Bitácora del FICG – Día 6: Mezclas genéricas

Nuestro Festival Internacional de Cine de Guadalajara (FICG), el certamen finaliza dentro de un par de días, llega a su fin con dos propuestas latinoamericanas que mezclan y rompen los géneros cinematográficos buscando cocinar un puré fílmico lleno de texturas y sabores inesperados. Cada cucharada permite degustar una influencia diferente, balanceando el resultado con la estabilidad de una torre de Jenga.

  • Estrellas solitarias, de Fernando Urdapilleta

Juanito es un rechoncho muchachito de un conservador pueblito de la provincia mexicana. No sería nada del otro mundo si no fuera porque él quiere celebrar sus 15 años y convertirse así en toda una señorita. Cuando el sacerdote del pueblo y su homofóbico padre hacen equipo para sacarle al chamuco, nuestro protagonista huye a la ciudad. Ya en la capital y bajo el nombre de Joana conoce a Valentina, una travesti con aspiraciones de estrellato musical. Juntas buscarán la manera de alcanzar sus sueños (hacer la anhelada fiesta y saborear la fama, respectivamente), pero un misterioso asesinato en el burdel donde trabajan iniciará una serie de extraños acontecimientos.

La ópera prima de Fernando Urdapilleta es visualmente llamativa (a la Kenneth Anger o John Waters), con actuaciones recargadas para acompañar, junto con un guión juguetón y deseoso de saltar de género con facilidad. Del melodrama, al thriller, al noir, todos los géneros caben sabiéndolos amontonar.

Sin embargo, esa juguetona propuesta se ve hundida por el chato trazo de uno de los dos personajes protagónicos. Joana, a diferencia de Valentina, es convertida en una serie de ocurrencias, aun cuando tiene cierto trasfondo psicológico (moja la cama, come compulsivamente, vomita tras sufrir pesadillas); su función es ser mero gag.

Como sus mujeres, Estrellas solitarias busca escapar de cualquier categorización. Aquí la exageración es regla (el garaje sucio de Los Saicos, tachado de música afeminada en una cantina), al parecer la única regla.

  • Las tetas de mi madre, de Carlos Zapata

El protagonista de Las tetas de mi madre es un pequeño de 10 años criado por su madre y sin una figura paterna en casa, buscando sobrevivir como muchos otros niños en Bogotá. La relación con su madre es en realidad cortante, aunque eso no evita que nuestro muchachito empiece a generar sentimientos amorosos por su madre, al grado de obsesionarse con verla en la cabina de un cabaret. Cuando su desaparecido padre y el nuevo amante de mamá entren a su vida, las emociones se desbordan en el pequeño hogar bogotano.

Usando parte de su vida como base del guión, el director Carlos Zapata traza una narración sobre la dificultad de sobrevivir los años de adolescencia, más cuando se vive en un barrio violento. El mundo es un lugar amenazador que te come al menos descuido. Esa falta de estabilidad es la que lleva a nuestro protagonista a aferrarse a lo único que conoce: el cálido pecho de su madre.

Zapata une así influencias y estilos —de Scorsese al drama más azotado latinoamericano— buscando gestar el propio. Esa ambición por lograr distinguirse entre géneros lo lleva a dilapidar lo construido en un primer acto interesante, lleno de una sexualidad incómoda y un poco de humor negro, que deviene en pornomiseria después del segundo. El muchachito no la pasa tan mal como el de Pixote: A Lei do Mais Fraco (1981), pero no está lejos ni tan bien manejado del lado trágico.

¿Cómo están Las tetas de mi madre? Bien, gracias.

Rafael Paz (@pazespa)

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