Bitácora del FICM – Día 5: Odiseas

La odisea no como título, sino como sustantivo, es un viaje. Hacia dentro o hacia afuera del espíritu humano, siempre será un encuentro, como el de Leopold Bloom en Ulysses, con uno mismo. “Always meeting ourselves”. Los Güeros de Alonso Ruizpalacios atraviesan el DF a la búsqueda de algo, no saben qué exactamente, pero se encuentran con el espíritu de la ciudad y del país mismo; su viaje los revela como células en un cuerpo muy enfermo, pero no como el de la Rusia de Putin, donde Andréi Zviáguintsev encuentra la ruina de la humanidad. Entre la corrupción y la lucha de un pueblo por defenderse de ella, Leviatán concluye su examen de la justicia como un camino de necedad y muerte. La justicia no existe. Tampoco la hay para los jóvenes de It Follows, que en busca de descubrir su placer encuentran la persecución. Su proceso de maduración es una visión moralina de David Robert Mitchell, que no sorprende pero al menos espanta. El viaje, sea exploración, escapatoria o ruina, culmina en la experiencia y el conocimiento, que se conjugan en la posibilidad de aproximarse a la verdad, pero nunca de llegar a ella. En sus contradicciones y sus deficiencias inevitablemente humanas, el actor profeta de El sueño de invierno, del maestro turco Nuri Bilge Ceylan, encuentra la desilusión de otros y de sí mismo. Su mortalidad y su cercanía a ella se comen su perfección, y la odisea termina en los parajes pálidos de una Anatolia invernal. La muerte es el fin último del hombre, que sólo puede soñar su grandeza ante la indiferencia del mundo. Perdonar será el propósito máximo de toda la especie y hablará por ella en cada breve acto de redención.

  • Güeros, de Alonso Ruizpalacios

Hace diez años una película sobre un trío de adolescentes y un repartidor de pizza en plena crisis de identidad capturó el humor de una generación preocupada por crecer y no saber quién es quién. Güeros parece ser la secuela espiritual de Temporada de patos (2004), sólo que estos muchachos llegaron a la universidad únicamente para notar que la vida no se hizo más sencilla, al contrario, todo se complicó y el mundo es en ocasiones un tabique que atraviesa un parabrisas sin razón alguna.

Dueño de un brío y una técnica sorprendentes para un debutante, Ruizpalacios dota a su ópera prima de una ambiguedad que le permite atacar a todos por igual: el gobierno, los universitarios, los ricos, los pobres, el rock nacional, el cine mexicano, los festivales europeos, todos son criticados y analizados por igual. En el mundo creado por Ruizpalacios no hay héroes, sus personajes son seres humanos llenos de fallas y defectos, con una que otra virtud, que transitan por una zona llena de grises, justo como la fotografía de su película.

Rafael Paz (@pazespa)

  • Leviatán, de Andréi Zviáguintsev

Enorme, como el monstruo bíblico y el esqueleto de ballena que recurre en la cinta, Leviatán (Левиафан, 2014) es más que la lucha de un hombre por retener su tierra ante el abuso de un corrupto alcalde: es una épica bíblica y nacional donde la ortodoxia rusa y la tradición zarista se combinan en el aplastamiento de la sociedad. Zviáguintsev extrae las raíces de un grito tan vasto, que se escucha con claridad en el universo como la desesperación de la humanidad entera. Leviatán es, de manera más concreta, el momento en que Zviáguintsev hermana la literatura decimonónica con el cine contemporáneo de Rusia. Tolstoyano en su descripción de la vida diaria y en su crítica a las instituciones, y remitente a Dostoievski en sus pasiones espirituales y su colosal alcance, el filme es un descubrimiento de la tragedia que corre por las venas de la cotidianidad como un veneno glorioso que hace caer al hombre con dolor y gracia. Leviatán es un filme denso que abruma con su belleza, con su melancolía y su sentido del humor, con el inusual ritmo de sus imágenes, pero es sobre todo la reconstrucción de un momento en la psique de un hombre, de su comunidad y de la naturaleza misma.

Alonso Díaz de la Vega (@diazdelavega1)

  • It Follows, de David Robert Michell

Una linda muchacha tiene relaciones con el chico que lleva viendo un par de semanas, su siguiente recuerdo es que está amarrada a una silla y él no deja de gritarle las reglas para mantenerse viva. No es que el muchacho vaya a matarla, no, más bien le acaba de “pasar” una maldición: un ente comenzará a perseguirla hasta quitarle la vida, no cejará en su empeño, nunca descansará y la única manera de librarse de él es pasarlo a alguien más.

La premisa y la primera media hora de It Follows recuerda al cine de terror de los ochenta, a una extraña cruza de las cintas de William Friedkin con J,oe Dante, junto con una pequeña actualización, cortesía de Nicolas Winding Refn y el trabajo musical que realiza junto a Cliff Martinez. Sin embargo, la película no logra mantener esa premisa inicial y poco a poco va desluciendo, hasta caer en los clichés más socorridos del género. Por una vez quisiera ver una película de terror donde los protagonistas no huyan al lugar más pequeño tratando de escapar.

El demonio del cliché es uno muy difícil de quitarse de encima.

Rafael Paz (@pazespa)

  • El sueño de invierno, de Nuri Bilge Ceylán

Con una forma menor a los filmes anteriores de Nuri Bilge Ceylán, El sueño de invierno (Kış Uykusu, 2014) abandona el lirismo extraordinario y la poderosa capacidad de resumir vidas enteras en breves líneas de diálogo que consagraron al autor turco. Acaso en busca de la prestigiosa Palma de Oro, Ceylan crea una pieza teatral antes que una película, quizá como correlativo del protagonista: un actor en retiro. El diálogo puede resultar inorgánico en ocasiones, pero siempre es revelador de una humanidad compleja y profunda. La desilusión con la vejez y la vulnerabilidad de un aparente profeta tiene tintes del Tío Vanya y El jardín de los cerezos, de Chéjov, pues muestra su caída mientras su joven esposa se desapega de él, su hermana le revela su desprecio y él se ve incapaz de vivir de acuerdo con los ideales que propugna en la columna que escribe para un periódico. La ruina y el perdón se conjugan en el sonido del espíritu en pleno colapso. El sueño de invierno es una cinta brillante, pero menor a los triunfos anteriores de Ceylan, como Érase una vez en Anatolia (Bir Zamanlar Anadolu’da, 2011). Si este es un paso nuevo en su dirección estética, sólo su siguiente cinta nos lo dirá.

 Alonso Díaz de la Vega (@diazdelavega1)

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