‘Edén’: La brevedad de la euforia

Quizá la música sea el medio más evocador que existe, capaz de reconstruir en la memoria escenas aparentemente olvidadas con atemorizante detalle o activar el recuerdo sensorial de un espacio o movimiento determinado. Cada generación parece contar con una tonalidad específica a sus sensibilidades, instrumentos o técnicas distintas que van mutando el ritmo de su existencia, particularmente en su vena popular.

A finales de los 80 los sonidos electrónicos iniciaban su puja y buscaban dejar de ser solo infusiones en las canciones de la década, las letras cedían el mando a un nuevo juego aural, juego magistralmente dominado por los jóvenes europeos, quienes habrían de crear la música que propició millares de sobredosis de coca, éxtasis y ebriedad de sudor en clubes nocturnos: el house o en este caso el french touch. La cineasta francesa Mia Hansen-Løve, otrora crítica cinematográfica de la eminente Cahiers du Cinema, presenta en su más reciente filme Edén (2014), la historia de Paul, un joven que inicia como DJ en la efervescente escena nocturna parisina, a la par del ritmo de la música de Daft Punk –con un cameo más breve que cualquiera de Los Muppets– y otros DJ’s como Dimitri o Cassius.

Hansen-Løve, así como el otro gran crítico-cineasta francés contemporáneo, Olivier Assayas (Las nubes de María, 2014), presenta un marcado desapego de sus personajes, enfocándose en construir atmosferas y espacios propicios para que sean llenados por el vibrante soundtrack que va desde el revisionismo godspel de Caught in the Middle of You, pasando por el delirante clásico Gypsy Woman para culminar con la melosa euforia de Happy Song.

La cineasta francesa reconoce la fuerza de la música y no duda en cederle el protagonismo merecido, creando una serie de viñetas ancladas en la figura de Paul (Félix de Givry) y acompañado de un largo ensamble coral a la Robert Altman (Nashville, 1975), aunque a diferencia de éste, carecen de carisma o impacto, más allá de un cameo de la diva indie Greta Gerwig (más sustancial que el de Daft Punk, por cierto) y una escena en la que se polemiza sobre las virtudes de ese maravilloso clásico del glam trash de Paul Verhoeven, Showgirls (1995); además de algunos raves y fiestas con un logrado trabajo de fotografía y edición.

Asimismo, Edén se caracteriza por la elegancia de su puesta en escena, su tendencia a la desdramatización y la cadencia de su propuesta sonora pero que al final termina por no ser del todo sustancial por su desinterés en los personajes enfatizando los elementos físicos y aurales que les rodean. Tal como una de las tantas canciones, lo que Edén demuestra es que hace falta más que un buen beat y un estilizado ambiente para lograr ser memorable. La euforia únicamente perdura en un loop.

Por JJ Negrete (@jjnegretec)

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