MUBI Presenta: ‘Al final de los sentidos’ de David Mackenzie

José Saramago imaginó un mundo que llega a su fin cuando la raza humana pierde gradualmente el sentido de la vista. El cineasta brasileño, Fernando Meirelles llevó al cine una adaptación de la obra cumbre del escritor portugués, Ensayo sobre la ceguera (Blindness) en 2008, unos años antes de que el cine reviviera el tópico del apocalipsis por aquello de las profecías mayas que vaticinaban –por fin– el declive de la humanidad en 2012. Un año antes llegaron a las pantalla grande filmes como Melancolía (Melancholiade Lars von Trier, Take Shelter de Jeff Nichols, la promesa indie, Otra tierra (Another Earth) de Mike Cahill, Contagio (Contagion) de Steven Soderbergh, El Caballo de Turín (A torinói ló) de Bela Tarr, El árbol de la vida (The Tree of Life) de Terrence Mallick, The Divide de Xavier Gens, entre muchas otras que exploraban las posibilidades caóticas del fin de la existencia humana.

Ese mismo año, David Mackenzie, en su regreso a la escena local de Escocia, después de una breve incursión en Hollywood, estrenó dos películas, la primera You Instead, una comedia romántica que gira en torno al rock and roll y la segunda, Al final de los sentidos (Perfect Sense, 2011) su aporte al cine apocalíptico con una propuesta cercana a Blindness y también a Niños del hombre (Children of Men) del genial Alfonso Cuarón. Partiendo de una premisa similar a la que proponía Saramago, Mackenzie, a partir de un guión del escritor e ilustrador danés, Kim Fupz Aakeson, lleva la situación a un extremo mucho más radical: los humanos en Perfect Sense van perdiendo todos sus sentidos, uno después del otro, en un lapso muy breve de tiempo.

En medio de este caos la película se centra en dos personajes, el primero, Susan, interpretado por Eva Green, una epidemiologa que forma parte de un equipo que intenta encontrar la causa de la enfermedad, y el segundo, Michael (Ewan McGregor), un chef que trabaja en un restaurante cercano a la casa de Susan. Conforme la enfermedad se vuelve progresiva y aparentemente incurable, ambos se entablan en una relación amorosa intensa que se encrucede conforme se vuelven portadores de este dramático padecimiento.

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Mackenzie intenta en términos cinematográficos y narrativos acentuar la pérdida de cada sentido, por eso las tomas y el movimiento de cámara a veces se torna confuso e irregulares. Los últimos 20 minutos de la película se vuelven sumamente interesantes al quedar pocos sentidos en los protagonistas, recurso que se evidencia por ejemplo cuando la sordera llega. Algo que también aporta a este dramatismo es lo que antecede a la pérdida de cada sentido. Antes de que los síntomas se manifiesten algo ocurre, usualmente un comportamiento límitrofe. Por ejemplo, cuando pierden el gusto, momentos antes cada portador de la enfermedad siente un hambre insaciable que los lleva a comer velas, basura, casi cualquier cosa, hasta el hartazgo o el desmayo, para luego despertar sin la posibilidad de saborear absolutamente nada.

A pesar de que la premisa emerge del subgénero apocalíptico del cine de ciencia ficción, en realidad Perfect Sense es una película romántica que encuentra su nudo dramático en el caos del fin del mundo. Y justo para muchos su verdadero valor se encuentra en la empatía que puede provocar la pareja enfrentando la adversidad, ya que a diferencia de otras películas de este tipo, el marco social se diluye o se queda al fondo un poco para darle fuerza a la idea de amor.

Perfect Sense es una película que aunque no mantiene su ritmo, quizá por la dificultad técnica que implica una historia así, si ofrece una historia entrañable de amor en un escenario apocalíptico que se torna verosímil y devastador porque imagina una enfermedad con implicaciones reales, la pérdida de los sentidos humanos asumidos de forma tan natural en nuestro diario vivir de pronto desaparecidos resignifica nuestra relación con las experiencias tan cotidianas como comer o ver al ser amado, poder sentir otra presencia o escuchar cualquier cosa u poder oler el espectro amplio de aromas que habitan la ciudad. En resumen estamos hablando de un fin de lo mundo mucho menos grandilocuente y complejo, pero con el mismo tipo de consecuencias y en medio de todo eso una historia de amor que no cae en lo cursi, ni en lo predecible.

Por Davo Valdés de la Campa (@Davovaldes)

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