57 Muestra | ‘Dos días, una noche’: Esperanza perdida

Vivir en crisis es la constante de muchas de las personas que habitamos el globo. Esta crisis aterriza algunas veces en dimensiones humanas en el momento en que el egoísmo generado por la desesperación y la solidaridad se confrontan en un ejercicio sencillo de convivencia de la clase obrera, ejercicio bien practicado en este film de los hermanos Dardenne. Dos días, una noche (Deux jours, une nuit, 2014) cuenta la historia de Sandra (Mariond Cotillard), quien, luchando por conservar su empleo, vive múltiples experiencias tanto esperanzadoras como desgarradoras en el recorrido por una ciudad que podría pasar como algún barrio de clase media de cualquier ciudad del mundo.

Conforme se va desarrollando la película pasamos abruptamente por diferentes estados de ánimo, que van de la ira, producida por el egoísmo, alimentado por las ambiciones personales de los personajes, cosa que es aparentemente respetable, ya que algunos padecen de la misma condición que Sandra. Atravesamos el enigma que se crea al querer descifrar los juegos doble moralistas presentados en el film, hasta el gozo generado por la empatía que crean sus iguales a favor de una causa común.

Dos días, una noche es una film humano e incómodo que causa cierto grado de impotencia. Su fuerza reside en el silencio de la desesperación y la humillación que se refleja en los ojos de la protagonista. Me parece que los directores intentan retratar una pintura de la personalidad humana mostrándonos personajes violentos, sensibles y otros cobardes.

Esta cinta es un acto representativo de denuncia y descontento social aterrizados en un contexto muy actual, presentando nuevamente la incansable batalla al ya muy trastocado sistema capitalista e insertando a su vez conflictos morales del día a día de cada individuo. Es un ejercicio fílmico que, viéndolo de la manera más optimista y en una perspectiva muy romántica, nos hace sentir esperanza y nos enseña que ningún problema es imposible de resolver, siempre y cuando sepamos hacerle frente y que al final estemos satisfechos por el solo hecho de combatir estos problemas, sea el resultado que sea.

Por Giovanni Vivar 

 

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