Diarios del TIFF 2019 – Día 3

El cine de género tuvo una jornada fructífera en el tercer día de actividades del Festival Internacional de Cine de Toronto (TIFF, por sus siglas en inglés) gracias a la presencia de una leyenda del blaxploitation, cortesía de Netflix y el retorno a la dirección de un hito del cine de culto reciente, mientras que el cine mexicano develó a una muy digna representante en la tierra del maple.

Dolemite Is My name
Dir. Craig Brewer

El blaxploitation, así como gran parte del cine de género, vive en una sombra que niega su importancia amparándose en un estándar de calidad y prestigio que rechaza toda expresión ajena al mismo, denostándolo como vulgar o simplemente no digno. El cineasta Craig Brewer trató de redimir y dotar de dignidad al rap en Hustle & Flow (2005), esfuerzo que ahora encuentra eco en Dolemite Is My Name, película basada en la carrera del comediante Rudy Ray Moore, quién después de convertirse en una soez sensación por sus rutinas de comedia, inició una exitosa carrera fílmica con su alter ego, Dolemite, un personaje que compensa con profanidad su terrible kung-fu.

Utilizando al mismo equipo de guionistas de la gran Ed Wood (Tim Burton, 1994), el largometraje remite a la riqueza que existe detrás del blaxploitation, no particularmente por lo que está a cuadro, sino por su trasfondo y lo que su audiencia crea alrededor del mismo a través de el goce colectivo, aspecto ausente en Ed Wood que en esta película resulta fundamental para entender su encanto. La convicción de Ray Moore de entretener al gran público, alejado de los “críticos que no gustan de nada”, encuentra una fina sincronía con la de su interprete, Eddie Murphy, un hombre que lucha por entretener a la audiencia, sacrificando su dignidad para obtener su afecto. Un proceso destructivo que se recompone en las risas y el reconocimiento de la masa, “los hermanos”.

El tono popular de la película se mantiene controlado por el auspicio de Netflix que reúne con esta película a un prestigioso equipo de la comunidad afroamericana: Craig Robinson, Keegan Michael Key, Titus Burguess, Snoop Dogg, Chris Rock y, desde luego, Wesley Snipes, quien interpreta a D’Urville Martin y termina por robarle la atención a Murphy con una estilizada actuación. Mención aparte merece el vistoso trabajo de la vestuarista Ruth Carter y la actriz Da’Vine Joy Randolph que con exuberante brío le otorga a la película dignidad. La comedia toca más gente y su extinción resulta angustiante cuando se demanda ser fiel a la realidad. Dolemite detona el gusto para hacer explotar la risa más genuina, la que no oculta su cara más vulgar.

Color Out of Space
Dir. Richard Stanley

El cineasta sudafricano Richard Stanley alcanzó un respetable culto con su trabajo Hardware (1990),  en la que la cabeza de un cyborg se reactiva, reconstruye y convierte en una implacable maquina de matar. La estridencia visual, aural y temática de Stanley llegan intactas a Color Out of Space, una adaptación del relato de H.P. Lovecraft que enfrenta a una familia de Nueva Inglaterra con la caída de un meteorito que comienza a alterar el ambiente que le rodea, destruyendo materia y tiempo con un sonido y color que el mundo nunca había escuchado ni visto.

Sin escatimar en lujo psicotrónico, la película mezcla la riqueza literaria de los detalles presentes en la obra de Lovecraft con el usual y brillantemente calculado salvajismo histriónico de su protagonista Nicolas Cage, que continua explotando su popularidad en el cine de género después de su redituable aparición en Mandy (2018). Acompañado de Joely Richardson, Cage interpreta a un hombre de familia que rechaza la modernidad y que ha jurado no convertirse en una réplica de su cruel padre, pero los caminos del espacio son misteriosos y el color que cayó del cielo habrá de cumplir su destino.

Apoyándose en efectos prácticos de caracterización que evocan los horrores corporales de obras como Society (Yuzna,1989) o La mosca (Cronenberg,1986), el largometrjae de Stanley, más que resucitar o recargarse en la nostalgia, aplica un método de trabajo de antaño a las formas contemporáneas, logrando una película que no parece de ningún tiempo o lugar en particular, tan anómala y voraz como el fenómeno que le da título a la misma. Una película que, literalmente, despierta horrores siderales.

Mano de obra
Dir. David Zonana

En su libro Leer con niños, Santiago Alba Rico advierte del peligro de los hombres solteros, aquellos que únicamente tienen que vigilar sus propios intereses, tengan familias o no. Tal descripción encaja con el dueño de la opulenta residencia en Pedregal en la que trabajan Francisco (Luis Alberti) y su hermano Claudio, quien en la primera escena de la película cae desde la azotea y muere al instante, dejando a su joven esposa y un bebé en espera. Sin compensación por corrupción y sin hogar, Francisco decide habitar la residencia hasta encontrar justicia.

Se podría pensar que la influencia del productor Michel Franco es evidente en el acercamiento de Zonana con el tema de la película, sin embargo, Mano de obra mantiene cierta autonomía respecto de la filmografía de Franco, aún si conserva ciertos elementos tremendistas y la oquedad del cineasta capitalino. Con el invaluable trabajo de Luis Alberti, Zonana se adentra más en las similitudes que existen entre Francisco y el dueño de la casa, dejando de lado condiciones de clase. A diferencia de La camarista (Liliana Avilés, 2018), Mano de obra no ofrece un escape al lujo, sino la oportunidad de habitarlo y, literalmente, invadirlo.

Es a partir del segundo acto que Mano de obra entabla un curioso diálogo con Viridiana (Luis Buñuel, 1961), primero a través de una alusión (los trabajadores y sus familias habitando la casa) y después por medio de un guiño (los juegos de cartas en ambas películas). Es así que la película parece tomar una postura frente al debate sociopolítico que se ha recrudecido en México después de las últimas elecciones, quizá de forma involuntaria, pero resulta sintomático que junto al doblete de películas mexicanas presentadas en Toronto el año pasado (La camarista y Las niñas bien), el diálogo del privilegio tome un lugar predominante en el cine de este sexenio. Mano de obra cuenta con una narrativa económica y pulcra más no exenta de necesarias controversias y polémicas bien podría considerarse una película representativa de estos nuevos debates, para bien o mal.

Por JJ Negrete (@jjnegretec)

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