Todos deberíamos hablar de Kevin

Hace un par de días fue estrenado el filme Tenemos Que Hablar De Kevin (We Need To Talk About Kevin, 2011) en la carteleras de nuestro país, una cinta que ha dado y dará mucho de que hablar por el logro obtenido en la atónita actuación de Tilda Swinton y la excelente narrativa y adaptación cinematográfica que el director Lynne Ramsay dio a la novela de Lionel Shriver, introduciendo al espectador en una historia que deja, más que una exposición disfrutable, una bofetada reflexiva acerca de los límites que ha rebasado la condición humana y sus (trágicas) consecuencias en el contexto social.

Respecto a la parte que le ocupa a esta sección, la banda sonora está conformada de dos partes. La primera consiste en el score del filme compuesto por Jonny Greenwood, quien anteriormente ha realizado un trabajo satisfactorio en los filmes Petróleo Sangriento (There Will Be Blood, 2007) y Norwegian Wood (2010).

En esta ocasión, Greenwood sigue sin defraudar con su genial mente musical, dando provisiones constantes de tensión sonora a la escenas más hipnóticas del filme. Tal vez este sea su trabajo menos notorio en el rubro cinematográfico, debido precisamente a la atención que la cinta reclama al sentido visual. El guitarrista de Radiohead funge más como un vínculo y vehículo tácito que encierra al contemplador, sin darse cuenta, en la historia entretejida por Lynne Ramsay.

La otra parte de la banda sonora consiste en un generoso tracklist de canciones que Ramsay utiliza para jugar y desfasar adecuadamente los contextos y equilibrar el temperamento de la cinta. Un ejemplo claro es cuando Eva Katchadourian (Tilda Swinton) se ve agonizante y terriblemente atormentada por niños que realizan el típico trick or treat en una noche de brujas, todo al compás de Everyday de Buddy Holly, logrando una angustiante escena. Con una aplicación similar, dentro del filme se encuentran canciones como Mule Skinner Blues y Ham ‘N Eggs interpretadas por Lonnie Donegan, In My Room de The Beach Boys e incluso Last Christmas del grupo ochentero Wham!

Toda estas piezas, junto con la música escrita por Greenwood, son correctamente opacadas por la penumbra que envuelve todo filme, sirviendo sólo como un instrumento irónico para lograr el efecto y reflexión que Ramsay busca en su público, y con suerte, tal vez éste reaccione.

Por Antonio Millán (@ias_caboti)

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