‘V/H/S 2’: Las diferentes intenciones del horror

Hace apenas unos meses que se estrenó V/H/S en las salas mexicanas con una modesta distribución. En la sala en donde me tocó verla había muy poca gente, porque muy pocos sabían lo que estaban a punto de ver. La película era una antología de cortometrajes de horror que utilizaba el found footage como herramienta principal y resultó ser nada más que eso. Era una película que abría una aparente serie de cintas de similar manufactura. Sin embargo, a pesar de sus claras intenciones y su manejo de la idea, se sentía, por muchos momentos, vacía y carente de imaginación y por otros una hipérbole constante de historias que nunca terminaba de formarse como tal. Muy a pesar de eso, V/H/S era una cinta que extrañamente cumplía lo que prometía.

Bastó muy poco tiempo para que su segunda entrega viera la luz. Ya se puede ver en internet. Y bastó muy poco tiempo para que, también, sus creadores perfeccionaran aquella premisa y la convirtieran en una verdadera colección de cortometrajes que vale la penar repetir. En V/H/S 2 sucede todo lo que no había sucedido en su antecesora y se mejora todo lo que allá había estado mal. Se trata de una antología de cortometrajes de horror, como su concepto principal prometía, pero llevada a todos aquellos niveles en los que el horror puede ser efectivo para el espectador que gusta de sus resultados.

Aquí sólo hay cuatro cortos, encontrados dentro de uno exterior, que están acomodados de forma que el que los aprecia sienta que se encuentra en una montaña rusa de apreciación. Y esta vez, los involucrados son más competentes para el género también. Los nombres son conocidos por los afectuosos: Simon Barrett (escritor de películas como A Horrible Way To Die), Adam Wingard  (viejo colaborador de Barrett), Eduardo Sánchez (escritor y director de The Blair Witch Project), Gareth Evans (director de The Raid) y el encargado de hacer realidad Hobo With A Shotgun, Jason Eisener. Son personalidades que conocen el correr de la sangre dentro de una película y su funcionamiento dentro de la misma. Y no escatiman en demostrarlo.

Veamos primero la correcta justificación del found footage dentro de ellos. El exterior es a cerca de un detective privado que, junto con su novia, busca a un desaparecido adolescente de la ciudad –la justificación está en su oficio–, el primero de los internos es acerca de las espeluznantes peripecias de un paciente que perdió un ojo en un accidente de auto y lo sustituyen con uno que videograba para su revisión –la justificación es médica–. El segundo es de un ciclista que coloca una cámara en su casco para grabar su viaje –la justificación está en el pasatiempo–, seguido de un grupo de documentalistas que intentan conocer más acerca de un extraño culto –la justificación está en la profesión–. Y quizá el último es el que menos sentido tiene al colocar la cámara a un perro.

Veamos entonces el acomodo de los cortos: primero una historia morbosa, seguida de una clásica película paranormal, para después convertirse en una irreverente película de zombies, que salta después a un viaje alucinante de horror puro para terminar en una abducción alienígena. Son cortometrajes que reflejan las distintas reacciones del cine de horror. Aquí hay risas, sustos, intrigas, suspenso, caos y mucha sangre. Pero sólo hay dos que en realidad valen la pena observar con atención.

El primero es el que realiza Eduardo Sánchez, al colocar una cámara en el casco de un ciclista que está por recorrer el parque, cuando se encuentra con un zombie y es convertido. El tratamiento de sus creadores es distinto al tradicional y el espectador experimenta el viaje de un zombie a través de sus ojos. Vemos como devora gente a su caminar y sentimos todo aquello que él es incapaz de sentir. Sánchez crea el inicio de una película acerca de muertos vivientes que todo aquel gustoso querría ver y la más extraña también.

El segundo es el de Gareth Evans. El grupo de documentalistas se encuentra inmerso en las instalaciones de un extraño culto cuyas intenciones no son nada positivas. A partir de ahí, Evans manufactura el más largo de los cortometrajes y también el más ambicioso y sangriento. Es un alucinante recorrido por los más oscuros pensamientos de su creador y un ejemplo perfecto de lo que el cine de horror debe contener para ser eficaz. En pocos minutos se siente como una lección para aficionados y como una obra maestra del género.

El resto goza de una estética similar y de aciertos que comparten, pero no alcanzan los niveles de los anteriormente mencionados. En conjunto, V/H/S 2 es una prueba de que las ideas se pueden explotar a tal punto de convertirlas en un referente obligado. La serie de V/H/S se siente ahora como un curioso punto de búsqueda de ejercicios de horror que parecen mostrar su evolución en una colección de cortometrajes que la demuestran. Si se mira desde un punto de vista particular, se trata de un preciso andar por las distintas  hechuras que provee el género y sus diferentes relaciones con el espectador V/H/S 2 es el punto más alto de la serie hasta ahora y por supuesto que todos tenemos la esperanza de que, si es que se pretende ampliar, empiece por el lugar en donde aquí se ha dejado.

Por Joan Escutia (@JoanTDO)

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