Sueños, insectos y piernas: El imaginario de Buñuel‬

Hoy hace 30 años se despedía con una burla socarrona, en la Ciudad de México, uno de los más grandes cineastas de la historia, quizá el cineasta español de mayor importancia en la historia, cuyo legado continúa tan potente, provocador y delirante como aquella catastrófica primera función de Un Chien Andalou (1929) en París, en la que se quemó la pantalla desprendiendo un dulce y subversivo aroma.

Desde ese día el joven Luis Buñuel se convirtió en un referente artístico de enorme calibre durante todo el Siglo XX, que se mantuvo en activo por más de 5 décadas, mostrándonos la casualidad que existe en el caos, la estructura de lo ilógico al tiempo que daba rienda suelta a un riquísimo y nutrido imaginario de motivos, acciones y cuadros que a la larga serían descritos como buñuelianos.

Como un acto de convicción netamente surrealista celebramos la muerte de Buñuel recordándolo no sólo por su cine, sino por sus obsesiones, las cuales nutrieron a millares de artistas, académicos y sobre todo a hordas de perversos. Helos aquí presentados de manera breve y en cintas representativas de la extensa filmografía del genio aragonés:

Entomología Frustrada: Insectos

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Antes que cineasta, Luis Buñuel comenzó desde pequeño a interesarse por el mundo de los insectos e incluso consideró seriamente dedicarse a la entomología, pero su padre se opuso rotundamente. Afortunadamente para Buñuel, su arte visual se vería copiosamente poblado por insectos de todo tipo, desde la ahora icónica imagen de hormigas emergiendo de la palma de una mano en Un Chien Andalou (imagen que Buñuel asegura le vino en un sueño) hasta las cucarachas que se pasean por el teclado de un piano en el que la policía reprime a un joven guerrillero en Le Discret Charm de la Bourgeoisie (1972). El insecto parece tomar constantemente una función simbólica y siempre habla de la presencia del pensamiento científico que a Buñuel le fue negado.

Dirty Old Man: Hombres ancianos, mujeres jóvenes

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De la curiosidad a la indiferencia. En el documental A propósito de Buñuel (2000), Carlos Fuentes comenta sobre la identificación de Buñuel con los personajes que fueron interpretados por el emblemático actor español Fernando Rey, particularmente en cintas como Viridiana (1961) con toques incestuosos, Tristana (1970) con algunos trazos de fetichismo y finalmente en Cet Obscur Objet du Desire (1977) en la que una misma mujer interpretada por dos actrices (la francesa Carole Bouquet y la española Ángela Molina) destruyen al anciano casanova. En estas relaciones destructivas y perversas, Buñuel se regodea en el juego católico de perversión, placer y culpa que llevaba a la erosión del viejo rabo verde. No solo Rey se prestó al juego, también está el manoseo de Don Carmelo (Miguel Inclán) a la joven Meche en Los Olvidados o la relación sexual entre sobrino y tía en uno de los episodios de Le Fantome de la Liberte (1974).

Exquisita fijación: Las piernas femeninas

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Buñuel exploró con gusto y elegante morbo una de las fantasías masculinas por excelencia, la presencia de piernas femeninas de manera recurrente. Sólo el maestro español puede presumir de haber expuesto al mundo las piernas que liberan la culpa y neurosis de un niño en Ensayo de un crimen (1955), la forma en la que el Diablo (Silvia Pinal) tienta al asceta Simón (Cluadio Brook) en Simón del desierto (1965) o una mujer que toca el piano usando únicamente unas medias y tacones en Le Fantome de la Liberté (1974). Actrices como María Félix, Jeanne Moreau, Rosita Quintana, Catherine Deneuve o Delphine Seyrig se prestaron gustosamente al juego del eterno bromista Buñuel, quien veía en el cine una salida segura a sus más recónditas pasiones y obsesiones.

¿Y usted de cuál calza?: Pies y zapatos

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Como buen fetichista, Buñuel era discreto y velaba en sus personajes y tomas su particular gusto por el calzado femenino y por la cargada simbolización sexual del andar femenino y los pies desnudos. Resulta evidente en Journal de une femme du chambre (1964) en la que Jeanne Moreau complace a su amo, un fetichista de pies, portando con aristocrática clase un par de botas de cuero. En Belle du Jour (1967), Buñuel presume los zapatos negros de la Deneuve con gracia y un sofisticado sentido de lo erótico que inicia el camino del personaje, una burguesa aburrida, al mundo de la prostitución high. Finalmente, en una de sus imágenes más recordadas, tenemos a Lya Lis en L’Age d’Or (1930) succionando devotamente el meñique de una estatua mientras Gaston Modot se mete los dedos a la boca. ¿Inofensivas perversiones?

