‘Paraísos artificiales’: Un documental forzado a ser ficción

Paraisos2Paraísos artificiales (2011) es el segundo largometraje de la directora mexicana, egresada del CCC, Yulene Olaizola. Pasó por varios festivales y algunas muestras de cine, como el FICUNAM y la Semana de Cine Mexicano Independiente, y este viernes 9 de agosto finalmente llega a cartelera comercial en nuestro país.

Es una propuesta que no impacta, del cine nacional que abunda: aquél que se siente intrascendente a pesar de mostrar ciertos aspectos interesantes. Para Olaizola fue su primer trabajo de ficción, después de realizar un documental como tesis en el CCC. Paraísos artificiales es de hecho una mezcla de ficción y documental, con algunos actores no profesionales interpretándose a ellos mismos dentro de una dramatización. Es curioso ver a una directora que parece aferrarse a permanecer dentro del género que la vio debutar. Algunas escenas del filme son entrevistas, con el personaje hablando directo a la cámara, que bien pudieron haber sido parte de un documental en forma. Lo más interesante de Paraísos artificiales proviene de esta mirada al México rural.

Carlos Reygadas y Amat Escalante se interesan por lo mismo que Olaizola (gente real, el México lejano al ritmo de la ciudad), pero la directora pone estas escenas que me hacen decir lo siguiente: Paraísos artificiales debió ser un documental. Un documental sobre un hombre viviendo alejado de casi todo, en el Veracruz más recóndito, bebiendo grandes cantidades de alcohol y fumando marihuana a diario para hacer de la rutina algo más ligero. Paraísos artificiales tiene a este personaje, de nombre Salomón, pero lo convierte en secundario para dar paso a la historia central totalmente ficticia.

La película abre con una serie de tomas largas que no nos dicen demasiado. Un ritmo lento, probablemente tratando de recrear cómo se vive en esa zona de Veracruz, hace de los primeros minutos algo tedioso. Después conocemos mejor a nuestra protagonista: Luisa (Luisa Pardo, actriz profesional, cabe mencionar), una joven que ha llegado a dicho estado mexicano en un viaje de redención. Alejada de las personas que la conocen, buscará terminar con su adicción a las drogas (sin mucho éxito), mientras crea un lazo de amistad con Salomón. Un filme como Post Tenebras Lux (Reygadas, 2012) hace también esta conexión entre dos mundos diferentes que están dentro de un mismo país. La diferencia es que Paraísos artificiales se enfoca más en esa relación amistosa entre sus personajes.

Como pasa con muchas otras cintas sobre drogas,  Paraísos artificiales llega eventualmente al momento clave de la desintoxicación de Luisa. Lo siento, Olaizola, no pude evitar pensar en Trainspotting (Danny Boyle, 1996) al ver a la protagonista sobria, en el clásico encierro (lo que más sufren los adictos). Y no, en este caso no es un cumplido sino todo lo contrario. ¿Porqué hacer una ficción sobre drogas que carece de escenas llenas de intensidad?

No hay emoción, lo más decente llega, de nueva cuenta, vía un actor no profesional que comparte pensamientos sobre su adicción. Sin embargo, la actriz principal carece de recursos para realmente conecten con nosotros, para ¡convencernos de que está sufriendo! Ni qué decir de la conclusión que no llega a nada, la cual seguramente será defendida como algo que invita al pensamiento reflexivo. Lo repito, esto debió ser un documental, filmado al estilo “guerrilla” (pocos recursos en todo sentido), que mostrara una peculiar parte de México (y su estilo de vida) de manera natural.

Por Eric Ortiz (@ElMachoBionico)

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