Sean Penn), el misterioso fotógrafo freelance que conoce la ubicación del material.

Tras una primera versión estrenada en 1947, Stiller retoma el cuento de James Thurber, publicado en 1939 por The New Yorker. Con el guión de Steve Conrad, preserva la esencia de un hombre aburrido de su rutina diaria y, a su vez, le da un enfoque diferente a su predecesor: lo obliga a abandonar las fantasías imaginarias e iniciar un viaje personal para emprender lo que tanto añora: conocer el mundo y, de paso, descubrirse a sí mismo.

El elemento dramático se ve entremezclado con el tierno romance, la atractiva aventura, los aires de superación personal y el estilo cómico situacional que identifica a la carrera de Ben Stiller (amado por unos y odiados por otros). Ejemplo de ello son las burlas del nuevo jefe (Adam Scott) con respecto a los lapsus imaginarios, la relación de Walter con su comprensiva madre (Shirley MacLaine) y las diversas situaciones incómodas que atraviesa para encontrar el negativo perdido.

El filme, que también presenta el altibajo del desempleo y el papel crucial de internet en la presencia del periodismo digital y en la búsqueda del amor con la página de citas en la que Walter busca hacer contacto con su interés afectivo, se torna un poco lento en ritmo al tener varios géneros y situaciones qué representar, además de contar con ciertos momentos paródicos que son irrelevantes para narrar el relato.

Sin embargo, las peripecias de Walter Mitty y su divagación entre lo imaginario y la realidad resaltan no tanto en la ejecución de su argumento o sus diálogos, sino en el nivel visual. Stiller sabe colocar adecuados encuadres para la aventura de su personaje y con una muy llamativa fotografía de Stuart Dryburgh dota de emotividad a la travesía, apreciándose los corredores de la oficina de Life (con icónicas portadas incluidas) y entrañables paisajes de distantes lugares como Groenlandia e Islandia. A su vez, está acompañado por un disfrutable soundtrack indie que va en tono con el viaje, contando con Arcade Fire, Of Monsters and Men, la banda californiana Rogue Wave y covers de David Bowie y Hall & Oates.

Ben Stiller, como Walter Mitty, demuestra su familiaridad con personajes inseguros que encuentran su transición en autoestima, además de encaminarse hacia la madurez como director, recreando también momentos sensitivos por medio del elenco. Kristen Wiig es compasiva y agradable en la encarnación de Cheryl (aunque un poco desaprovechada). El mismo caso ocurre con Shirley MacLaine como la madre de Walter y Sean Penn hace una complaciente aparición especial como el fotógrafo aventurero que es relajado y, a su vez, sabio a causa de su estrecho contacto con el mundo.

La increíble vida de Walter Mitty es un filme que dividirá mucho en opiniones con respecto a su ritmo, su adaptación, el clásico tema de auto superación y la comedia de Ben Stiller. Pero es disfrutable en el retrato de su mensaje (vencer el miedo para emprender un sueño), la sutil sub trama romántica y la atractiva concepción visual. Es inevitable simpatizar con la historia de un hombre común que abandona la gris cotidianidad por el llamado a realizar un viaje no sólo a través del mundo, sino también hacia uno de índole introspectiva, resaltándose así la importancia de emprender lo que uno más anhela.

Por Mariana Fernández (@mariana_ferfab)

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