La cómica blasfemia: Religión

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Si se habla de religión católica se suele pensar en Jesús, el Papa y Luis Buñuel y es que a pesar de ser ateo, Buñuel estudio con los jesuitas teoría religiosa a profundidad, conociendo todos los recovecos de la fe cristiana, elemento que le dio incisiva particularidad para señalar burlona y cínicamente a Jesús, a quién se refería como “un pusilánime”, por otro lado la imagen de la Virgen le conmovía profundamente. La religión es un elemento que encuentra cabida a lo largo de la obra buñueliana, pero representa la piedra angular en cintas como La Voiee Lacteé (1969), cinta coral que toma como eje el peregrinar de dos hombres a Santiago de Compostela, que es un abrumador breviario religioso donde monjas, jansenistas, el marqués de Sade (interpretado por el legendario Michel Piccoli), cardenales y un Jesús que considera rasurarse la barba conforman varios episodios del inteligente filme. Asimismo en Viridiana (1961), cinta que enfureció a la dictadura franquista, Buñuel reinterpreta La última cena de Da Vinci con un grupo de vagabundos en lugar de los clásicos apóstoles en un ejercicio de corrosiva comedia, la cual le sacaría una macabra carcajada hasta a la representación de un Jesús sonriente presente en Nazarín (1959). Buñuel demuestra que no hay nada más cómico que un ateo.

El impulso masculino: Armas

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Buñuel era un hombre que gustaba de las armas, las coleccionó, atesoró y utilizó en compañía de sus hijos en campos de tiro. Como tal, era una actividad masculina, pero en la filmografía de Buñuel las armas y toda su carga semiótica de masculinidad se encontraba asociada a gente desequilibrada mentalmente que concluía la descarga del deseo neurótico en una descarga de pólvora. Sea el sublime estudio de un caso de celotipia en Él (1952), con el magistral Arturo de Córdova, Ernesto Alonso deshaciéndose de la bellísima Miroslava en Ensayo de un crimen (1955), hasta llegar a saciar los deseos de venganza de un sobrio y complaciente obispo (Julien Bertheau) en Le Discret Charm de la Bourgeosie (1972) o deshacerse del rival amoroso a manos del perturbador Pierre Clementi en Belle du Jour (1967).

La realidad surreal: Animales

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Quizá el único sentido que se puede hallar en la obra de Buñuel es el uso de animales con fines simbólicos, e incluso en eso hay algo de sinsentido. Los animales en la filmografía buñueliana aparecen y circulan de forma irracional, como el flujo de locura que recorre los pasillos de la racionalidad de la misma manera que un avestruz invade la habitación de Jean Claude Brialy y Monica Vitti en Le Fantome de la Liberté (1974) o los osos que deambulan en la lujosa mansión del encierro en El ángel exterminador (1962), cinta en la que también un borrego sacia el hambre de un grupo de adinerados que se queda recluido en una sala por días. También el animal contiene alusiones de diferente tipo, como el burro sin ojos en el piano de Un Chien Andalou (1929) que de acuerdo a algunas voces especializadas es una referencia a la novela Platero y Yo, la cual Buñuel detestaba, o en Los Olvidados (1950), en la cual Buñuel afirmó que “lo irracional, en forma de gallina, circula libremente por la película”.

El delirio onírico: Sueños

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Las escenas de contenido onírico eran la especialidad de Buñuel. Su enfoque naturalista hace que se inserten de manera orgánica en el desarrollo de las cintas, nunca de manera aleatoria, sino como un caudal de energía inconsciente que se disipa lentamente, ensuciando y reptando en los dominios de la lógica. Existen ejemplos incontables a lo largo de la filmografía de Buñuel, sea como parte esencial de la estructura narrativa como en Le Discret Charm de la Bourgeoisie (1972) hasta llegar a destellos en cintas más tradicionales como El Gran Calavera (1949), cinta cuya trama inspiró el taquillazo de Nosotros los Nobles (2013). El sueño tiene una cualidad familiarmente terrorífica, según Buñuel el sueño es indirigible, por lo que él, como creador, decidió darle un cauce. Ya sea como aquella mano cercenada que se arrastra por el piso en El ángel exterminador (1962), los pedazos de excremento y lodo arrojados a la gélida belleza de Catherine Deneuve en Belle du Jour (1967) o la carne cruda ofrecida por Stella Inda a su hijo en la secuencia más memorable de Los Olvidados (1950). El español era capaz de entregarnos las secuencias oníricas más ricas en el cine, afortunadamente nunca pudo dirigir sus propios sueños, de otra forma, como él mismo afirma, nunca hubiera despertado.

La belleza del enigma.

Siempre queda una interrogante abierta al terminar de ver una cinta de Buñuel, una que transgrede todos los niveles, altera nuestra percepción de las cosas a través del asombro, la irreverencia y un controlado caos. Buñuel acusaba a quienes buscaban psicologizar su cine, buscar un sentido en la incoherencia como quien busca la pincelada inicial en un cuadro. ¿Cuál es la diferencia entre saber y no saber? ¿Qué nos dice de un hombre sus obsesiones? El misterio es bellísimo y ni siquiera este gran artista podía negar la existencia del enigma y el misterio. La gran broma de Dios a Buñuel, fue hacerlo ateo.

Por JJ Negrete (@jjnegretec)

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