Cannes, día 9 & 10: El cierre de la competencia

Afortunadamente, y antes de que cerremos la cobertura del Festival Internacional de Cine de Cannes, llegó una película que levantó la alicaída competencia con vigor y sucia energía urbana: Good Time, de la dupla neoyorquina conformada por Ben y Joshua Safdie, electrizó el Gran Teatro Lumiere después de su presentación. La película presenta un par de hermanos en Queens que tras una muy mala racha económica, deciden asaltar un banco, situación que los envuelve en una escalada de situaciones que les permitirán explorar los márgenes de la sociedad de los Estados Unidos actuales.

Estelarizada por Robert Pattinson, inquieto y determinado, quien entrega la mejor actuación de su carrera con todo y peróxido en el cabello, la película es una trepidante exploración urbana que remonta a Martin Scorsese (Mean Streets, 1973; After Hours, 1984; Bringing out the Dead, 1999) en su veloz pero detallada radiografía sociológica movida por un objetivo claro: en este caso, el poder recuperar al hermano de Pattinson (Safdie) quien padece una discapacidad intelectual. De esta forma, los Safdie incorporan con éxito los esquemas del cine de género a las lindes del cine independiente en el que se habían forjado un oneroso nombre.

La reacción que provocó la película, así como su sucia energía, remitió a muchos asistentes a aquella provocada por Drive de Nicolas Winding Refn en el 2011. Esperemos que el resultado sea similar.

Las apropiaciones del cine de género continuaron con la nueva película del irregular cineasta francés François Ozon, L’amant double. En ella, Marina Vacht (la tersa joven de Jeune et Jolie, 2013) se ve envuelta en un peligroso juego psicosexual a cargo de un psicoterapeuta y su gemelo, el también analista (Jeremie Renier). La película es un retorcido y macabramente entretenido pastiche trash que utiliza al Brian De Palma de antaño (Sisters, 1973), al reciente De Palma (Passion, 2012), a David Cronenberg (Dead Ringers, 1988) y una lectura sumamente superficial de autores psicoanalíticos como Lacan o Kernberg.

Abriendo con una transición que generó el asombro de los espectadores, la película de Ozon, si no es tomada en serio, no resulta nada más que un perverso divertimento que de tan absurdo y confuso, lleva su planteamiento de batallas gemelares a sí misma, es decir, las dos partes de la película, una sofisticada y otra monstruosa, se pelean entre sí creando un mórbido caos.

Finalmente, el espíritu de Alejandro González Iñárritu volvió a manifestarse con la llegada del cineasta Fatih Akin y su adolescente Aus dem nichts. La cinta muestra a Diane Kruger como una mujer que busca vengar la muerte de su familia por un atentado terrorista, lo que la lleva a un largo proceso de juicio contra una sospechosa pareja alemana, ambos hallados inocentes por falta de pruebas y después cazados por la tenaz mujer.

De una ética cuestionable, la película de Akin se apoya bastante en estructuras convencionales, nulos riesgos formales y una sólida actuación por parte de Kruger para mostrar una faceta de visceral resentimiento ante el problema de la migración actual, que hizo presencia en otros títulos de la competencia. Akin regresa así a Cannes, con aires de grandeza pero resultados simplemente mediocres.

En la siguiente entrega, nuestro palmarés y las mejores películas de las secciones paralelas.

Por JJ Negrete (@jjnegretec)

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