‘MI5 – Nación secreta’: No hay mal que por bien no venga

¿Qué esperar de una quinta entrega? ¿Qué aguardar de la quinta parte de una saga que no es las más popular ni la más valiosa? ¿Es justo juzgarla a partir de estos cuestionamientos o debemos ponernos una venda en los ojos y buscar algo nuevo? Misión: Imposible – Nación Secreta (Mission: Impossible – Rogue Nation; Christopher McQuarrie, 2105) es la cereza sobre un pastel no tan digno, que a final de cuentas le sirve para salvar las apariencias.

Sí, la película es buena pero, ¿cómo no serlo? Desde un principio Misión: Imposible 5 no pretende nada; sus diez minutos de arranque nos dicen que estamos frente a una cinta de bastante acción, llena de situaciones irreales y carentes de la física. Humor mediano que funcionará algunas veces y otras no tanto. Los clásicos conflictos banales que serán melodramáticos. Somos nosotros quienes nos arriesgamos. Si decidimos entrar a ese juego, ya no podemos quejarnos.

La historia es simple. Los chicos buenos, los chicos malos; los chicos malos que parecen buenos, los chicos buenos que perecen malos. Una chica a rescatar. El héroe puede con todo. El villano más malvado nunca nunca jamás. Malos y buenos se enfrentan, se disparan con armas imposibles. Se persiguen a grandes velocidades, en vehículos indestructibles. Se utilizan gadgets de un futuro lejano, pero que parecen lógicos para semejantes humanos. Todos es bueno, bonito y nada barato.

Pero (sí, la hora del pero) al desarrollarse la trama surge algo; cuestionamientos impensables para este tipo de cintas hace algunos años. La guerra fría terminó, sin embargo dejó con nosotros una gran cantidad de propaganda velada. James Bond, por mencionar al más conocido, es ejemplo de ello. Cintas, libros, series, cómics, historias que servían para desprestigiar al enemigo, para vanagloriar la bandera, y para hacer creer a una audiencia que sólo pueden estar seguros en su patria, con su sistema de defensa. Bond, James Bond, es británico, aunque bien podría representar los valores norteamericanos, pues son éstos los de todo Occidente, entonces, cuando el mundo era bipolar. ¿Qué sucede con el mundo actual, con el mundo de lo políticamente correcto, cuando es imposible diferenciar la discriminación del estereotipo, cuando el control mundial ya cae sólo sobre un pilar, cuando la gente vive en la sospecha, en el complot y el escepticismo?

Sucede que McQuarrie se arriesga. La CIA, junto con la agencia de seguridad británica, son puestas en duda durante largos minutos de la cinta. No es que se diga que ellos son, o pueden ser, los malos, pero sí que entorpecen el trabajo; no permiten que los que saben hacer las cosas las hagan. Ellos también sospechan, y esas dudas hacen que se alejen los que valen la pena: los buenos ciudadanos, esos que son capaces de todo, hasta de acabar con los malos. Ethan Hunt (Tom Cruise) es el destino mismo, el hombre que por sí solo destruye el sistema o lo recupera; más vale tenerlo de nuestro lado. No obstante, Hunt también es un marginado, un miembro de la vieja escuela que no sabe hacer las cosas de otra manera; ya no sirve para esta tierra, para una aldea global que se comunica en un segundo y expone los daños colaterales de las disputas del primer mundo.

“Todos son iguales”, comenta Ilsa (Rebecca Ferguson), la CIA, Scotland Yard, el Sindicato (organización antagonista en la trama), todos nos tratan igual… Propone escapar, propone a Ethan huir, olvidar todo, pero él tiene un deber, y ella lo sabe, mas la sentencia queda, la duda se siembra: ¿son todos iguales? ¿Son todos los gobiernos capaces de crear ellos mismos a los buenos y a los malos?, ¿de desprestigiar a sus ciudadanos, por el bien, de esas mismos ciudadanos, o de quién? Claro que al final todo se arregla, y los malos son malos, y los buenos son buenos, pero, ¿acaso no dudamos, como dudamos del orden, del Estado, de los gobiernos? ¿Al final no hay una pequeña pista sobre quién crea a los enemigos, quién los financía, y cómo funciona su vida? Vean la cinta, tal vez encuentren las mismas preguntas y, con suerte, sabrán las respuestas.

Misión: Imposible – Nación Secreta es una cinta cualquiera, pero como cinta de acción dominguera, tiene algo especial tras de ella, se llama Christopher, se apellida McQuarrie; su ojo para la dirección, y la profunda práctica en la escritura del guión, le dan a esta quinta entrega algo que se extrañaba desde la primera: volumen, profundidad y cadencia.

Por Ali López (@al_lee1)

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