FICM | ‘The Homesman’: Psicosis social

“Cuerdo es aquel que puede fingir cordura”
Ovidio

Lidiar con lo que se define como “locura” es una actividad que parece requerir una volátil mezcla de brutal temple y humana sensibilidad. No parece ser necesario el conocimiento de una profunda etiología para entender que gente que se encuentra en un estado mental delicado requiere de una atención que sea capaz de ver más allá de su padecimiento y entender su síntoma como un desesperado grito de ayuda. El emblemático actor y ya cineasta norteamericano Tommy Lee Jones, presenta en The Homesman que la locura es una cualidad endémica, no accidental.

Después de haber conquistado a amplios sectores de la crítica con su ampuloso debut, Los tres entierros de Melquiades Estrada (The Three Burials of Melquiades Estrada, 2005), y haberse echo de un par de premios, incluyendo uno para Guillermo Arriaga, Lee Jones adapta la novela de Glendon Swarthout en la que la solitaria Mary Bee Cuddy (una magistral Hilary Swank) debe escoltar a tres mujeres que están enfrentándose a los demonios de la psicosis, llevándolas de Nebraska a Iowa (como de aquí a Cabeza de Juárez), encontrando en el camino a un simpático borrachín que es reducho para eso de la pistoleada (bonachón Tommy Lee Jones).

La línea argumental de The Homesman ha despertado comentarios que lo tildan como un “western feminista”; sin embargo, lo que parece mostrarse son los efectos de un desolador machismo cuyo mito ha sido edificado de manera aplastante por la imaginería popular estadounidense, particularmente la lacónica imaginería del maestro John Ford. Sin embargo, Lee Jones adopta una postura que enfatiza la crudeza psicopática y la matiza con bruscas pinceladas, lo cual lo separa del cineasta que parece intentar emular: el brillante Anthony Mann (The Furies, 1950), que hace un sutil trabajo de construcción de personaje acompañado de un sentido plástico formidable.

Inspirado en el trabajo de labrados paisajistas estadounidenses como el nítido Francis Guy, el disecado realismo de Alexander Pope o el seco dinamismo de Frederic Remington, Lee Jones adopta un sentido de composición plástica, casi teatral, que añade al acercamiento metafórico que toma la historia, apoyado por el exquisito trabajo del experimentado cinefotógrafo mexicano Rodrigo Prieto.

The Homesman es un filme que presenta la psicosis femenina como el resultado indirecto de un conjunto de factores sociales y culturales que coartan la comprensión y la delicadeza a favor de monumentos al silencio y la violencia. Sin embargo, ese supuesto “feminismo” se corta, se vuelve coléricamente masculino y así la histeria femenina es incomprendida por el hombre blanco, quien una vez liberado de ese peso, baila y canta con eufórica locura.

Por JJ Negrete (@jjnegretec)

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