‘Siete psicópatas y un perro’: La meta del meta

…No sé por donde empezar a escribir esta crítica. Es sobre una película que no me gustó mucho, me dio risa Woody Harrelson y su shit-zu. Creo que por haberme burlado de su dolor el karma se regresó.  Sólo necesito una idea para comenzar el texto, debo entregar ya, apenas y tengo tiempo para escribirla…. El capítulo de La Rosa de Guadalupe está muy cabrón… Por dónde empiezo con esta película, con algo meta, todo es meta en esta película, hace el comentario del comentario… pinche solipsismo cabrón… no sé bien qué sea eso, pero Charlie Kaufman lo usa mucho… ya sé que hacer…

El metalenguaje en cine no es algo nuevo, el comentario sobre la realización cinematográfica o el cine como medio inició poco después del nacimiento del mismo, cuando Buster Keaton derribó una pared al entrar a una película en Sherlock Jr. en 1928, hasta el punto de llegar al meta del meta, penetrando capas y capas en la ‘realidad’ culminando en el punto en el que desconocemos que la ficción de la ficción ficcionalizada.

Ahora llegamos a Siete psicópatas y un perro, del director irlandés Martin McDonagh, reconocido por viriles comedias plagadas de one liners y reverberantes de violenta prosa como In Bruges (2008) con Colin Farrell, Brendan Gleeson y Ralph Fiennes, dotado de una formación teatral que le permite hacer un comentario válido sobre el proceso creativo en Hollywood, los vericuetos y obstáculos del mismo así como sus limitaciones, clichés y prejuicios.

La obsesión de Hollywood con la violencia, la conversión de lo tétrico y cruel a productos de consumo masivo y el burdo proceso creativo parecen ser los blancos de este comentario mediático disfrazado de película. McDonagh usa a sus 7 psicópatas como tótems del plastificado cosmos de California. Colin Farrell es un escritor sin guión que tiene un amigo (Sam Rockwell) sin oficio, el cual se topa con un gangster (Woody Harrelson) del cual no sabemos más que tiene un amor desmedido por su perro.

Los 7 psicópatas en cuestión no son más que fantasmas o remanentes de personajes reales, nada es real en sus vidas, sus realidades y problemáticas son absurdas mediadas por una estructura narrativa que se devora a sí misma de manera voraz, llegando al punto de hacer comentarios críticos incluso de la misma cinta, algo iniciado en los 60 por trabajos visionarios como Funeral Parade of Roses de Toshio Matsumoto, en la que la película se critica a sí misma.

Dado que se trata de una cinta que maneja el lenguaje metafísico, referencial y autoparódico, las actuaciones del elenco son, a lo mucho, cumplidoras, con Christopher Walken resaltando claramente sobre el resto del reparto que incluye a Tom Waits, Gabbourey Sibide, Woody Harrelson, Harry Dean Stanton y cameos de Michael Pitt y Michael Stuhlbarg (ambos haciendo un comentario sobre la serie Boardwalk Empire y el violento fanatismo que genera la era HBO).

El metalenguaje genera controversia, sólo es atractivo para un reducido sector del público y es sumamente difícil salir bien librado de utilizarlo de manera indiscriminada, lo interesante es que el filme no hace, al igual que un clásico de este reciente subgénero Adaptation de Spike Jonze, una distinción clara entre la ‘realidad’ y la ‘ficción’, aunque en términos concretos todo es una ficción. Como ejercicio de estilo, Siete psicópatas y un perro funciona gracias a su amargura, obsesión por la violencia banal y por la subversión de las reglas narrativas de Hollywood, como película, no es más que una burla a nuestras propias expectativas. Como un juego de Maratón, ‘edición cine’, podemos ser partícipes del juego y disfrutarlo la primera vez, pero después ya conocemos no sólo las respuestas de memoria, sino también las preguntas.

Listo… Ahora puedo regresar a mi amada pornografía con la conciencia tranquila.

Por JJ Negrete (@jjnegretec)

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