FICUNAM | El cosmos genital y las cavidades del cine

El gran misterio del cuerpo yace en lo genital. Todo lo que emana de ahí debe mantenerse en el canal de lo privado y siempre asociado a las nociones de “suciedad”, “contagio” o en los vastos terrenos del “tabú”. El origen de la vida bien podría reducirse a una combinación de fluidos y cavidades, así como el cosmos, lugar en el que nació la vida, es una mezcla indiferenciada de materia que forma cuerpos estelares, galaxias u hoyos negros. La primera imagen de High Life (2018), la nueva película de Claire Denis situada en una expedición espacial, es un etéreo invernadero que remite a la secuencia inicial de Solaris (Tarkovsky, 1972), obra con la que, más que similitudes, Denis busca crear un reverso.

El invernadero de la secuencia inicial es atendido por Monte (Robert Pattinson), quien junto a una bebé llamada Willow, es el único sobreviviente de una expedición espacial compuesta por presidiarios condenados a muerte y comandada por la Dra. Dibs (Juliette Binoche con una sedosa melena), quien busca inseminar a alguna de las mujeres a bordo a través de la recolección de esperma o una especie de energía sexual/libidinal parecida al orgon de Wilhem Reich, usando como medio principal una cámara equipada con dildos y aparatos que parecen de tortura, aunque buscan procurar el placer sexual. El único que se niega a participar en los experimentos de Dibs es Monte que con su celibato parece desafiar el principio de vida, paradójicamente es el único que ha sobrevivido, como lo sabemos desde la secuencia inicial de la película.

Denis explora, como en Trouble Every Day (2001), el enigma de la libido humana, intercambiando la sangre por el semen, pero manteniendo una clave críptica y elegante que se refuerza con la fotografía de Yorick Le Saux –capaz de capturar la belleza de lo abyecto como en las obras más oscuras de Goya o las películas de Philipe Grandrieux (Whie Epilepsy, 2012)– y el diseño de producción a cargo de Francois Renaurd Labarthe, una asimilación de la estética soviética de los setenta que se encuentra con un aire futurista. Así como los reos de la tripulación son “reciclados”, High Life aplica la idea del reciclaje a su estética, una en la que el futuro es una reelaboración del pasado.

Partiendo de esa confusión entre pasado y futuro, la película de Denis trata de reconstruir lo que ha llevado al inicio de la película a través de flashbacks, muchos de los cuales hacen surgir más preguntas que soluciones. High Life no ofrece solución o respuesta a un misterio, sino que busca expandirlo, al igual que la física, cuyo avance nos agobia con más incertidumbre. Denis además de usar la física, la acerca a la biología y la antropología, no con el fin de encontrar una respuesta definitiva, sino alojar el misterio del cosmos en nuestros cuerpos y hábitos. Denis sincretiza estas ciencias desde los primeros minutos de la película cuando Monte instruye a Willow, una bebé, de no comer su propia mierda ni beber su propia orina al decirle que “eso es tabú, ta-bú”. High Life más que romper tabúes, busca colocarlos en otro lugar. En una de las imágenes más evocativas de la película, quizá una de las influencias del artista islandés Olafur Eliasson, un rayo de luz atraviesa un agujero negro, acto con el que Denis genitaliza el cosmos y plantea una cosmovisión en la que los fluidos juegan un papel crucial.

Quizá más que los cuerpos mismos, Denis filma a detalle y de forma casi erótica el invernadero, lugar que está en las antípodas de la cámara sexual y en el que Monte se recluye de la “religión del esperma” de la Dra. Dibs, volcándose a otro templo, el de su propio cuerpo, en la contención de todo impulso sexual. Él adopta un estilo de vida casi monacal a diferencia de los otros miembros de la tripulación como André Benjamin o Mia Goth, que ante distintas manifestaciones de lo sexual, cumplen el fatal destino al que estaban condenados en la Tierra. La soledad y el dolor no desaparecen incluso alejándose lo más posible de sus fuentes y se ven agudizados desde la sexualidad en lugar de ser aliviados.

Si en High Life lo genital precede a lo maternal, el sexo esta desprovisto de placer y afecto, una dura visión que permanece desde Les Salauds (2013), de la misma Denis, en la que la profanación de lo sexual implica drenar al cuerpo de sus fluidos y capitalizarlos como recursos. Este principio perverso permea otros títulos similares a High Life como 2069: Odisea sexual (Tressler, 1974), Sexmission (Machulski, 1984) o Spermula (Matton, 1976), en ellos el semen es el recurso más valioso para procurar, más que “el valor de la vida”. Ante la existencia de sistemas políticos y económicos, preservar la vida es preservar el consumo. Igualmente, tabú del incesto, de acuerdo a Levi Strauss, tenía como finalidad la preservación de la economía de intercambio. Estamos ante una meditación sórdida que cohesiona y cuestiona la futilidad de reflexionar al ser humano fuera de la Tierra. Lo único que espera allá, en la visión de Denis, es la destrucción, el reverso de la creación.

Mientras que las odiseas espaciales de Tarkovsky, Kubrick o Nolan se han construido principalmente en lo lineal y lo fálico, la odisea de Denis se construye en la disrupción, la fragmentación y la cavidad, tanto del tiempo como de los cuerpos. High Life constituye una especie de hoyo negro fílmico, uno que absorbe la noción que hemos construido del espacio para reflexionar sobre el lugar donde vive la singularidad: en el fluido que emana de cavidades y agujeros. En Corpus, Jean Luc Nancy dice que el cuerpo se parece a un hoyo negro, una estrella que nace y se colapsa en sí misma, absorbiendo pensamientos, ideas e imágenes. La película de Denis funciona de forma similar, absorbiéndose a sí misma con voracidad y belleza, creando la impresión de ser inabarcable y continuar siendo un gran enigma. Reconocemos su existencia, no obstante ignoramos completamente su funcionamiento. El misterio genital no se devela ni siquiera en la desnudez total. Un agujero negro sigue incitando la misma fascinación e incógnita que las cavidades del cuerpo, o las de una cámara que registra imágenes para expulsarlas en una pantalla.

Por JJ Negrete (@jjnegretec)

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