GIFF | ‘Más negro que la noche’: La explotación del cliché

La cinta Más negro que la noche (2014) cuenta la historia de Greta, una joven huérfana que se convierte en la única heredera de su tía Ofelia, quien le hereda una casona y dinero suficiente para llevar una vida holgada.

Dirigida por Henry Bedwell, este filme es una adaptación de la obra que dirigió y escribió en 1975 Carlos Enrique Taboada. Este remake busca mantener la esencia de la primera versión, un clásico del cine mexicano; sin embargo, utiliza elementos típicos de una película de este género, convirtiéndose sólo en una cinta plagada de clichés: un gato negro, la casa embrujada y la tétrica ama de llaves que lo sabe todo.

A pesar de que Más negro que la noche no es una propuesta innovadora, la música y la narrativa cinematográfica sí logran el cometido de hacer saltar a las audiencias en su butaca.

La supervisión musical de Lynn Fainchtein propone un soundtrack moderno que deja en claro que no es necesario recurrir a la ambientación sonora tradicional en una producción mexicana de terror.

Otro elemento que atrapa al espectador es la ambientación cinematográfica y los recursos musicales, un conjunto de elementos que son maximizados con el formato en 3D.

La actriz mexicana Zuria Vega, quien encarna a Greta, tiene el reto de interpretar a una protagonista ingenua que a lo largo del filme se resiste a ceder ante el peligro que representa su estancia en la casa, por lo que el personaje es predeciblemente encaminado a la tragedia.

La trama es sencilla, Greta tiene que cumplir el último deseo de su tía Ofelia: cuidar a Becker, un gato negro y fiel mascota de su benefactora.

Junto con sus tres amigas –Vicky, Pilar y María-, Greta se muda a su nuevo hogar, donde es recibida por Evangelina, la ama de llaves, quien con sus repentinas apariciones contribuirá al ambiente lúgubre que esconde la vieja casa de estilo porfiriano.

Los problemas surgen cuando Greta tiene visiones de su pasado que la llevan a recordar detalles de su infancia en esa casa, antes de que fuera enviada a un internado.

El personaje principal se va construyendo en la medida en que evoca su pasado, por lo que vemos en pantalla una transición a partir de acontecimientos como las visiones que Greta tiene de su hermana, quien falleció cuando era una niña.

Además del vínculo consanguíneo, Greta y Ofelia comparten una historia de amor y traición que al final se convierte en la vuelta de tuerca en la película, llevando a un mismo plano su pasado y presente, recurso recurrente en una película de terror.

Por Carlos Gutiérrez Mirón (@AndrewArgus)

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