‘Showgirls’: La estética de la vulgaridad

Título Original: Showgirls (1995)

¿Dónde la encuentro?: Donde te hagan manicure o en los botaderos de las sex shops.

Valor Agregado: Shiny boobs!

El barniz de uñas tiene un simbolismo. Bienvenido a Las Vegas

A lo largo de Showgirls se hace un enfásis particular en cuestiones de uñas. Las uñas para las mujeres tienen una significación ambivalente. Por un lado son referentes de glamour, elegancia kitsch o de recargamiento que raya en la putería (Niurka), sin embargo las uñas largas son armas mortales en manos de mujeres, es la conexión con el mundo animal, el contacto felino de la mujer y la gata (suena a canción de Lupita D´alessio). En los primeros minutos de la cinta, Nomi (Elizabeth Berkeley de Salvados por la Campana) presenta unas uñas de un modo altamente femenino, el lenguaje de la mano implica ingenuidad, alegría y jovialidad, reflejados en el color. Mientras que casi al final de la cinta, sus uñas y su mano adoptan una posición agresiva y alerta, el color negro resalta en el cambio que ha sufrido Nomi a lo largo de la película. Showgirls es más que senos…son senos con contenido.

Así fue como el espectáculo de El Rey León se fue convirtiendo gradualmente en porno

Showgirls es sobre mujeres que escapan de un pasado tormentoso y se refugian en frenéticas y estrambóticas representaciones de baile en la ciudad que ofrece este tipo de espectáculos al por mayor: Las Vegas. Más allá de la corriente extravagancia que se halla detrás de la diamantina y las tangas, Showgirls es una fábula sobre el éxito muy semejante a Black Swan en su tratamiento. Dos bailarinas rivales pujan (y vaya que pujan) por el protagónico de un show en Las Vegas, la chica nueva del barrio con un “sombrío” pasado, Nomi, y la estrella consolidada, la bitch de bitches, Gina Gershon (la reina del camp moderno). El espectáculo es una suerte de Lago de los Cisnes con más bronceador y tangas. Es la adoración máxima de una figura con una dualidad divino-puta, oséase una celebración de la madre de todas las putas.

Glamour y Erotismo Vulgar: El Culto a la Piruja

En Showgirls los arquetipos femeninos tienden a la exageración, aspecto que lleva a la cinta al estilo narrativo de una fábula para adultos. Lo cierto es que nadie ve una película de estas para aprender algo, pero ahora que tuve que ver la película sin hacer fast forward, es inevitable no notar todas las cosas que hacen de Showgirls algo más sustancioso que soft porn.

Más brutal que Full Metal Jacket: “¡Sume esas nalgas, perra!”

Cada personaje tiene rasgos exagerados, rayando en el absurdo pero esta exageración permite un análisis y una lectura más sencillos: las acciones y sus causas están delimitadas, cada personaje cumple una función narrativa llevada a cabo de maneras casi grotescas. El sexo y la provocación en Showgirls son la única moral válida, la piruja no es humanizada, al contrario, se lleva al paroxismo más kitsch. La ley esta escrita con hilo dental (del que pica).

El arte en Las Vegas: Humor de caño y monos con bilé

La representación de las Vegas como un luminoso edén y como un abigarrado infierno es explotado en la película en el uso que hace de los espacios y de sus personajes secundarios. Ya sean humoristas obesas que enseñan los pezones al sonido de una flatulencia o chimpancés que actúan como humanos, el reflejo del arte popular en la cinta es crítico sin el más mínimo afán de serlo. Lo interesante es que la película es que nos muestra un lado humano de estos personajes que a pesar de lo corriente de su representación, estos seres se enorgullecen de su condición, no buscan redención ni corrección, ¿para qué? No la necesitan. En este mundo “artístico”, la comediante corriente del primer burdel en el que trabaja Nomi es su figura materna, mientras que su primer “padrote” la mira como una hija. Ciertamente una familia común en Las Vegas, el lugar donde la única agua bendita es la champaña.

La excusa perfecta para la infidelidad: “I have a problem with pussy”

Teniendo en cuenta que en Showgirls la promiscuidad en parte de un patrón de conducta que se considera aceptable, la promiscuidad no se excusa en alegatos sentimentales y se resume en la apología “I have a problem with pussy”, emitida por un bailarín afroamericano cuando intenta excusarse con Nomi  por haberse echado un zapateado con otra bailarina.

A pesar de esto, este bailarín (con estudios en Nueva York nada más) se mantiene como el personaje que mejor trata a Nomi, quien aparentemente tiene una curiosa fijación por gente de color, su mejor amiga (a la que sodomizan brutalmente dos guarros casi al final de la cinta) también es afroamericana. Ambos personajes se encuentran de lleno en el mundo del espectáculo de vodevil, siendo la amiga de Nomi maquillista.

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Los números musicales en Showgirls son el alma de este vulgar espectáculo. Vemos un mismo número repetido hasta el hartazgo. Es tal la repetición que hasta me aprendí un par de pasos (no lo intenten en casa o terminarán con collarín). Las coreografías hacen de la sugestión su mayor virtud, casi un abuso visual hacia el espectador, constantes ejercicios de provocación que llenan de alegría los pantalones de más de uno. Los motivos lésbicos se encuentran al por mayor y la iluminación de cada escena acentúa el recargado “erotismo” (casi rayando en la pornografía). El “buen gusto” es ausente, pero esa es la intención. Se le critica a Showgirls ser demasiado vulgar, pero ese es el punto. Al final del día, y como ya lo mencioné, Showgirls es una fábula sobre la erotización de nuestros rivales. El deseo de tener las capacidades o las virtudes de otro se lleva al límite del suave erotismo y la pornografía más absurda, límite en el que estas mujeres se encuentran constantemente jugando.

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Por JJ Negrete

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