Fantastic Fest 2018: ‘Dogman’ de Matteo Garrone

Luego de indagar en el cine fantástico con la gran y extraña cinta de antología Tale of Tales, el director italiano Matteo Garrone regresa al territorio que originalmente le brindó reconocimiento a nivel mundial: el drama realista sobre crimen y violencia situado en las periferias urbanas de su propio país.

En otras palabras, Dogman remite a la forma y a los temas explorados por el filme más famoso de Garrone, Gomorra, aquella importante adaptación de la novela del mismo nombre, escrita por Roberto Saviano, sobre la organización criminal del sur de Italia conocida como Camorra. Aunque en esta ocasión Garrone presenta una historia más condensada –recordemos que Gomorra es una colección de diversos relatos–, Dogman no deja de ser una cinta pertinente que resalta al hombre común de la clase obrera que se ve inmiscuido en el ambiente criminal que se vive en su comunidad.

Marcello Fonte, de inolvidable interpretación, es Marcello, dedicado padre de una jovencita (Alida Baldari Calabria) y encargado de Dogman, una humilde estética y guardería para perros ubicada en un barrio bajo de la capital italiana, Roma. Dos secuencias claves en la primera parte de Dogman definen a Marcello como un hombre de buen corazón que, de cualquier manera y tanto por necesidad económica como por su personalidad sumisa, se involucra en actividades ilícitas. 

Primero atestiguamos que Marcello complementa sus ingresos vendiendo cocaína, aunque tiene la decencia de alterarse cuando su principal cliente, el fortachón y maniático vecino de la zona Simoncino (Edoardo Pesce, también de excelente trabajo), quiere inhalar el producto recién adquirido en plena estética canina donde también está presente la hija del protagonista. En la segunda escena, Marcello es arrastrado por el mismo Simoncino a que funja como chofer en un asalto a una casa, donde Simoncino y su otro cómplice encierran a la escandalosa mascota en la nevera para que no haga ruido durante el atraco; eventualmente, Marcello demuestra la humanidad que lo separa de los criminales de su barrio cuando decide regresar a la casa para intentar salvarle la vida al perrito. 

La intención de Dogman no es poner los reflectores en el panorama general del crimen en Roma, sino revelarse como un estudio de personaje enfocado en la evolución de la peculiar relación “amistosa” entre Marcello y Simoncino, el primero un hombre que goza de una buena reputación con las demás personas de la comunidad y el segundo el típico joven bully/criminal de poca monta/adicto a la cocaína que tiene hartos a los vecinos. En el valioso y contundente cine realista, con tintes de venganza, que Garrone presenta en Dogman, la tragedia tiene que ver con la gradual transformación del hombre trabajador aunque no totalmente inocente (Marcello) en lo que no era, provocada tanto por sus acciones aparentemente inofensivas (vender cocaína, por ejemplo) como por los actos salvajes y deshonestos de un individuo (Simoncino) que refleja la profunda descomposición social de la actualidad. 

Por Eric Ortiz (@EricOrtizG)
Publicado originalmente en Revista Cinema Inferno.

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