Cannes 2018 | Día 10: De soledad y miseria

Nuestra última jornada en el Festival Internacional de Cine de Cannes abrió y cerró con dos momentos que me generaron irritación y profundo disgusto, en medio de dos que me provocaron un placer emocional enorme y, finalmente, una propuesta, imperfecta y discutible, para salir del embrollo en el que estamos atorados.

Disculpen ustedes si esto de repente pierde cierta imparcialidad.

  • Dogman de Matteo Garrone

Se presentó en: Competencia Oficial

La desesperación que corre en los tiempos actuales definitivamente puede llevar a las personas a actuar de forma precipitada e impulsiva, pero los grados a los que llega xx, protagonista de Dogman, la nueva película del cineasta italiano Matteo Garrone, llega a grados de imbecilidad que hacen lucir a las decisiones de los personajes de Babel (2006) como sensatas e inteligentes. En la película, Marcello (Marcello Fonte), un cálido e ingenuo estilista de perros, se ve amenazado por un joven matón y criminal que es más parecido a un feroz perro de pelea que a un ser humano.

Garrone crea una película que en sus espacios opacos evoca los escenarios de Leone o Corbucci, escenarios que le quedan grandes a un guión tan idiota como sus personajes. El problema no es que Marcello sea ingenuo o que pretenda presentarlo como un mártir, sino que, a diferencia del Lazaro de la película de Rohrwacher, el habilidoso estilista canino resulta irritante y antipático, lo que impide simpatizar con su complicada situación, a pesar del extraordinario desempeño del actor Marcello Fonte. Dispersa pero bellamente filmada, Dogman no será la película que reivindique a Garrone.

  • Los tiempos de Héctor de Ariel Gutiérrez

Se presentó en: Cinefondation

La muerte puede ser un regalo, dependiendo del momento en el que llegue, por la capacidad de abrir una oportunidad para reconsiderar esa frágil línea, no entre vida y muerte, sino entre presencia y ausencia. Héctor, el protagonista del cortometraje del cineasta norteño Ariel Gutiérrez, es un hombre que hace eutanasias a domicilio que encuentra inesperadamente otra forma de apreciar la vida a través del deseo de morir de la mujer que quizá sea su última cliente.

Con un tono que oscila entre el drama y espontáneos momentos de generosa ligereza, el cortometraje de Gutiérrez muestra una mano sensible, si acaso algo difusa, en el planteamiento de su idea central y que precipita ciertas situaciones que podrían sentirse forzadas. De presto ritmo y un fino trabajo de edición, Los tiempos de Héctor devela el trabajo de un cineasta que encuentra en la muerte una condena a liberar.

  • In My Room de Ühlrich Koller

Se presentó en: Una Cierta mMirada

Siempre hay momentos en los que lo más se desea es soledad absoluta, particularmente en cuando la vida es extremadamente dura y difícil, tanto que implica un abrumador desgaste emocional. El protagonista de la película In My Room, un camarógrafo socialmente inepto y pusilánime llega a ese punto con el fallecimiento de su abuela, víctima de una terrible enfermedad, que sucede al mismo tiempo que el resto de la humanidad desaparece por razones desconocidas.

Con una exploración de vínculos familiares y sociales, muy en la línea de Toni Erdmann (2016) –no es casual que Ade sea la esposa de Köhler– y la creación de un escenario muy similar al de Soy leyenda (2007), la trama se va desenvolviendo de formas inesperadas que crean una sólida y peculiar parábola sobre la soledad y el post-capitalismo que dará para estimulantes debates sobre alternativas al sistema neoliberal que tanto enojo y descontento ha provocado en el mundo.

  • Capharnaum de Nadine Labaki

Se presentó en: Competencia Oficial

Propaganda sobre ideas. Sentimentalismo sobre emoción. Manipulación sobre honestidad. Oportunismo sobre sinceridad. Condescendencia miserabilista sobre genuina empatía. Son numerosas las graves faltas que representa una película como Capharnaum, el nuevo trabajo de la cineasta Nadine Labaki, que presenta, con lujo de morbo sociológico, la miseria en la que vive un niño en el Líbano actual que ha decidido demandar a sus padres por “darle vida” después de apuñalar al hombre que se ha casado con su hermana de 11 años y de cuidar de un bebé de una inmigrante etíope padeciendo hambre y vejaciones que sólo las grandes instituciones bondadosas del mundo pueden aliviar.

Rayando en lo que podría ser una parodia, la poca inventiva cinematográfica presente en otros trabajos de Labaki queda ahogada en un chantaje que ha hecho las delicias de públicos anglosajones y europeos, ávidos de exotización y conmiseración de los innegables y profundos problemas que pudren los países del tercer mundo, entre ellos, la comodificación de esos mismos problemas para satisfacer y expiar conciencias.

La Palma de Oro a esta película confirmaría lo que mucho se comenta entre los asistentes al festival: la disonancia tan profunda entre la furia que vemos en las pantallas de cada sala y la ostentosa y frustrante indiferencia del mundo afuera de las mismas, uno de profunda y cotizada banalidad. Si lo que se celebra es el cine, Capharnaum deberá estar lejos, muy lejos del palmarés, pero la hipocresía se impondrá y el premio vendrá, lavando culpas antes de sumergir nuevamente las narices en una copa de Möet.

Por JJ Negrete (@jjnegretec)

P.D. Quiero un bebé etíope para Navidad, por fa. Modelo Capharnaum.

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